De acuerdo a la Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas 2025, elaborada por la DEA, el CJNG es una organización criminal transnacional (subrayo) con presencia en más de 40 países y sus asociados operan en casi los 50 estados de EEU, para el tráfico de fentanilo, metanfetaminas y cocaína. La evaluación de la DEA señala también que ha aumentado su participación en actividades no relacionadas con las drogas, como el robo de combustible (huachicol), pero se queda corta.
Sabemos que el Cártel de las Cuatro Letras y sus filiales en al menos 23 estados del territorio nacional, ha diversificado sus actividades ilícitas al tráfico de armas y personas; minería ilegal; la industria de la construcción y las empresas inmobiliarias; el despojo de bienes inmuebles; el contrabando, la piratería y la falsificación; delitos ambientales vinculados a la tala, la pesca y el comercio ilegal de vida silvestre; la extorsión y un amplio etcétera que le ha permitido extenderse hacia otros mercados criminales ampliando sus flujos de ingresos.
Hablar hoy del CJNG no es hablar de una organización relacionada solo con el narcotráfico, sino de una estructura que funciona como un holding empresarial, es decir, una empresa (criminal) con variados nichos de intereses económicos; capaz de participar en negocios lícitos, ilícitos o híbridos, muchas veces con la clase política y capacidad operativo/logística para realizar alianzas comerciales e inversiones con “socios” en cualquier parte del mundo, desde las Triadas chinas hasta la Ndrangheta calabresa, pasando por las pandillas de EU, los clanes nigerianos de Lagos, las familias mafiosas de Albania y Kosovo (Pristina y Tirana) y los grupos criminales de toda América Latina.
Una organización con una estructura tipo holding que opera en casi todo México, con ramificaciones en 40 países del mundo y en casi en los 50 estados de la Unión Americana, como señala la DEA, es una organización que tiene vida propia y para su supervivencia no depende de un solo individuo. Por eso, al margen de la violencia inmediata que va a generar la muerte del Mencho, ésta no va a plantear un escenario de desestabilización o desarticulación del CJNG por dos razones principales.
Hay una línea muy clara de sucesión que minimiza la lucha por el control del Cártel, un factor que suele ser detonante de la violencia. En la cúpula del CJNG, no tengo duda que quién hereda el poder es su esposa, Rosalinda González Valencia, no solamente por su linaje criminal, ya que proviene de familias michoacanas vinculadas históricamente al narcotráfico (los Valencia) y conoce los entresijos del submundo criminal; sino por ser cabeza del brazo económico y financiero del Cártel (casi nada). Este esquema matriarcal de poder lo hemos visto operar con eficiencia en la Camorra napolitana, en donde las mujeres son el verdadero centro de poder y los hombres, brazos armados, intermediarios y dirigentes, solo después de las decisiones económicas y militares de las mujeres. Seguramente que no es por nada que Rosalinda tenga el alias de “La Jefa”.
En el tema de una eventual desarticulación del CJNG, la muerte del Mencho no tiene ningún posible impacto. La historia reciente nos muestra dos experiencias exitosas: en Colombia, la cuestionable estrategia de guerra sucia, emprendida por el Bloque de Búsqueda y el grupo de Los PEPES, creado por la DEA para debilitar, a través de asesinatos extrajudiciales, a la estructura y principales integrantes del Cártel de Medellín, acorralar y finalmente abatir a Pablo Escobar; y, en Italia, el encarcelamiento de toda la cúpula criminal, esto es, la vía judicial, a partir de la figura de los “arrepentidos”, caso Tomasso Buscetta, en el Maxiproceso contra la mafia siciliana en 1986; y, el caso Carmine Schiavone, en el Proceso Espartaco en 1998, contra el clan Casalesi de la Camorra napolitana. Ambos supuestos descartados en los recientes acontecimientos; no veo una estrategia de desarticulación, veo un descabezamiento.
En carne propia sabemos que subestimar el poder del crimen organizado y optar, como estrategia para desarticular un Cártel por su descabezamiento, no tiene ese resultado, por el contrario, fue el mayor error de Felipe Calderón, provoca fragmentación de las organizaciones criminales, incrementa la violencia homicida al desencadenar enfrentamientos por el control de los mercados criminales y siempre hay un delfín.
Dentro del Cártel, es posible que la muerte del Mencho de pie a que más de alguno piense que tiene derechos de sucesión; o que organizaciones criminales, aliadas o enemigas, crean que existen las condiciones para reconquistar territorios perdidos o apoderarse de territorios ajenos, alterando la estabilidad de los pactos existentes. En uno u otro caso, serán asesinados sin misericordia por el brazo armado paramilitar con el que cuenta la organización, que también existe para mantener la rígida disciplina interna que caracteriza a los jaliscos; no olvidemos que la violencia está en el código genético del CJNG.
Finalmente, lo que el abatimiento de Nemesio Oceguera nos muestra es que un capo puede ser muy poderoso (nivel Dios) pero, tarde o temprano, sucumbe ante la fuerza del Estado en el ejercicio de su responsabilidad por garantizar la seguridad pública de la población.
Miembro de Número de la Academia Mexicana de Criminología

