A estas alturas, uno ya está acostumbrado, pero no dejan de generar una enorme reflexión los ciclos que se cierran, las ventanas que se abren, las etapas del pasado, los proyectos del futuro y lo que uno realmente quiere y ya no en la vida.
Dos años y medio pueden ser mucho o poco tiempo, pueden ser el periodo que dura un padecimiento gástrico mal tratado en el cuerpo, el tiempo que ejerce con éxito un director técnico del equipo tricampeón, la caída profesional de un máximo goleador de Selección Nacional, la ratificación del estancamiento en el futbol mexicano entre una Copa del Mundo y otra, o el tiempo que uno permanece de manera cordial y agradable en un periódico de mucho prestigio, como es EL UNIVERSAL.
Y es que sí, un buen día, tras la Copa del Mundo Qatar 2022, apareció un acercamiento muy atractivo para ser parte de un equipo poco convencional en nuestro querido México contemporáneo y polarizado: Un diario que decidió denunciar y no callar, ser crítico y no comparsa, dentro de un país con un Gobierno que únicamente tiene espacio para las adulaciones y no para los señalamientos de incongruencia.
Los futboleros estamos acostumbrados a marcar ciclos de una Copa del Mundo a la siguiente, pero también dividimos etapas de acuerdo con los campeonatos locales, al paso de cierto jugador por una institución o al tiempo en que un director técnico encabezó un proyecto.
Creo firmemente que cada tiempo dedicado a un trabajo, estudio, viaje, relación o aventura, merece un agradecimiento, porque —sin importar lo acontecido— hubo experiencias que nos dan herramientas para ser mejores.
Cerrar un ciclo no necesariamente significa fracaso ni desgaste, significa cambio y aprendizaje, pero invariablemente presenta un duelo que debemos trabajar. El problema es que, conforme pasan los años, es común que los duelos no resueltos se acumulen y, sin importar su antigüedad, es necesario profundizar en ellos para sanar, avanzar o recuperar.
Dos años y medio en EL UNIVERSAL ha sido muy poco tiempo para el honor que se me dio en este espacio, pero suficiente para sentirme privilegiado en este grupo. Gracias, EL UNIVERSAL.

