Churchill tituló el segundo tomo de sus memorias de la “2a Guerra Mundial: “solos”.

Así está México.

Aislado. Confuso. Despreciado.

Nunca en la época contemporánea, el país había enfrentado tal soledad y peligro.

La diplomacia mexicana se distinguió por su finura y su enorme sensibilidad. Hoy ni su recuerdo queda.

Cárdenas olfateó la inminencia de la Segunda Guerra Mundial y leyó correctamente la Política del Buen Vecino de Roosevelt para expropiar el petróleo.

México votó en 1962 contra la expulsión de Cuba de la OEA, pero 5 países más se abstuvieron. Un año antes, sin embargo, el presidente López Mateos había prohibido a Lázaro Cárdenas pelear con Cuba contra la invasión de Bahía de Cochinos.

Tras la crisis de los misiles, vino el premio Nobel de la Paz para Alfonso García Robles (1982) por construir el Tratado de Tlatelolco (1967) que prohibió las armas nucleares en Latinoamérica y el Caribe.

Pese a las crisis económicas terribles, y ser de izquierda, Echeverría y López Portillo lograron impulsar, respectivamente, la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, recibir al exilio chileno y organizar la Cumbre Norte Sur, distanciándose de Castro.

Luego vendrían Contadora y el TLC como botones adicionales de muestra.

Pero este fin de semana, Estados Unidos convocó a una reunión hemisférica de la que México fue excluido.

Lo hizo una semana antes del arranque de negociaciones del TMEC.

Lo hizo mientras vapulea a Irán.

Y lo hizo horas después de que El Salvador lanzara una ofensiva militar contra cárteles de la mano de EU.

El Escudo de las Américas fue firmado por 17 países. 18, si descontamos que Venezuela hará lo que diga Washington. Su objetivo: atacar militarmente a los cárteles, cuyo epicentro de violencia es México, según se dijo textualmente.

Peligroso. Tres de los firmantes tienen frontera con México: Estados Unidos, Guatemala y Belice.

El resto de los países centroamericanos firmaron, con la excepción de Nicaragua.

Del Cono Sur, Colombia y Brasil no están incluidos, porque no fueron invitados. Nos queda Uruguay, porque con Perú nos peleamos.

El liderazgo que México había tenido en el continente se ha esfumado. Nos alineamos con los parias. El disparate de que la mejor política exterior es la interior, pasa su factura.

La diplomacia sirve para balancear la relación con un país omnipotente que hoy posee una clara agenda de cambio de régimen.

A diferencia de Brasil, México tiene el grave problema de una colusión con el crimen organizado. Ésta, lamentablemente, es real y existe. Nada se ha hecho para evitarla o para desmantelar la protección política que lo cobija.

Cuando Estados Unidos acabe con Irán, tras el mensaje del domingo, ¿quién sigue?

Minimizar con un discurso patriotero o con risas la ofensa de la burla y la gravedad del mensaje no sólo es una insensatez: es una locura.

Hoy, México carece de una gran estrategia. Lo que tenemos es una gran incompetencia.

Ésta nos puede llevar a la ruina.

Ya vimos que el perro no sólo ladra.

También muerde. Y fuerte.

@fvazquezrig

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