Después de estar un tiempo fuera del país, esta distancia me sirvió para tomar algo de perspectiva sobre el momento mexicano. Pareciera que el Régimen está sostenido en dicotomías insoslayables. Me explico:

En primer lugar, el doble estándar para juzgar a leales y a adversarios se va intensificando. Por una parte, crece el número de exgobernadores de partidos de oposición que son sometidos a procedimiento en condiciones injustificables, mientras que otros políticos leales a Morena, no lo son. Hoy la militancia política de los acusados es un factor relevante para distinguir a quién se persigue y a quién se perdona. Por supuesto que, en gobiernos anteriores a Morena, llegó a haber casos de alto perfil que contaminaron políticamente sus procesos legales. Pero no guardo duda alguna de que por lo menos de los 80 hasta la década anterior, la militancia partidista no era un factor determinante. Eran otras las variables. El costo político de la impunidad, la distancia o cercanía con el grupo en el poder etc. En todos estos años hubo múltiples casos en los cuales se persiguieron a funcionarios y servidores del mismo partido de quien encabezaba la Presidencia de la República.

En segundo lugar, existe una dicotomía en los términos en que se juzga a un servidor público de Morena, con respecto a quien no tiene esa militancia. En el primer caso, los dichos no hacen prueba, las investigaciones son erráticas etc. Existen múltiples investigaciones donde se han venido documentando redes de corrupción y de protección a actividades criminales que no ameritan comentario alguno por parte del gobierno. Mexicanos Unidos contra la Corrupción ha documentado varios casos, aquéllos que se dirigen a miembros de Morena no ameritan comentario alguno. Cuando investigaciones apuntan a otros esquemas como la estafa maestra, se abren procedimientos.

Esta doble vara se torna evidente en la ya famosa carta de Andrés López Beltrán cuando repudia la revocación de su visa estadounidense. Por una parte, se duele que, a partir de difamaciones en su contra, lo señalen como corrupto sin ninguna prueba, mientras que, por la otra, sin ninguna prueba más allá de la fama pública, denuesta al secretario Rubio y al subsecretario Landau, como personas vinculadas al tráfico de armas. A mí esta contradicción me parece evidente, pero quien la hace, ni siquiera se da cuenta de ello. Lo sostengo con preocupación, esta actitud ya no sólo presenta rasgos narcisistas sino psicóticos.

Esto es especialmente grave. No podemos olvidar que un factor que explica el arribo de López Obrador al poder fue el hartazgo frente a esquemas de corrupción política. El expresidente convenció a una buena parte del electorado, que él era ajeno al entramado que había sostenido la gobernabilidad del país en las últimas décadas. Sostuvo que tenía las manos limpias y que no toleraría la corrupción. Sin embargo, cada vez hay más escándalos de corrupción infestando al gobierno. Hoy el romance de López Obrador con la historia va quedando a la deriva por causa de sus propios familiares.

Por último, por hoy, toco otra contradicción, en el mundo de los “Fifis” contra los “Chairos”, los primeros son señalados como personas banales que se visten con ropa de marca, que andan en vehículos de lujo y que visitan destinos turísticos paradisiacos. Por oposición, el “Chairo” es el desposeído, el que vive al día y que resiente profundamente a la insensibilidad social del “Fifi”. Hoy las redes están llenas de fotografías no desmentidas, de miembros prominentes del grupo político de Morena viajando en primera clase, visitando las boutiques más caras, esquiando dentro de paisajes impresionantes y con el desprecio más evidente a su congruencia política. Me hacen recordar esa vieja frase: “Contra los ricos, hasta que nos emparejemos”.

El país exige moderación y diálogo frente a la profundización de las diferencias políticas, sociales y económicas. Hoy el entramado económico presenta pruebas de resistencia que no permiten hablar de una crisis inminente sin perjuicio de lo anterior, la dependencia de nuestra economía a las decisiones de política pública de los norteamericanos es creciente. Las tensiones aumentan, tanto las internas como las internacionales. Las presiones del gobierno de Trump y las presiones de López Obrador y su grupo están montadas en las mismas pistas. En este escenario, las elecciones de la presidenta Sheinbaum tendrán consecuencias cada vez más costosas.

Abogado

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