Representar a Petróleos de Venezuela en el exterior, como empleado o becario, era motivo de orgullo y admiración en los años 90. Los venezolanos y venezolanas mostraban a un país próspero, educado y democratizado en Europa y Estados Unidos. Eran diferenciados y admirados entre latinoamericanos. Compartían con vanagloria tener los mejores ingenieros petroleros del mundo y que Juan Pablo Pérez Alfonzo fundara la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en los años 60.
PDVSA, al igual que la mexicana Pemex, funcionó como embajador de paz el siglo pasado. Después, su imagen modernizadora disminuyó con el avance natural de la tecnología y las energías alternativas. En la época de la Agenda 2030 de la ONU, el petróleo se convirtió en “viejo y sucio” y la energía eléctrica “limpia y moderna” afectó el renombre de las empresas de crudo.
Pero el oro negro no tardó en retomar preponderancia. Escuchamos en la toma de protesta del presidente Trump en enero de 2025 decir “perfora, bebé, perfora” (drill, baby, drill) y liderar la industria petrolera. Al igual, la reciente incursión militar de Estados Unidos en tierras venezolanas vitaliza el significado geopolítico de PDVSA.
Además, es más fácil promover políticas nacionalistas con empresas petrolíferas. Los consorcios futuristas no resaltan tanto su contenido nacional. Los dispositivos electrónicos, comercio digital, redes sociales o inteligencia artificial se presumen como multinacionales. Incluso en el sector automotriz, un Tesla se identifica menos “americano” que un Ford, un GM o un Chrysler. Una pick up Chevrolet de gasolina o diésel representa el orgullo de EU, así como un Porsche con motor bóxer el alemán.
En el ejemplo venezolano enlaza también esa atadura sentimental con el poder real. PDVSA es una marca nacional, una “arepa de oro”, como McDonald’s o Coca Cola para los estadounidenses. Tenía la fama de ser competitiva y con técnicos de clase mundial. Es cierto, la firma venezolana ha influido en Medio Oriente, Suecia, Noruega y las bolsas de Nueva York, Londres y Frankfurt; y en todo el mercado de hidrocarburos.
En el Caribe, PDVSA ha llamado la atención de Washington. Mencionamos Aruba, Curazao, Islas Vírgenes (EU), República Dominicana, Haití y Colombia. Desde 2004, Petrocaribe fue una política pública que dio protagonismo a PDVSA y así fue planteado por el presidente Hugo Chávez. Abrazó en ese momento a Cuba, Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Dominica, Granada, Honduras, Jamaica, Surinam, Santa Lucía, Guatemala, El Salvador, San Cristóbal y Nieves y San Vicente y las Granadinas.
En 2015 el presidente de PDVSA, Eulogio Del Pino, aseguró que PIB de los países de Petrocaribe habían crecido más del 25%. Entre sus logros se mencionan proyectos de infraestructura, recepción, almacenamiento y distribución de hidrocarburos y modernización de refinerías. En la época de Nicolás Maduro, la expansión de la diplomacia energética de Venezuela en el Caribe aumentó más las interrogantes sobre su resultado y las inquietudes estadounidenses.
En 2026, el cambio de gobierno en Venezuela replantea las cosas. La petrolera venezolana puede mutar de nombre mas su rol global se ve acrecentado. Cuenta con la mayor reserva petrolífera del planeta, con independencia del logo nacional de PDVSA. Y al igual que Pemex, funciona como actor internacional. Su futuro se inserta, otra vez, en los debates mundiales de seguridad, crecimiento y medio ambiente.
Especialista en geopolítica y miembro de Comexi
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