Tomo este título de un libro de Walter Benjamin, en vista de que las conclusiones definitivas a las que llegan ciertos argumentos deterministas o lógicos e irrefutables me causan desconfianza. En ocasiones uno llega a fortalecer su conocimiento vía otros estímulos, resplandores inconscientes o haciéndose preguntas que no había formulado o imaginado antes. En los últimos días, a raíz de la publicación de una novela y de haber sido entrevistado varias veces, me he acercado a ciertas conclusiones, siempre relativas, pero que reafirmo luego de esa conversación que se conoce como entrevista y que tanto animaba a Andy Warhol, un artista que he admirado durante varias décadas a causa de su sencilla lucidez para encarar la visión desde el arte. Las mencionaré a continuación de una manera dadaísta.
M.- Las relaciones de un escritor y sus personajes son complejas y ninguno de ambos sirve al otro fielmente. Regularmente quien tenga la seguridad de dominar al personaje —y su sicología— es más bien cándido o está alardeando. La casa se construye entre todos y es el impulso, la noción de una historia y el continuo accidente son los que dan lugar a una novela u obra.
5.- La novela no pertenece a un género estricto, aunque sí a una tradición (Crimen y castigo, La vida está en otra parte, La región más transparente, etc.…), se encamina hacia un horizonte en donde el supuesto género se torna maleable, se fragmenta o se transforma en un cruce de diversas formas literarias. Allí caben el aforismo, la poesía, la digresión o la narración teatral.
T.- Sin la ayuda de un amplio lenguaje es muy difícil edificar leyes, códigos, constituciones, ya que es la literatura —no sólo la especializada, sino también la de ficción— la que propone palabra, crítica, imaginación y capacidad para edificar éticas de conveniencia. Viviane Forrester lo describe de la manera siguiente: mientras el señor demagogo o retórico nos arroja su discurso, no podemos refutarlo por falta del lenguaje adecuado y simulamos conversar con él como si fuéramos actores.
34.- Si bien escribir una obra es llevar a cabo una mentira verdadera, esta obra no puede separarse de la circunstancia en la que ha sido escrita. No hay literatura social, sino sociedad con cultura e identidad. Si se exilia la lectura de la vida humana, esta se empequeñece, pierde su complejidad y se reduce a un intercambio de señales primitivas que por lo general culmina en la guerra. Es por ello que, por ejemplo, el genocidio judío del siglo veinte le pareció a un grupo de filósofos e intelectuales el “exterminio del pensamiento y el lenguaje”.
L.- Toda política es conversación y ética. Su consecuencia es el progreso moral. La política simiesca es aquella que sólo sirve al poder personal en nombre de la comunidad o de los otros, y esta disposición es en realidad criminal.
S5.- El cultivo del individualismo, la sorpresa y el misterio de conocerse a uno mismo es necesario para habitar esta breve vida. No obstante, se requiere de los demás para que dicho individualismo tenga sentido y gravedad.
R.- Escribir para competir con otros escritores o buscar la celebridad es tan ordinario que quien lo practica lleva a cabo una función que dista mucho de ser estética. Y si lo es, por lo menos en mi opinión es repulsiva.
777.- No me gustan las autodefiniciones, pero me inclino al anarquismo, pero sólo a aquel que desconfía de la autoridad, procura la libertad individual y renuncia a la violencia.
56.- La publicación de un libro es un accidente; la necesidad de escribirlo no.
En fin, todos los párrafos anteriores son conclusiones heterogéneas y relativas: iluminaciones, diría yo. Aprovecho para invitarlos el próximo viernes a la exhibición Al grito de guerra: dada, arte y dolor, tres exhibiciones que conviven de manera natural, 42 artistas internacionales haciendo arte dada en miniatura y Dolor Pop suavizando enfermedades crónicas degenerativas, 6 piezas transmedia, de mi pareja, Yolanda M. Guadarrama. En Departamento Privado Cultural TLATELOLCO 1008. Registro previo en bit.ly/gritoD

