“¿Eres la sed o el agua en mi camino? / Dime, virgen esquiva y compañera”. Ha sido un impulso comenzar esta columna con una línea de Antonio Machado. Desde que puse mis ojos en estas palabras, no he parado de relacionar a las mujeres con la noche, el silencio que estallará hasta sepultarnos en nuestras propias palabras: la vida que es vida solo siéndolo. No sabemos quién es aquella (o en su caso aquel o aquello), que duerme a nuestro lado. Observo a una mujer dormida y me imagino que lo hará para siempre, en el horizonte de la eternidad: su sueño es la esencia de la vitalidad. Quizás porque el insomnio ha destrozado mi capacidad de reír sincera y espontánea es que balbuceo estas frases. “Siempre hay sangre en tu manzana / y sólo a veces en la mía”, recuerdo esta línea de Leonard Cohen; y pienso en la mujer que duerme, pese a su ausencia albergada en su almohada, como el vivir concreto y ordinario que trae sueños reacios a ser narrados, acaso tan solo por un alma sonámbula: un escritor, un intérprete científico o un quiromántico.

La humillación, así se titula uno de los escasos libros de Philip Roth que lucían un lugar vacío en mi memoria. ¿Y cómo puede un escritor ser así de descarado? Me lo he preguntado siempre; de igual manera cuando leí El teatro de Sabbath, o Un animal moribundo (sobre todo, la primera novela). ¿Cómo es posible que se le permita a alguien llegar a esas alturas de sexo, cinismo y escarnio constante? Es evidente que desde un principio me convertí en su lector, acólito, o como le llamen a un ser seducido por una luz que lo ciega y al mismo tiempo le ofrece placer y estímulo para continuar siendo un bastardo. Y después de haber escrito alguna obra incorrecta y “sucia”, Roth se arrepentía y en seguida nos colmaba de su talento publicando una obra equidistante de su ambición erótica y primitiva (asumo la responsabilidad al haber conjuntado estas palabras: tema de otra columna). Mas yo sabía —se trata de una ilusión personal— que el escritor judío estadunidense sólo se disculpaba y que preparaba algún libro todavía más cretino y lúcido. pese a ello siempre me sorprendió. Y lo hizo a causa de una sencilla razón: era un escritor, esa clase extinta de seres que utilizan el lenguaje para suicidarse y renacer. Yo no sé por qué en la actualidad los escritores no nos inspiran respeto cuando son una de las últimas instancias de la maldad de este tiempo medianamente humano.

Simon Axler, en La humillación, sexagenario actor en crisis, incapaz de creer que sus representaciones tengan sentido, pesimista y depresivo, se involucra con mujeres más jóvenes que él, sobre todo una que podría ser su hija. Por otra parte, la amada es lesbiana, luego arrepentida cambia de orientación sexual y después habita la promiscuidad genérica. Axler la acompaña en este dédalo carnal tal como se acompaña a un ser sensible cuya vida no es lineal, homogénea y única. El párrafo anterior me lleva hacia dos habitaciones: la primera es relativa a lo que significa correcto (de “correa”; “corral”); y la segunda me conduce hasta la edad. Me disgusta que me pregunten mi edad, cuando no lo hace un médico o es un trámite burocrático. Todos somos un poco niños, y no requerimos que los otros practiquen la taxidermia antropológica en nuestra persona. Conocemos a ancianos de veinte años y a mujeres de mil años de edad (en lo personal, me niego a creer que las mujeres posean una edad más allá de la que indica su deterioro físico). Ahora bien, la corrección es un complejo moral cuyas consecuencias podremos certificar en las leyes y en las tradiciones. Si un hombre de sesenta años tiene relaciones eróticas con una mujer de veinte no es incorrecto, más bien es ¿inusual? Me disculpo por este dislate y culmino con un fragmento de la famosa serranilla del Marqués de Santillana (1398-1458): “Bien como riendo, / Dijo: ‘Bien vengades; / Que ya bien entiendo lo que demandades: / Non es deseosa / De amar, nin lo espera, / Aquesa vaquera / De la Finojosa’”.

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios