El futuro de la justicia en México se comenzó jugando al azar en una tómbola en el Senado de la República y ahora se decidirá con votos de acarreados y videos en redes sociales que compiten por cuál hace más el ridículo “para ganar likes”.
La campaña del poder judicial comenzó el pasado domingo 30 de marzo y durante 60 días seremos testigos de un proceso que desde su origen fue cuestionado. Son 3,422 candidatos que buscarán ser electos por el voto popular en cargos como jueces, magistrados y ministros el próximo 1 de junio.
Llevar a la arena de la competencia electoral a los encargados de impartir justicia tendrá un enorme costo al poder judicial, porque ya vimos cómo algunos aspirantes han protagonizado videos que si bien se volvieron populares un par de días, marcarán su futuro profesional con los motes que les pongan las redes sociales.
A lo que aspira cualquier sociedad es tener acceso a una justicia pronta, profesional y comprometida con la aplicación de las leyes. Por eso ponerlos a participar en una campaña les cambia por completo su papel profesional. La mayoría de las y los integrantes del poder judicial y quienes aspiran a formar parte de él, son especialistas en derecho, con una formación académica y técnica completamente alejada de lo que se hace en una campaña política.
Ahora ya los vemos en las redes sociales, encabezando eventos llenos de acarreados, vistiendo chalecos “campañeros”, usando un slogan y haciendo promesas, ya completamente metidos en el papel de que son candidatos y que su obligación es ganar simpatías. Como si aplicar la ley debiera ser un concurso de popularidad.
Todo esto vendrá acompañado de un derroche de dinero que no está permitido usar, porque no puede haber participación de partidos o sindicatos pero cuyas estructuras en la realidad ya comienzan a movilizarse en todo el país. Ya vimos el primer día de campaña a sindicatos organizando eventos que por mucho rebasan el tope de gastos estipulado por la autoridad electoral. ¿Qué es lo que sigue durante las próximas semanas? Seguramente comenzaremos a ver camiones de acarreados, comprometidos ciudadanos repartiendo tortas y a nuestras próximas y próximos jueces, magistrados y ministros pidiendo el voto y haciendo promesas con falsedades, pura demagogia aprovechando el desconocimiento que tiene la gente del sistema judicial.
Toda esta compleja situación es resultado de la aprobación de una reforma que viene mal de origen y que está demostrando en este proceso que sólo generará más corrupción de la que señalaban sus críticos, porque quienes logren formar parte del poder judicial serán los que cuenten con mayor apoyo de las estructuras partidistas oficiales.
Ahí es donde estará el mayor riesgo, que en poco tiempo será una realidad: se habrá partidizado por completo al poder judicial, con una elección que será muy cuestionada porque probablemente las y los ganadores de la elección estarán identificados con el grupo político que se encuentra actualmente en el poder, el mismo que como parte de su formación ideológica piensa constantemente en esa ya célebre frase de “no me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”.
Senador de la República y Vicecoordinador del Grupo Parlamentario del PAN