La Presidencia se juega su solidez en los próximos días.

Muchos analistas han especulado sobre el origen de la rebelión de Rocha Moya. Que si fue López Obrador. Que si fue un lance personal. Que si lo mandaron los radicales de Morena.

Nada de eso importa. En política no importa lo que pasa: importa lo que la gente cree que pasa. Y la gente cree que Rocha Moya es un alfil de López Obrador.

Los hechos constatables crearon esa percepción:

Todo Morena salió en un principio a defender al sinaloense.

Se le permitió solicitar licencia y retirarse, sin emprender acción contra él.

La FGR no encontró pruebas en su contra.

Se nombró a una interina de su absoluta confianza.

El senador Inzunza, una y otra vez, desafió las acusaciones de Estados Unidos.

Todo cambió la semana pasada. A decir de la presidenta, el gobernador con licencia no tuvo ni siquiera la gentileza de informarle de su regreso. Puede ser.

No se entiende haber permitido el regreso de un impresentable para después tirarle toda la maquinaria del Estado. Tampoco, que el Congreso del Estado haya amagado con nombrar, por sus pistolas, a un sustituto; otro amago que tuvo que ser detenido desde la capital.

Peor: como antecedente, la presidenta dijo que tampoco estuvo enterada de la carta incendiaria, delirante, de Andy López que inflama la relación con Estados Unidos.

Al mismo tiempo, el fuego amigo y la podredumbre consume al partido.

La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, está dando información a EU a cambio de salvar su pellejo. Ayer, se paraliza Mexicali gracias a una alerta del consulado de EU. La presidenta dice que por tentativa de agresiones de un cártel. Nada más.

En Quintana Roo los grupos de poder exhiben su podredumbre: Rafael Marín Mollinedo es evidenciado con ligas con la mafia rumana. Respuesta: la gobernadora Mara Lezama ha realizado 97 viajes en jets privados por más de 70 millones de pesos, que implican no sólo una fortuna descomunal, sino una ausencia de unos 300 días.

En Michoacán se trata de descarrilar la candidatura de Grecia Quiroz.

Hacia adentro, Omar García Harfuch recibe una andanada de los duros del movimiento por un reconocimiento de la DEA.

La presidenta está acorralada. Algo que nunca, jamás, se debe hacer con un personaje de poder.

A los poderosos, aconsejaba Maquiavelo, o se les mata o no se les toca.

La operación contra Rocha —regresarlo a su estatus anterior— no basta: hay que liquidarlo.

El poder se basa en simbolismos: y ese urge.

Quizá tampoco baste ya su encarcelamiento (dudo que lo extraditen). Hay que corregir un gabinete disfuncional, inoperante.

Hay que desmontar las piezas de lo que aparenta ser un mini-Maximato. Secretarios que están por ser exhibidos en EU, directores de poderosos organismos, personas con el control de los aparatos de propaganda, gobernadores, senadores que operan contra la presidenta.

Rocha es el símbolo. Los demás son los engranes.

La Presidencia debe recuperar su estatus y más: debe tratar de devolver la congruencia a un partido que desfondó su credibilidad. Hace tres meses todos se rasgaban la vestidura defendiendo a quien hoy quieren en la picota.

No es nuevo en la política nacional. Pero hoy es insostenible sin aciones.

Las ofensivas ejemplificadoras poseen eso: un simbolismo, un mensaje y un efecto aterrorizador.

Si no ocurre algo, y pronto, la Presidencia se habrá acabado en el primer bienio.

Y quién sabe qué seguirá.

@fvazquezrig

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