Así me lo decía un vecino hace unos años, sobre las medidas que deberían entrar en vigor contra dueños irresponsables que pasean perros grandes sin correa en horas donde hay otros perros pequeños a los que pueden dañar o incluso que deambulen en áreas recreativas donde juegan niños. El famoso “no se preocupe no hace nada”, debería ser reemplazado, decía, por arrestos de 48 horas como en el alcoholímetro y multas de muchos salarios mínimos.

Aquellos comentarios ocurrieron después de que el vecino fuera testigo cómo en un parque mi hijo, entonces pequeño y un servidor, estuvieran a escaso medio metro de sufrir un ataque mortal por parte de un gigantesco perro raza Pitbull que era entrenado por un muchacho punketo en las áreas verdes cercanas a las áreas de juegos del Parque Hundido.

En esa ocasión mi hijo y yo cruzamos con una pelota hacia el paso y el canino sin correa corrió hacia nosotros ladrando furioso. En el último instante su amo lanzó un silbido y el animal se paró en seco y regresó. Es decir, lo estaba entrenando para estrategias de ataque en un parque público. Muchos vecinos se hicieron de palabras, se llamó incluso a una policía en bicicleta, pero la realidad es que fuera de una amonestación, no hay reglamentos reales que se cumplan ni en la ciudad de México o el resto del país.

En nuestras plazas y parques, la escena se repite con alarmante frecuencia: perros de gran tamaño, muchos superando los 10, 20 o incluso 30 kilos, corren libremente entre familias, niños y otras mascotas. Tan sólo darse una vuelta por el mencionado Parque Hundido, donde ya son famosos un grupo de vecinos que se reunen cada tarde a soltar a sus perros grandes sin importarles los demás, a pesar de haber un área espaciosa cerrada designada. Igualmente, en el Parque México, donde vemos pastores aleman, dobermans, huskies, pitbulls y otras razas grandes sin correa y con dueños listos a pelearse y exhibir en redes cualquier reclamo.

Lo que para sus dueños es un acto de libertad, para el resto de la ciudadanía se ha convertido en un problema de seguridad pública que cobra víctimas cada semana. Como lo mencionamos, la frase es casi un mantra entre los dueños irresponsables: "No se preocupe, no hace nada". Sin embargo, las estadísticas de la Secretaría de Salud y la Procuraduría Social (PROSOC) cuentan una historia distinta. En la Ciudad de México, las quejas por agresiones de mascotas o falta de control por parte de los dueños ocupan los primeros lugares en los reportes de justicia cívica.

La falta de correa en perros grandes de más de 10 kilos no sólo es un riesgo de ataque; es una causa directa de accidentes viales, perros que saltan al arroyo vehicular provocando frenados bruscos y de peleas territoriales que terminan en la muerte de razas más pequeñas. De ello he sido también testigo de primera mano, porque nuestros pequeños perros caniche Luke y Taylor, han sido perseguidos en el parque en más de una ocasión por perros más grandes, que más que juego están siguiendo su instinto cazador.

A nivel internacional, el panorama es contundente. Según datos de la American Veterinary Medical Association (AVMA) y organismos de salud en Europa, estiman que anualmente ocurren millones de mordeduras de perros en el mundo; en países como Estados Unidos, la cifra supera los 4.5 millones al año.

En el 80 por ciento de los ataques registrados en espacios públicos, el perro agresor se encontraba sin correa o sin la sujeción adecuada al momento del incidente.

En México, durante 2022 y 2023, se registraron más de 5,000 ataques de perros a humanos que requirieron atención médica en unidades del sistema de salud nacional, siendo la CDMX una de las entidades con mayor incidencia.

Por este vacío legal, algunos lectores nos han comentado la urgencia de una Policía de Parques. “Pero no los típicos que están dormidotes en sus casetas y de repente para estirarse, como en un centro vacacional, salen a dar un rondin en bicicleta mientras escuchan con audifonos a Los ángeles azules. Necesitamos gente seria, con un uniforme especial que se haga notar y con la capacidad para multar y arrestar por 48 horas a dueños irresponsables de perros. Se lo pedimos a Clara Brugada, urge una iniciativa al respecto”, menciona la lectora Patricia N.

Aunque la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México establece en su Artículo 28 que es una infracción permitir que un animal transite libremente sin las medidas de seguridad necesarias, la realidad es que el reglamento es letra muerta en la mayoría de las alcaldías. Las multas, que pueden superar los 4 mil pesos o derivar en arrestos de hasta 24 horas, rara vez se aplican debido a la falta de personal capacitado para intervenir en el momento exacto de la infracción.

Ante este panorama, cada vez más vecinos y asociaciones civiles han comenzado a exigir la creación de la ya mencionada Policía de Parques o una Unidad de Vigilancia Canina. "Necesitamos, como en el alcoholímetro, mano dura contra los necios del ‘No se preocupe, no hace nada…’, lo mismo decía un tipo dueño de un pastor alemán que mató a un pobre French poodle hace unos años en el parque México. Luego de unos meses, el tipo regresaba con su perro sin correa, como esa historia hay decenas en cada alcaldía”, menciona el lector D.V.

Coinciden algunos lectores en que una autoridad con presencia constante en los espacios verdes es la manera más efectiva de combatir el “no hace nada”, pero además de respetar otras leyes cívicas, como el caso de los vecinos con perros grandes que permiten que sus mascotas destruyan las plantas ornamentales de muchos parques lanzándoles la pelota hacia los matorrales sin importarles el trabajo de los jardineros.

“La policía canina puede imponer también multas a los dueños que no recojan los desechos de sus mascotas, arrestarlos y llevarlos a un torito en caso de que traigan perros grandes sin correa y también amonestar a quienes no estén en condiciones físicas o mejor dicho, de poca masa corporal para controlar a un perro grande”, menciona Héctor N.

Éste último punto es quizá el menos tocado en la problemática de los perros de casa en la CDMX, el que los paseadores puedan controlar el peso y arrastre de sus mascotas, algo que también sancionaría a paseadores que lleven jaurías de más de cinco perros grandes a los que no puedan controlar o incluso niños o adultos de complexión pequeña que pasean perros de 20 o 30 kilos.

“En mi colonia hay unos vecinos irresponsables que mandan a su hijo de 10 años a pasear a su pastor alemán inmenso al parque, el niño apenas puede pararlo en los cruces de calle. También hay una vecina que medirá 1.55 centímetros que pasea a un Gran Danés que la supera mucho en fuerza. Este es un tema de sentido común para la seguridad de todos”.

En resumen, los comentarios de tantos vecinos y lectores nos dicen que la libertad de una mascota no puede estar por encima de la integridad de los demás. Pasear a un perro de gran peso con correa no es un acto de crueldad, sino de responsabilidad civil. Mientras la CDMX no cuente con una vigilancia efectiva y una aplicación rigurosa de los reglamentos, los parques seguirán siendo escenarios de riesgo donde la imprudencia de unos cuantos pone en jaque la convivencia de todos.

homerobazanuniversal@gmail.com

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