Es este un refrán muy cierto, es preferible que lo esté siendo ahora, aun cuando debió serlo desde que comenzó su gobierno, a que nunca se hubiera hecho.
Por esa razón, mi felicitación a las decisiones presidenciales de sacudirse personas incrus-tadas en el servicio público, y que eran un lastre, por decir lo menos, y que impedían que la Presidenta estuviera en aptitud de demostrar su talento y deseo de servir a plenitud.
Me refiero a la salida de sus encargos de algunos servidores públicos, que más se desempeñaban como empleados contratados en Palenque, y al servicio de quien ahora ahí vive, y no ha entendido que su tiempo, para bien de México, concluyó el 30 de septiembre de 2024.
Menciono primero a quien López Obrador llama su hermano (“Dios los cría y ellos se juntan”), el destacado y próspero notario Adán Augusto López Hernández, quien dejó de ser el coordinador de los senadores de Morena, y se le dio la encomienda de atender asuntos de su partido en algunas entidades de la República. Esta tarea ¿se la encomendó Claudia Sheinbaum o fue su hermano? para intervenir más en el partido que fundó.
Su salida de la coordinación legislativa es sana. Tardía por supuesto. Piensen qué hubieran hecho los morenistas si a un líder del Senado en la época de los presidentes ahora de oposición, se les hubiera descubierto que al jefe de una banda de delincuencia organizada lo hubieran nombrado, cuando eran gobernadores, encargado de la seguridad pública en un estado de la República.
Otra decisión que fue oportuna por su realización adecuada, no por su momento, fue la salida del Centro de Investigación y Docencia Económicas (más conocido como el CIDE) de José Antonio Romero Tellaeche, quien al frente de esa importante institución de educación superior, nombrado desde la época de López Obrador, estaba acusado de arbitrariedades administrativas, acoso, plagio y un desempeño intelectual raquítico. Cuando fue notificado de su relevo, cuestionó su salida al considerar que no se satisfacían los requisitos formales que era necesario se reunieran para dejar esa responsabilidad.
Una remoción más que es de aplaudirse también, es la de Marx Arriaga Navarro, a quien se le había encargado y realizó libros de texto gratuitos para ciclos desde la primaria y que además de graves errores, son una forma de adoctrinamiento enfermo para los niños mexicanos.
Enhorabuena que salió. Remediar el mal hecho dentro del marco de la designada Nueva Escuela Mexicana costará millones de pesos para volver a imprimir esos textos, porque los actuales no pueden, por la salud de las nuevas generaciones, seguirse repartiendo.
Estos textos gratuitos, establecidos por Jaime Torres Bodet como secretario de Educación Pública, y que fueron una muy importante creación para el servicio de la educación nacional, gracias a este funcionario de la 4T tuvieron una preocupante regresión.
Estas modificaciones burocráticas tienen que seguirse haciendo, hay todavía muchos herederos de la nefasta administración pasada; están pendientes todavía solicitudes de renuncia, hágalas señora Presidenta. Solo se tiene una vez su responsabilidad. Conquistará más simpatías y tendrá de una inmensa mayoría la felicitación ciudadana. Demuestre su valor y patriotismo como Titular del Ejecutivo, no como una continuadora obediente de López Obrador.

