Por distintas razones, Ucrania y Cuba sufren urgencias alimentarias, de servicios básicos y amenazas a la paz. Otra característica común es la incertidumbre, sus poblaciones no saben cuándo cesarán las tensiones con sus vecinos. Ambas naciones ya tenían infraestructura muy deteriorada desde la caída de la Unión Soviética. 35 años después, requieren aún más de financiamiento externo para reconstruirla o empezarla desde cero.

Ucrania es un caso mejor conocido por su exposición mediática y la guerra que enfrenta con Rusia. El programa de alimentación de la ONU ha facilitado comida y transferencias en efectivo a cerca de un millón y medio de ucranianos en las áreas en conflicto. La mitad de los habitantes de Kherson presenta desnutrición severa. Dos de cada cinco personas en Zaporizhzhia y Donetsk enfrentan hambre. En estas regiones ucranianas, las cadenas comerciales están interrumpidas, los supermercados vacíos y la infraestructura destruida o dañada. Pese a ser zonas verdes, no hay vegetales.

Esto nos refiere a la isla cubana. Cuba importa más del 70% de sus alimentos. Debido al escaso consumo de verduras y diversidad alimentaria, la dieta de la familia cubana promedio es deficiente en micronutrientes. Sólo en 2024, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU apoyó a 1.3 millones de cubanos. Contrastamos entonces un país en guerra, que recibe la misma ayuda para comer que uno que no lo está, pero vive aislado.

Los retos de la modernización agrícola cubana pasan por tecnología, productividad e infraestructura que resista los huracanes. Este brinco al siglo XXI, precisa créditos extranjeros, lo que también dificulta la ecuación. Los primeros patrocinadores que vienen a la mente son Estados Unidos, China, México, Canadá y España.

Ucrania y Cuba no tienen fronteras abiertas por distintas razones. Mas hay coincidencias en sus poblaciones: superar su crisis interna y reordenar las relaciones con sus vecinos en un ambiente de paz. Hay que decirlo, los millones de ucranianos y cubanos que han decidido salir son de los migrantes mejor aceptados en el mundo. Múltiples países les siguen abriendo las puertas, más que a los indocumentados de Medio Oriente, mexicanos y centroamericanos. No son recluidos en un tercer país o deportados en masa. Y más allá de esta empatía, hay un consenso internacional en la reconstrucción de ambos países, una vez que consigan su “normalidad estatal”.

El gobierno ucraniano actual está abierto al financiamiento para la “recuperación”, sea público o privado, no así en el caso cubano, por el momento. El Fondo Emblemático Europeo para la Reconstrucción de Ucrania pretende movilizar €500 millones de euros, sumados a los €193.3 mil millones otorgados por la Unión Europea. El enfoque es que gobiernos, bancos y empresas impulsen la reconstrucción de vías de comunicación, viviendas, hospitales, reactivación de empresas y suministro de energía. El ministro de finanzas ucraniano calculó requerimientos de $40 mil millones de dólares (mmd) de financiamiento externo para 2026.

En el caso cubano, las necesidades de crédito externo no son menores. Según un reporte del gobierno suizo (octubre, 2025), las urgencias en modernización por razones humanitarias son: agricultura, energía, TI, farmacéutica y servicios médicos. No hay cifras oficiales al respecto, sino estimaciones de $300 mmd para brindar a las familias cubanas infraestructura y servicios básicos. La producción de arroz, frijoles, puerco y leche han caído dramáticamente (ONU, Nov. 25). Sin financiamiento, los cubanos pueden llegar a extremos como la inanición o la migración masiva.

Especialista en geopolítica y miembro de Comexi

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