¿El “humanismo mexicano” de Morena es falsario? Comprobémoslo. Firmé una “comunicación” para la oficina de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, sobre la presunta comisión, en los Estados Unidos Mexicanos, de crímenes de lesa humanidad perpetrados por organizaciones criminales, que han adquirido carácter cuasiestatal mediante la cesión de facto, por parte del Estado, y en la modalidad de aquiescencia transaccional, del monopolio del ejercicio de la violencia legítima, con particular consolidación durante el periodo 2018-2025. Así reza el título de la denuncia del PAN ante ese tribunal, con sede en La Haya, donde se juzgan crímenes de lesa humanidad.
“Lesa” es un adjetivo que significa lesión grave. La violencia en México es enorme, ofende y lastima de manera extraordinariamente delicada a la sociedad. Es inhumana y nadie sale “ileso”. No nos debemos acostumbrar a ella. Sin apatía y sin cobardía debemos llamar a deslindar responsabilidades. Los tribunales mexicanos no tienen ninguna credibilidad; no son profesionales ni imparciales. Debe pronunciarse la justicia internacional. Y no es “injerencia extranjera”, es respeto a la dignidad humana, compromiso firmado soberanamente por México.
El documento tiene argumentos serios, fundamentados en el Estatuto de Roma, del que México es parte; está hecho en colaboración con Carlos Matienzo Zamora, especialista en asuntos de seguridad pública, y busca, sin odio ni rencores, iniciar un examen preliminar de una conducta presumiblemente criminal que llamamos “aquiescencia transaccional”, donde el Estado cedió, rentó, vendió o subrogó, antes de una elección, la fuerza pública que obtendría en el gobierno, a cambio de que le apoye para llegar a los mandos gubernamentales. Trueque delictivo. Y para ello los grupos criminales asesinan, desaparecen, extorsionan y atemorizan a mexicanos, con la complicidad de las instituciones que los deben combatir. No es una asociación delictuosa típica. Es una “aquiescencia”: consentimiento y aceptación activa, sistemática, para postrar al gobierno a las órdenes de los cárteles del narcoterror mexicano. El documento se llama México vs. Narcopacto.
El Universal Responde
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Andrés Manuel López Obrador dejó ese terreno fértil para el intercambio de apoyo electoral por impunidad gubernamental para el delito. “Abrazos, no balazos” fue el apotegma icónico que resume esa coautoría malévola entre el sicario y su gobernante secuaz. El expresidente nunca ha repudiado las conductas que los medios mexicanos y el gobierno de Estados Unidos han imputado a varios gobernadores morenistas.
Alcanzar la paz en las calles de México y que no reine el temor implica conocer la verdad sobre los casos en donde ha habido tanto dolor y muerte. Y muchos no han sido juzgados integralmente. No habrá reparación plena del daño si no se conoce la verdad, y si el “humanismo mexicano” es otra falsedad frente a los más vulnerables y adoloridos por los narcogobiernos y sus socios mortíferos.
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