A las afueras de los planteles de educación media superior en la ciudad de México, el panorama ha dejado de ser exclusivamente estudiantil para convertirse en una gran bandera roja de riesgos. Muchas preparatorias capitalinas, sin importar su ubicación o que sean públicas o privadas, se han transformado en verdaderos ecosistemas de inseguridad y venta de alcohol, tabaco y sustancias ilícitas que operan a plena luz del día bajo la sombra de la omisión institucional.

Se estima que en la ciudad de México más de 450 mil jóvenes asisten diariamente a alguno de los cientos de planteles distribuidos en las 16 alcaldías. Entre la UNAM (Prepas y CCH), el IPN (CECyT), el Colegio de Bachilleres, el IEMS y la vasta red de preparatorias particulares como La Salle, la capital alberga una de las densidades estudiantiles más altas de América Latina.

Sin embargo, las cifras de consumo son alarmantes. De acuerdo con datos de la ENCODE (Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes, así como de la Secretaría de Salud/CONADIC, el 53 por ciento de los estudiantes de bachillerato ha consumido alcohol alguna vez y cerca del 17 por ciento admite haber probado algún tipo de droga ilegal. Las denuncias por la presencia de "chelerías" y puntos de venta de droga en las inmediaciones escolares han superado los 2 mil reportes en los últimos años, concentrándose en alcaldías como Cuauhtemoc, Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Coyoacán.

La inseguridad hacia los estudiantes también está a la órden del día. Curiosamente, como lo mencionamos, nada tiene que ver la zona o el estatus de la preparatoria, pues uno de los planteles del que más hemos recibido comentarios de padres de familia es el de la Universidad y Preparatoria La Salle, ubicada en la colonia Condesa en el eje Benjamín Franklin, así como en otras calles aledañas que la institución ha ido comprando con el paso de los años, atrayendo precisamente en esas calles la instalación de una red de comercios, chelerías, tiendas con trastiendas, además de una alta taza de inseguridad.

“A mi hijo lo asaltaron cerca de Campus La Salle Condesa. Iba solo caminando sobre Benjamín Franklin en dirección al Metro. Le robaron su dinero, celular y audifonos. Dice que ya son señores y que se acercan, lo abrazan y con armas lo amenazan para entregar todo y obligarlo a dar la clave del celular”, mencionó la madre de unos de los alumnos.

Una de las críticas más severas de padres de familia y expertos en seguridad escolar es la ya llamada “falacia de las puertas abiertas”. Bajo un argumento de autonomía y madurez, muchas instituciones permiten que los alumnos entren y salgan del plantel durante sus horas libres o entre clases.

Esta práctica se ha convertido en una puerta de entrada a la vulnerabilidad. Al salir, los menores quedan expuestos a una zona gris donde la autoridad escolar ya no vigila y la policía rara vez aparece o está coludida.

Una madre de familia cuyo hijo también estudia en el plantel Condesa de la Universidad y preparatoria La Salle, mencionó que, en los diversos chats de participación de madres y padres de familia, comparten advertencias e información sobre inseguridad, chelerías escondidas, venta de tabaco y alcohol y otros problemas.

“Lo peor es que siempre nos quejamos, pero nunca se nos escucha. Actualmente el rector de la Universidad La Salle es el Mtro. Néstor Anaya Marín y el director de la Prepa La Salle Condesa es el Mtro. Joel Mañón Correa. Hay una infinidad de cabos sueltos de seguridad en la que no se hacen responsables de los alumnos. Tan solo mencionaré uno: obligan a las niñas que juegan en los equipos de diversos deportes a que salgan del campus principal y crucen al campus 2, porque el plantel ubicó sus canchas en el predio ubicado en la calle de Benjamín Hill. Justo en la esquina hay una plaza pública donde los padres hemos detectado teporochos y maleantes, algunos incluso consumiendo alcohol, que ya hasta se sientan a morbosear a las niñas, un día va a ocurrir una desgracia”, menciona la señora Sánchez.

A este respecto, el padre de familia que quizo identificarse con las siglas J.M. menciona que lo más grave es que a diferencia del polideportivo para el cual se construyó un costoso puente, en el área de la calle de Benjamín Hill, los guardias (aunque los hay) brillan por su ausencia el 80 por ciento del tiempo cuando las niñas salen en shorts deportivos.

“Es indignante que no exista tampoco una sola cámara de seguridad exterior en la calle Benjamín Hill y en la plaza que hace esquina con Francisco Murguía que cuide el paso de las niñas de prepa de entre 14 y 18 años, a las que la configuración de la escuela obliga a exponerse más de 100 metros en la vía pública para moverse de un campus a otro. Le diría al rector Néstor Anaya Marín que hemos hecho cálculo con lo que pagamos de colegiaturas y la prepa La Salle tiene ingresos de 30 millones de pesos al mes. Quizá no le alcance para instalar un sistema de cámaras de seguridad exteriores de 10 mil pesos, con gusto los papás nos cooperamos para ahorrarle ese gasto”.

Aunado a esto, en nuestras prepas capitalinas la vigilancia policial es casi nula con los negocios aledaños. En algunas alcaldías hay puestos de comida que disfrazan la venta de cerveza en vasos de plástico, tiendas de abarrotes que ignoran la prohibición de venta de tabaco a menores y hasta bares clandestinos en las trastiendas.

En operativos recientes de 2025, se han llegado a clausurar más de 800 establecimientos irregulares, pero por cada uno que cierra, otro parece abrir en la calle siguiente. La falta de una vigilancia permanente y de sanciones ejemplares permite que estos negocios vean en los estudiantes su principal fuente de ingresos.

El padre de familia Héctor N. menciona que el eslabón más débil de esta cadena de riesgos sea la postura de las direcciones y rectorías. “Existe una tendencia generalizada entre los directivos de preparatorias, tanto públicas como privadas, de considerar que su responsabilidad termina estrictamente en la línea que marca la puerta del plantel. Esta actitud es una absoluta irresponsabilidad. Que un director ignore que a diez metros de su escuela se vendan estupefacientes o alcohol raya en la negligencia”.

Actualmente la crisis de inseguridad en las preparatorias de la CDMX es una suma de fallos que incluye la permisividad de las escuelas, la falta de control administrativo de la ciudad y la desconexión de los directivos con la realidad de sus calles. Mientras las puertas sigan abiertas y las autoridades miren hacia otro lado, nuestros preparatorianos seguirán en la mira.

Le diría al Secretario Omar García Harfuch que urge un operativo nacional de seguridad de nuestras preparatorias, ya que es la etapa clave para la prevención de conductas de riesgo, en la que los adolescentes y jóvenes se encuentran más vulnerables.

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