Antes, el primero de septiembre era el “día del presidente”, una parafernalia llena de confeti, loas al Ejecutivo, lambisconerías del Legislativo en su arribo y despedida al edificio de San Lázaro, donde se juntaba la clase política a escuchar el “Honorable Congreso de la Unión” y, el dizque estado que guardaba la administración pública. Un bla, bla, bla, con aplausos garantizados, y un “encadenamiento de radio y televisión”, para escuchar una única voz. Incluso fue culto al presidente, que hace medio siglo, en carro descapotable transitaba en marcha triunfal, entre acarreados de sindicatos y del PRI, de la Cámara de Diputados al Palacio Nacional, como si fuera el emperador Julio César, entrando a Roma, regresando de conquistar las Galias.

Hoy, Morena todo lo disminuyó. Hasta ese “día del presidente”; porque todo lo hace chiquito. El informe tuvo la estatura política: nadería, insignificacia, menudencia en un informe que es el octavo de Morena, no sólo el segundo de Claudia Sheinbaum. Las mismas palabras, los mismos gestos, los mismos pendientes, y los mismos e íntimos invitados morenistas, pero en casa. Salvo uno: Andrés Manuel López Beltrán, otrora en las primeras filas de esos eventos, ahora expulsado de Palacio Nacional, igual que Rubén Rocha Moya.

La narcopolítica ya es narcoterrorismo en varios lugares en ese sexenio: en diciembre pasado explotó afuera de la policía comunitaria de Coahuayana, Michoacán, un coche-bomba, con al menos cinco fallecidos; los tres ataques de Zacatecas, donde en Ojocaliente fue dramático con decenas de casas dañadas y una decena de heridos. El narcotráfico sembró el terror, mientras la Presidenta informó que ya esconden los muertos (con ayuda de los gobiernos estatales). Los homicidios han bajado, afirmaron con desfachatez, cuando en realidad los escondieron en otro apartado estadístico que se llama “otros delitos que atentan contra la vida y la integridad corporal”. Cinismo, crueldad inhumana: esconder muertos. Y además de los desaparecidos, ni una palabra. Tras la tragedia, el truco, el silencio, el ocultamiento. Los homicidios “bajan”, los otros delitos que lastiman el cuerpo y la vida de los mexicanos están abajo de la alfombra que pisan los morenistas encargados de perseguir los delitos. Cobijo a la fechoría.

La “primavera laboral” debe estar acompañada, para ser creíble, de un crecimiento económico frondoso y enorme, y resultó un “crecimiento bonsái”, luego entonces esa primavera para los trabajadores será de arbolitos pequeños, podados en sus ramas y raíces, porque además el cincuenta por ciento del esfuerzo nacional (del PIB) se va a pagar deuda y su servicio. Pemex sigue siendo un lastre económico, y CFE se tambalea con apagones, digna fotografía de un segundo informe oscuro, entre penumbras; con el litio y el “fracking” para extraer gas lento y con anteojeras ideológicas.

En política exterior un ‘ya merito’ al tratado con Estados Unidos y otro silencio a cumplir el tratado de extradición. Rocha Moya duerme tranquilo; y el senador Inzunza que no es ni “narcobibliotecario”, ni “narcotaquero”, sí y claro que sí despacha como narcolegislador y le tocará revisar el informe. Chiste. Día de la Presidenta minúsculo.

Diputado federal

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