Cuando Seymour Martin Lipset nos visitó y discutió el “Continente Dividido” pensaban que se refería a América Latina o México y no a Canadá. Es que los canadienses y su vasto territorio no proyectan guerra ni separación, ni alzaban la voz, hasta Davos 2026.

El primer ministro Mark Carney criticó al abuso de poder internacional y al gobierno de Estados Unidos en el Foro Económico Mundial (WEF). Sacudió a los que se encontraban en el pueblo suizo de dialecto romano y hasta a México, donde la presidenta Claudia Sheinbaum destacó su contenido y elocuencia.

El periódico mexicano La Jornada difundió el mensaje íntegro y resaltó “las reglas se aplican de forma selectiva y la lógica de la fuerza vuelve a imponerse”. Tras el canadiense, algunos censuraron un planeta con zonas de influencia para Estados Unidos, China y Rusia. Otros rechazaron la supuesta anexión de Groenlandia y a Canadá como el “estado 51” estadounidense.

Vemos un continente dividido, en un mundo dividido. Lipset afirmaba que ciertas fuerzas partieron a dos naciones que en su origen eran la misma, Estados Unidos y Canadá. EU fue organizado desde una “ideología populista, expresada en la Declaración de Independencia”. La idea nacional canadiense partía sólo de que “los canadienses no son americanos”.

La frontera entre las dos naciones, decía el investigador de la Hoover Institution, es poco reconocible. Incluso, al cruzarla libremente pocos sentían que cambiaban de país. Además, nuevas fuerzas harían que estadounidenses y canadienses fueran cada vez más similares. Y es lo qué algunos platicábamos con Lipset de Norteamérica en la época del TLCAN, pero no es lo que se sucedió en el WEF.

El Presidente Trump no rompió Davos. El foro alpino fue creado para romper paradigmas y ser una cumbre sin las ataduras formales del Sistema de Naciones Unidas. De EU se esperaba oír sobre sus intervenciones militares y aspiraciones de anexión. Mas, quién cambió su retórica y la de su país fue el canadiense. “Las potencias medias no son impotentes” asintió el exgobernador del Banco de Canadá. “En soberanía ártica, respaldamos firmemente a Groenlandia y Dinamarca, y apoyamos plenamente su derecho exclusivo a decidir el futuro de Groenlandia.”

El premier canadiense habló de realismo político, instituciones y agregó un componente indispensable en las Relaciones Internacionales actuales, el constructivismo (percepción). Así, el poderoso sólo abusa porque los demás se lo permiten. La pura percepción sostenía al “sistema comunista”, dijo. “El poder del sistema no provenía de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera verdadero”.

Carney llamó a dejar a lado la comodidad e inacción internacional. Los canadienses “nos estamos diversificando rápidamente en el exterior.” “En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar.” Recordamos que, Canadá por su capacidad militar sí es un poder intermedio. Mas, en economía es una potencia de primer orden, miembro del G7 y supera a Reino Unido en términos de PIB per cápita nominal.

El gobernador Gavin Newsom secundó al canadiense y proyectó a un actor global, aunque California no es una potencia media tradicional, como México. Criticó también la pasividad: tenemos que hacer el trabajo duro y “eso incluye el trabajo duro de venir a Davos” y gritar lo que está mal.

Especialista en geopolítica y miembro de Comexi

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