En el ámbito de la comunicación política, la influencia de los algoritmos y la inteligencia artificial crece debido a su integración en el comportamiento electoral, qué se comunica y cómo. En la actualidad, se habla indistintamente de ambos modelos abstractos para definir en la mayoría de los casos una misma herramienta. Ahora bien, los algoritmos convertidos en inteligencia artificial a través de las redes sociales influyen a que los usuarios tomen decisiones políticas dirigidas, inclusive si se trata de información falsa. Por ejemplo, la investigadora Ujué Agudo revela que las personas en el ámbito electoral, a partir de las redes sociales, aceptan en su mayoría las recomendaciones de los algoritmos para definir por quién votar. ¿Y el libre albedrío?

Así pues, los paradigmas de las campañas electorales, a partir de las redes sociales, se han modificado. Hoy la inteligencia artificial domina a los métodos de las campañas electorales clásicas. Esto es, los datos masivos se estudian a fondo para comprender el perfil psicológico además del comportamiento de los votantes. Si observamos el fenómeno manipulativo de la IA en la red social X, entendemos que un sinnúmero de personajes digitales, entiéndase usuarios orgánicos, encaminaron el debate público, hacia la figura de Donald Trump en las pasadas contiendas de Estados Unidos. Por el contrario, la masa demócrata inorgánica era impulsada por los medios tradicionales que difunden a través de esa red social su información masiva.

Hace algunas semanas, Elon Musk, propietario de X, argumentaba en su cuenta personal que la campaña de Donald Trump se potenció gracias a la gran cantidad de figuras independientes que se sumaron a la discusión electoral. Mientras que el fracaso de la campaña del partido demócrata y su candidata Kamala Harris, se debió a que dentro del mundo digital no pudieron posicionar de manera orgánica a sus “influencers”. “Los republicanos han ayudado a incubar un ecosistema altamente organizado y bien financiado de personas influyentes, presentadores de podcasts y otras personalidades en línea que amplificaron y difundieron con éxito contenido pro-Trump. Por otra parte, los creadores de contenido culpan a los esfuerzos dispersos y “sin fondos” de los demócratas para dejar huella en una esfera que, según ellos, el partido en su conjunto ha pasado por alto durante al menos una década”, según un artículo de Shane Goldmacher, Ken Bensinger en el New York Times. Así pues, las campañas electorales basadas en datos y el microtargeting [de la IA] platean riesgos significativos para los procesos democráticos, ya que permiten una manipulación por demás efectiva de los votantes.

Por otra parte, podemos definir el tipo de manipulación que ejerce la inteligencia artificial sobre las redes sociales y los individuos, de la siguiente manera: el microtargeting se refiere a la capacidad que tiene la IA de estudiar y analizar grandes volúmenes de datos de los votantes en tiempo real. Esto facilita que la IA segmente y dirija determinados mensajes a diversos grupos de usuarios conectados a las redes sociales y sin relación aparente. Por otra parte, la inteligencia artificial potencia la desinformación a ultranza. La segmentación de los públicos también se utiliza para ubicar a los grupos con posturas contrarias a las de un candidato y contra un candidato. Esto es, se pueden difundir a gran escala noticias falsas amplificadas por los mismos usuarios, a tal grado que la verdad se trastoca y se engaña al electorado. Los bots son, en la mayoría de los casos, los encargados de aumentar las falsedades que la IA potencia.

La IA, entendida como un cúmulo de algoritmos, también mide el sentimiento de los usuarios. Esto es, mide qué sensaciones o emociones les produce a los usuarios de las redes sociales un candidato de cara a un proceso electoral. Asimismo, la inteligencia artificial puede ayudar a modificar en tiempo real el tipo de estímulo que reciben los usuarios para modificar el sentimiento de las personas frente a un candidato; y permite vigilar el comportamiento electoral. La IA también da seguimiento a las decisiones, por lo menos públicas de los votantes, e intenta definir cuáles serán las decisiones que puede tomar cada individuo a partir de su proceder en el mundo digital. La manipulación es otra de las formas de la IA en las redes sociales. Esta prioriza un contenido sobre otro para sesgar la visión de la gente también de cara a una contienda electoral. Así pues, la IA transforma el panorama electoral dentro del estadio digital. En este sentido, es importante medir cómo el mundo digital a partir de los algoritmos elimina en la realidad los contrastes políticos, sobre todo en las campañas electorales.

Las campañas electorales de Estados Unidos, durante este 2024, donde contendieron Kamala Harris del partido Demócrata y Donald Trump representando al partido Republicano, se libraron en las redes sociales. Si bien, Trump, perdió credibilidad luego de disputar el segundo debate presidencial con Kamala Harris [recordemos que el primer debate fue contra Joe Biden], la figura de Donald Trump se potenció gracias al empresario Elon Musk, dueño de la plataforma X. La cuenta de Trump fue suspendida desde que la plataforma se llamaba Twitter, esto debido a ser acusado de polarizar el ambiente democrático de Estados Unidos. Sin embargo, Musk tomó la decisión de permitirle al expresidente recobrar su cuenta en la red social, con más de 95 millones de usuarios, un mes después de haber sufrido un atentado en contra de su vida, el 13 de julio del 2024. Gracias a esta decisión de Musk, Trump enderezó

su campaña electoral que derivó en su victoria absoluta el pasado cinco de noviembre del año en curso.

La llegada de Elon Musk a Twitter [ahora X], en octubre del 2022, generó una revolución en la red social porque eliminó restricciones y penalizaciones que el anterior equipo de Twitter de Jack Dorsey mantenía, haciendo de la red social un aparato de censura en contra de los contenidos que no comulgaban con las ideologías de los directivos de la red social. Musk eliminó ciertas restricciones que dieron la apariencia de libertad absoluta a los usuarios, y creó la herramienta de inteligencia artificial llamada Grok, lo que generó preocupación en sus detractores. Así, Valerio Rosati, del sitio electrónico Global Witness, publicó a mediados del 2024, durante las campañas electorales, que la IA de X, llamada Grok, era ideal para propagar noticias falsas, abusar de los datos de los usuarios de X, además de ser una herramienta con fuertes grados de clasismo, racismo, amén de ser una herramienta opositora a Kamala Harris… [Y cuando Twitter, opositor a Trump].

Por otra parte, un gran número de estadounidenses, de cara a las contiendas electorales, según un análisis del Pew Research Center (2024), muestra que un 57 por ciento de las y los estadounidenses siente preocupación sobre el uso de la IA en lo que respecta a la información electoral, ya que consideran que puede ser engañosa. Por otra parte, Este temor refleja una creciente percepción de vulnerabilidad frente a las herramientas tecnológicas. El 20 por ciento de las personas encuestadas confía en que las grandes empresas tecnológicas, como Facebook, X (anteriormente Twitter), TikTok y Google, podrán evitar el uso indebido de sus plataformas durante las elecciones a futuro.

Una característica que destaca el estudio es la convergencia entre demócratas y republicanos en torno a la preocupación por el impacto negativo de la IA en las elecciones, pues un 39 por ciento de los demócratas y 41 por ciento de los republicanos consideran que la IA puede ser fácilmente utilizada para fines

negativos. No obstante, existen diferencias en la percepción de responsabilidad de las empresas tecnológicas. Mientras que un 84 por ciento de las y los demócratas cree que las empresas tienen el deber de prevenir el uso indebido de sus plataformas, el porcentaje entre los republicanos es menor, aunque ha aumentado del 64 por ciento en 2020 al 72 por ciento en 2024. Este incremento refleja una creciente conciencia en ambos partidos sobre la necesidad de un marco regulatorio más sólido que obligue a estas compañías a asumir mayores responsabilidades.

El estudio también destaca diferencias entre generaciones. Las personas mayores de 65 años son los más preocupadas por la IA, un 68 por ciento. Por otro lado, solo el 48 por ciento de las personas menores de 30 años comparten esta perspectiva. Ante esta realidad, surge la necesidad de establecer marcos regulatorios robustos y transparentes para mitigar los efectos negativos de la IA, proteger la integridad del proceso electoral y restaurar la confianza pública.

Así pues, el uso de las redes sociales durante las campañas electorales de Estados Unidos ha generado un sinfín de discursos que exaltan el impacto negativo o positivo de la inteligencia artificial en estas. Esto es que los que afirman utilizar las redes sociales como principal fuente de noticias votaron a Trump frente a Harris por 6 puntos (51% Trump - 45% Harris). Del mismo modo, los que utilizan los podcasts como principal fuente de noticias votaron a Trump por un margen de 16 puntos (56% Trump - 40% Harris), mientras que Harris ganó por 17 puntos entre los que ven las noticias en televisión (57% Harris - 40% Trump). Entre los «votantes indecisos» y los votantes de base de Trump, las plataformas de medios sociales más populares para el uso diario fueron Facebook (80 por ciento de «votantes indecisos», 81 por ciento de votantes de base de Trump) y YouTube (75 por ciento de «votantes indecisos», 69 por ciento de votantes de base de Trump)”.

A medida que avanzamos hacia futuras elecciones, es crucial desarrollar un marco regulatorio que aborde los desafíos de transparencia en el ámbito de la inteligencia artificial utilizada en los procesos electorales. Esta debe ser una prioridad, para garantizar un entorno justo y equitativo. La comunicación política debe adaptarse a esta nueva realidad sin perder de vista su responsabilidad social, y poner sobre la mesa las cuestiones éticas que ayuden a regular tanto a los algoritmos como a la inteligencia artificial.

No obstante, se abre un nuevo debate en este sentido. Los algoritmos, la IA y las redes sociales, cualquiera que sea la plataforma, no pertenecen al ámbito público sino privado. En este sentido, a las empresas no se les puede exigir, salvo que exista una iniciativa regulatoria por parte de los gobiernos, que mantengan procederes éticos respecto al uso de la IA en cualquier escenario, llamase económico u electoral. En el caso de la política, radica también la responsabilidad en los movimientos políticos, líderes y protagonistas de las campañas electorales, generar las estrategias adecuadas para mantener una ética equilibrada en el mundo digital. Sin embargo, este pensamiento es por demás romántico toda vez que el objetivo de todo político es la victoria.

PD

Felicito a Illya Haro por su nombramiento como la primera Secretaria de Cultura del municipio de Tijuana. Ismael Burgueño tuvo a bien otorgarle el espacio y la confianza para potenciar las actividades culturales de la ciudad fronteriza. Como creador tijuanense, aplaudo su nombramiento y no tengo duda de que Illya, gracias a su experiencia como promotora de las artes tanto en México como en Estados Unidos, sabrá dimensionar y posicionar el trabajo de los artistas tijuanenses. En Tijuana es tiempo de jóvenes… de nuevas ideas allende los anticuados funcionarios.

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