Marina del Pilar Ávila, una crisis política constante
Nuestro país se encuentra en un periodo de constantes crisis de reputación, de gobernanza y de confiabilidad. En este sentido, no importa si el aparato de Estado y sus medios rechazan las palabras que escribo. La caída de la popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum es un termómetro que sirve para ubicarnos. Por otra parte, al ser la presidenta la figura medular de este país en materia política, no es difícil que sus números de aceptación retomen el alza, es la ventaja de la figura presidencial. Los inconvenientes de la titular del Poder Ejecutivo están en los estados, sus gobernadores y en quienes aspiran a mejores puestos políticos. De modo que, insisto, la presidenta debe desacelerar la lógica electoral, los morenistas tienen que ponerse a trabajar en lugar de llevar a cuestas más de un año y medio de batalla por lograr cada uno su candidatura… un electorado asediado también se cansa y genera indecisos, desencantados.
No tengo temor a equivocarme cuando declaro que los políticos, en sus desvaríos, son quienes provocan las crisis y otros las atraen. Por tanto, la diferencia importa más de lo que parece: quien las provoca al menos tuvo una intención, por fallida que resulte; quien las atrae padece algo peor, una vulnerabilidad de origen que convierte cada aparición pública en el material del próximo escándalo y un gran número de gobernadores del momento pertenecen a esa segunda categoría que se torna en un
fenómeno. La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, pertenece, con evidencia acumulada, a la segunda categoría.
Hace más de un año, la gobernadora bajacaliforniana anunció que Estados Unidos le había revocado la visa estadounidense, después de que, su entonces esposo, Carlos Torres hiciera el mismo anuncio. El argumento oficial fue que no era relevante que una gobernadora fronteriza careciera del documento en cuestión. Para cualquiera que viva en Baja California, y en los estados del norte del país, esa afirmación resulta ofensiva. La frontera con San Diego no es un accidente geográfico: es la estructura de la economía, la cultura y la vida diaria del estado. Que su gobernadora no pueda cruzarla cotidianamente no es un detalle administrativo, sino una incapacidad operativa que ninguna retórica alcanza a disimular. El gobierno federal la respaldó. La sociedad bajacaliforniana pidió su renuncia con una tibieza que también dice algo sobre el estado de la exigencia ciudadana en el estado.
En mayo del 2025, escribí en este espacio que la crisis de la pérdida de su visa estuvo mal atendida y peor asesorada. Un año después, las filtraciones de conversaciones privadas con supuestos asesores del FBI confirman el diagnóstico y lo agravan. Lo que se discute ahora no es la visa: es la credibilidad que, a diferencia de un documento consular, no se tramita de nuevo. Porque el pueblo bueno siempre tiene memoria aunque decida olvidar algunas cosas a conveniencia. El punto que entonces desarrollé en aquel momento, y que hoy explica lo demás, es este: el mayor problema de la gobernadora nunca fueron los hechos externos que la golpean, sino su exposición digital.
Esto es, lo que ella y su equipo interpretan como posicionamiento constituye, en realidad, un adelgazamiento sistemático de su imagen. No se conduce como funcionaria sino como “influencer”. Canta, baila, comenta su vida privada, produce contenido con la desesperación de quien administra una cuenta personal y no un gobierno estatal. Huelga decir que este es un fenómeno común: los supuestos
estrategas digitales apuestan por el posicionamiento de imagen sin calcular el desgaste político en su distinción y, sobre todo, sin definir qué objetivo real debería atender ese posicionamiento, la pauta importa más que el mensaje. Esa estrategia no es solo mediocre. Es cadavérica. Y el político que permite que lo manipulen así exhibe una ignorancia que no admite atenuantes.
Así pues, en este sentido opera con precisión la vieja fórmula del pan y circo, pero invertida: cuando un gobernante se exhibe más como animador que como responsable de un estado, el político se convierte en el pan que alimenta el circo y, al ser él mismo el espectáculo, la gente disfruta de la inmoralidad del que gobierna hasta perderle el respeto. En el caso de Marina del Pilar la celebración, sin entender los matices, fue durante años el único indicador de éxito que su equipo supo leer. Sin embargo, nadie preguntó qué ocurriría cuando la audiencia dejara de aplaudir. Por consiguiente, lo que ocurre es esto: no hay colchón. La ausencia de venta de logros de gobierno durante casi un lustro significa que, llegada la crisis, no existe una base ciudadana que defienda a la gobernadora por convicción. Los bots que amplifican sus mensajes no son gente. Son desvaríos virtuales sin peso político real, incapaces de sostener a nadie cuando el escrutinio se vuelve serio. Se trata de algo que el equipo de comunicación política de la gobernadora debió prevenir.
Así, a la crisis de las filtraciones de audios de la titular del gobierno de Baja California se suman las decisiones de sus equipos que no parecen coordinarse entre sí. (Con esto sabemos que el problema no es la visa). Una muestra basta: alguien, presumiblemente convencido de estar siendo brillante, propuso publicar el video de explicación de la gobernadora, que la presidenta Claudia Sheinbaum sugirió en su momento, justo al finalizar el Mundial de Fútbol; el cálculo tenía una lógica aparente, la atención nacional estaría en el mundo digital y la presidenta recibiría de inmediato el mensaje, además, los medios de comunicación retomarían la declaración. Efectivamente la retomaron. Todos. Bajo el encuadre de “explicación no pedida”,
que es el peor marco posible para un mensaje. Los comentarios no se hicieron esperar. La gobernadora quedó expuesta al escarnio sin necesidad alguna, en el momento de mayor circulación mediática del año, y sin haber obtenido ninguno de los beneficios que la maniobra perseguía. Eso no es estrategia, es su antítesis operando con presupuesto público.
Al menos una semana antes del mensaje mundialista de la gobernadora, ella misma publicó un video donde plantea el dilema de la “mujer divorciada” que pertenece a otro orden de problemas de comunicación y conviene no confundirlo con el anterior. El primero fue un error de cálculo estratégico; el segundo revela algo sobre el carácter del personaje en cuestión. Publicar, en medio de la gravedad de las circunstancias que enfrenta, una historia preguntando qué hace una mujer divorciada un viernes por la noche no se lee como cercanía ni como humor: se lee como un grito en busca de atención que roza la recaída emocional. La cámara, en su caso, dejó de ser herramienta y se volvió adicción, un punto de fuga y el grito desesperado de aceptación. Y las adicciones, tanto en política como en todo lo demás, no se corrigen con asesoría de imagen.
En otro orden de ideas, Leo Zuckermann comentó en el programa Tercer Grado que dudaba de la capacidad intelectual de la gobernadora. No creo que el problema sea ese… o no principalmente. Es un problema de imagen y de la narrativa que se construyó sobre esa imagen. Toda la carrera meteórica de Marina del Pilar, de diputada federal a alcaldesa de Mexicali y a gobernadora en un puñado de años, se edificó sobre el “carisma”, “el talento” y “la belleza”, no sobre el fondo político, porque ese capital de fondo sencillamente no existía porque no había experiencia de ningún tipo. Y la “belleza”, en política, cansa porque pasa de moda. Se agota cuando queda atada a la repetición. Lo que seduce al principio termina delatando el vacío, y ninguna cámara alcanza a ocultar la soledad por mucho que se la alimente.
En su mayoría, los equipos de comunicación de gobierno en México, se forman habitualmente con gente viciada que confiere al poderío económico de las plataformas y de los medios de comunicación tradicional la capacidad de resolver cualquier crisis, y con asesores acomedidos que nunca enfrentaron un problema real y opinan desde lo que la figura puede aceptar. Por contraparte, el trabajo de un asesor consiste en decir la verdad aunque no sea bien recibida. Más allá de tener o no la razón, deben construirse consensos. Siempre es preferible atacar la verdad del conflicto que minimizarla y, sobre todo, debe existir una guía de principio a fin que reduzca las contradicciones o, al menos, administre la verdad con coherencia.
En el caso de la gobernadora y sus crisis no ha existido ninguna de las dos cosas. En estas semanas de filtraciones hubo improvisación disfrazada de estrategia y lealtad, que se lee sin equívoco, disfrazada de consejo. La gobernadora debe redefinir a su equipo de asesores que le brinden una ruta y salida digna para los próximos 15 meses que le quedan de gobierno, tomando en cuenta que su figura quedará debilitada en cuanto se anuncie al próximo Coordinador de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación. En este momento, gran parte de sus secretarios y gabinete debe estar pensando en abandonar el barco.
Por otro lado, Marina del Pilar pertenece a esa generación de gobernadores beneficiados por la marea del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien llevó a cuestas a centenares de personajes que hoy gobiernan con ineptitud y que olvidaron quién los llevó a la victoria. En esta lógica, Carlos Illades lo planteó hace algunas semanas conversando con René Delgado: Morena debe deshacerse de esos personajes que hoy forman parte del poder político pero que no son, en ningún sentido, afines a la ideología y al movimiento que en su médula significaba Morena; y la presidenta del partido, Ariadna Montiel, ha apuntado en la misma dirección.
Así pues, ante la pregunta de si la gobernadora Marina del Pilar debe pedir licencia de cara a sus escándalos, la respuesta es obvia: sí. El obstáculo no es jurídico sino
aritmético. A Morena no le conviene cederle la razón a la masa acumulando otro gobernador con licencia. La frase de “no somos iguales” se debilita con cada caso de este tipo y cede terreno al “sí somos lo mismo”, que es la encrucijada política real del momento. Marina del Pilar y sus allegados son, todos, de extracción panista y hoy ocupan posiciones en el Senado y en presidencias municipales, algunas con licencia para buscar mejores posiciones políticas, pero la base es idéntica. Premiar a esos personajes protegiéndolos sería exactamente lo contrario de lo que Illades propone.
Si sigue gobernando (y algunos ya le auguran el destino de Xicoténcatl Leyva Mortera a finales de los ochenta) su ruta es una sola: trabajo. La estrategia de comunicación debe reconstruirse sobre esa base cuanto antes: dejar el farol, dedicarse a gobernar, evitar el micrófono, por lo menos para declaraciones superfluas. Callar es también estrategia y, en su caso, es la única disponible. De lo contrario, si la crisis de seguridad en Baja California se ensancha o si la sociedad entra en revisión de todo lo que no se ha hecho en el estado, difícilmente podrá sobreponerse. Y si además la gobernadora se empeña en pelear por la continuidad de su proyecto político, generará problemas serios de inestabilidad en Baja California. Aún está a tiempo de hacer buena historia, falta voluntad y un rompimiento…
Jorge Zepeda escribió hace unos días que: “el problema para la Presidenta es que todos los caminos de combate a la delincuencia organizada conducen, tarde o temprano, al poder político. Y ese poder reside desde hace ocho años mayormente en personas relacionadas con Morena”. ¿Acaso Baja California le da la razón a Zepeda?
Exclusivas
Experiencias El UniversalDisfruta las vacaciones gastando menos: tres películas para ver en familia y ahorrar en Cinépolis
Experiencias El UniversalMundial 2026: disfruta los partidos con hamburguesas, pollo frito y descuentos exclusivos de Club EL UNIVERSAL
Experiencias El UniversalAsí puedes obtener hasta 20% de descuento en Benedetti’s Pizza para disfrutar los partidos del Mundial con Club EL UNIVERSAL
Experiencias El Universal






0 comentarios