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¿Qué más daba hacernos irrompibles?, ¿por qué, quien sea que nos creó como especie, no nos dotó de integridad perenne y —en cambio— nos hizo vulnerables, frágiles, capaces de rompernos?
El sábado, pasada la 1 de la tarde, me subí al coche y saqué de la guantera mi teléfono para cerciorarme que, tras mi ausencia de tres horas —con motivo de mi distancia semanal, en vísperas de mi próximo maratón—, todo estuviera en orden.
Sin embargo, las primeras líneas de las notificaciones de mensajes del WhatsApp en la pantalla indicaban que no.
Alcancé a ver de reojo las palabras “expuesto” y “ambulancia”, y pensé lo peor.
Lorenzo tenía partido contra un combinado de la Federación Mexicana de Futbol, en sus instalaciones de Toluca, Estado de México, y no pudimos llevarlo ni su mamá ni yo, así que Tony nos ayudó.
Imaginé que habían tenido un accidente en la autopista, y sólo me tranquilicé un poco cuando leí que, más bien, Lorenzo se había lastimado en pleno partido.
En una pelota disputada, tras patearla a gol y sin el apoyo de ninguno de sus pies en el césped, recibió una carga que lo hizo volar por los aires, y cayó con todo su peso sobre su muñeca.
“¿Ya acabaste?, ¿estás?” (12:37 pm); “Parece que Lorenzo se rompió la mano” (12:38 pm); “Están viendo si lo llevan en ambulancia, es por protocolo de la Femexfut” (12:45 pm); “Ya viene para acá con Tony en su coche, bendito Dios no hubo algo expuesto y él pudo traerlo. Nos vemos en el hospital en cuanto leas esto” (1:07 pm).
Apenas lo abracé, se soltó a llorar. A veces, lo más doloroso es que te pasen esas cosas solo.
Yo igual me conmoví y, sobre todo, me sentí mal de no haber estado ahí con él.
Conforme se calmó, yo me preguntaba cómo es que, a pesar de ser nuestros organismos tan perfectos, a la vez somos tan susceptibles de fracturarnos, partirnos, quebrarnos y desbaratarnos tan fácilmente.
Incluso, de terminar esta vida sin algún pedazo, incompletos.
Y no nada más son los huesos, es el alma, el espíritu, el corazón, la mente, los sueños.
¿Por qué fuimos diseñados así?, ¿por qué estamos hechos para rompernos?
“Parece que no será necesaria la cirugía”, nos dijo el doctor, al ver las radiografías a contraluz. “Sobre todo a esta edad, los huesos sueldan solos”.
Entonces caí en cuenta que, de algún modo, estamos también hechos para recuperarnos y componernos.
Estoy en todas las redes como FJ Koloffon
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