Nicolás Larcamón se tiene que ir de Cruz Azul (al igual que Iván Alonso) si no es campeón de Liga este torneo. No hay nada que pueda salvar al técnico más que el título del Clausura 2026.

El argentino convive con un gran plantel, tiene que aprovechar la millonaria inversión realizada desde que llegó Martín Anselmi, hasta lo que se ha contratado bajo su mandato.

Vicente Sánchez pudo capitalizar muy bien lo que encontró, pero Larcamón ha estado por debajo de las expectativas.

Llegó el torneo pasado, para comenzar una era de triunfos y conquistas en la Liga. Lo vendieron como el dios en la dirección técnica, iba a revolucionar la historia celeste y fracasó rotundamente. Se quedó en semifinales, lo echó un técnico que apenas tenía unos meses como entrenador.

El timonel no ha podido encontrar la mejor versión del equipo, porque no puede o no le entienden sus futbolistas, lo que sea.

Cruz Azul tendría que ser el equipo más atractivo de la Liga, el más generoso en su juego, el protagonista de cada jornada, el temido por todos los demás clubes, pero no... Se conforma con muy poco en el campo.

Larcamón sigue lejos de ser el estratega ideal de esta institución. Otros entrenadores —con menos— han hecho mucho más, y basta remitirnos a los que sí han logrado levantar un trofeo.

Nicolás necesita dar el golpe en este atípico torneo Clausura 2026.

No tiene margen de nada, es ganar o ganar; hasta tiene privilegios de alinear a nueve extranjeros durante la Liguilla.

Ante la urgencia y presión por el título, diría que el argentino puede ganar hasta con migajas de futbol, pero tiene tanta calidad su plantilla, que está obligado a ganar de manera brillante. Si no lo consigue, que se vaya.

Por eso, el Cruz Azul tiene que hacer un torneo salvaje.

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