En el año 2027 podríamos tener la última elección de nuestra historia. No es una exageración. Ha sido el camino de Nicaragua y Cuba. Lo fue de Venezuela, aunque siguieron haciendo farsas electorales y lo intentaron en Perú.

Hay riesgos para quienes optamos por la libertad y la capacidad de elegir, pero también oportunidades.

Los riesgos son claros. Morena prepara una elección de Estado. Se ha apoderado de manera grosera de todo: el Congreso, el Poder Judicial, el INE. Han aprobado cuestiones bochornosas: entre otras, que sean válidas las boletas sin estar dobladas y que los servidores de la nación puedan ser observadores. Es la anticipación de un fraude mayúsculo.”

Se mantiene el discurso defendiendo la pax (sic) narca y no se toca a los enlaces con el crimen organizado que son, además, operadores electorales. Morena ha caído en su intención de voto, pero, sigue encabezando, con buen margen, las preferencias, incluso si se suma la intención de voto de las oposiciones.

Pero hay también oportunidades, y no menores.

Los gobernadores de Morena, en su mayoría, no sólo registran bajos niveles de aprobación: son impresentables. Hay estados que, literal, se derrumban. Los actos de corrupción afloran día con día.

En lo local, las encuestas serias revelan que la elección se cierra en diversos estados gobernados (es un decir) por el oficialismo. Hay enojo en la población y decepción. Los síntomas se notan en los mítines estatales de la presidenta de la República: reclamos, denuncias, abucheos a los gobernadores que fueron, quienes movilizaron a la audiencia.

La presión sobre los narcos políticos es doble: proviene del norte, pero también de la población cuya opinión, reflejada en las encuestas serias, se manifiesta en la creciente certeza de que hay no sólo una colusión sino un pacto de impunidad.

La coalición gobernante cruje. El sistema se vuelve más autoritario hacia adentro y hacia afuera.

Hacia adentro: Morena se vuelve más chicharronero. Se tiran a la basura las encuestas. Antes, se esconden. Se entrega a los gobernadores el control de las elecciones. Se tensa la relación con el PVEM y se desprecia con arrogancia al PT.

Hacia afuera: se restringen las capacidades de competencia de Somos; se ataca cotidianamente al PAN; se persigue judicialmente a opositores, se trata de censurar a las redes sociales; se amaga con anular comicios si el desprestigio de la nueva burocracia proviene de información publicada fuera de las fronteras.

Si las oposiciones pierden esta elección —entendiendo por perder no lograr arrebatar la mayoría calificada al oficialismo o imponerse en estados fallidos como Sinaloa, Baja California o Michoacán—, esta será, en efecto, la última elección.

El quid del asunto está en qué personajes sean nominados en los estados y municipios clave; quién en los distritos; qué alianzas se tejan.

Es cierto. Pero, sobre todo, está en el nivel de involucramiento de la gente.

Es el último round de una pelea desigual, pero vital. Hay que pensar en nuestros hijos, que heredarán un país con finanzas secuestradas, con los sistemas educativo y de salud en ruinas, con una certeza —falsa— de que los criminales garantizan la tranquilidad y con una gobernabilidad despedazada.

Es la hora de perder el miedo.

Elegir a los mejores.

O resignarnos a no poder volver a elegir en mucho tiempo.

@fvazquezrig

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