El domingo, otra vez, no fui a comer a casa de mi mamá. “Ya te olvidaste de tu madre, ya no hay amor”, me dice —entre broma y broma— cada que le aviso que, nuevamente, no iremos.

Y es que van tres fines de semana consecutivos de futbol intenso de mis hijos, que —como dicen ellos— no hay manera de perdérnoslos. “Ni modo que vayan todos los papás y tú no”, arremete mi mujer. “Aparte, son los últimos. Al rato, ya ni nos van a decir a nosotros que vayamos, sino a los novios”.

Total que, entre que tienen la razón, la culpa que me da y que —la verdad— sí me gusta verlos, pues ahí siempre acabamos bajo el rayo del sol; incluso si llueve o si caen truenos.

Primero fue el interescolar de la escuela hermana de mis hijos en Querétaro.

Hace dos semanas, la Copa Timón, el torneo varonil de niños y jóvenes que organizan en la Universidad Anáhuac del Sur, en la Ciudad de México. Y, para rematar, el fin de semana que apenas pasó, la Copa RC, femenil y en canchas de futbol rápido.

En cada uno de estos certámenes deportivos, compruebo la universalidad del futbol y las emociones que mueve.

La pasión que desata se evidencia al parejo en la cancha y en las gradas, donde mujeres, hombres, chicos y grandes, gritan al parejo. Me tocó ver cómo un anciano azuzaba al árbitro para que expulsara a una muchachita de 16 años que, si alguna falta cometió, fue disputar una jugada con un poco más de fuerza que la rival. “¡Expúlsala!, ¡árbitro vendido!, ¡por cochina!”, gritaba iracundo, ante la estupefacción de todos.

Por fortuna, predominaron los gestos fantásticos, tanto de jugadores como de la tribuna.

Hoy, más que nunca, el futbol es mucho más que futbol: Es convivencia, es trabajar en equipo, es unirse, superarse, sobreponerse y —por qué no— celebrar la vida.

Si bien, el objetivo siempre será ganar, merece conocer y trasladar al nivel amateur casos de equipos profesionales, como el del Deportivo Toluca, cuya misión principal y razón de ser —más allá de los goles—, es alejar a los jóvenes de los peligros de las calles y acercarlos al deporte, porque cuando las pasiones son bien conducidas, el triunfo —el verdadero triunfo— es seguro.

Si el futbol acapara la vida de prácticamente todas las familias de este país y el mundo entero, merece la pena jugarlo de la mejor manera posible, en beneficio de todos, incluso de mi madre, que le causa fastidio no vernos. Pero este domingo sí vamos.

Estoy en todas las redes como FJ Koloffon



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