Se necesita preparación. Talento. Imaginación. Creatividad. Visión. Habilidad. Malicia. Perversidad.

Jesús Ramírez Cuevas posee esas características. Las demostró. El presihuachicolero, Andrés Manuel López Obrador, las probó. Le gustaron. Lo enamoraron. Se las compró. E incluso a su heredera –con él–, se las enjaretó.

Títere este, titiritero aquél, hicieron una mancuerna diabólica. Para devastar las instituciones. El Derecho. La democracia. Las libertades. El país. La evidencia está a la vista de todos. No requiere demostración.

Las decisiones irracionales. Alocadas. Autoritarias de uno. Difundidas. Recreadas magistralmente por el otro, como tanto les complacía, hicieron de la política y la comunicación, como nunca, el más formidable instrumento de dominación en México. Comparable con el que ejercieron Hitler y Goebbels.

El führer asesinó deliberadamente a millones de judíos inocentes. Andrés Manuel López Obrador provocó, por omisión. Negligencia. Insensibilidad, Dejadez durante la pandemia de coronavirus, el deceso de miles de personas. Su estrategia de seguridad es sinónimo de muerte. Hizo de México un panteón.

Con hechos. Datos. Cifras. Testimonios, es consistente la tesis de que Hitler y López Obrador se hermanaron en la comisión de delitos bestiales. Inhumanos. Sin paralelo. Los suyos fueron crímenes de lesa humanidad.

Desalmados ambos. Dueños de un poder absoluto. Enfermos de una vesania incontrolable, tuvieron un motor que los impulsó poderosamente. Paul Joseph Goebbels y Jesús Ramírez Cuevas fueron sus cerebros del mal.

Ideológica. Propagandística. Mediática. Política. Comunicacionalmente, fueron sus impulsores.

Uno y otro, aun con matices, resultaron. Fueron verdaderos criminales desde el poder público. Si aquél, al verse perdido, se suicidó, éste sigue entregado a saciar su hambre de maldad. Por él, sigue corriendo sangre en todo el territorio.

Esa infamia, objetivada socialmente, se hizo patente durante la crisis se salud pública que apagó al mundo. Mas el huachipresidente ya la había estado llevando a cabo en sus decisiones más importantes. Estuvo presente en el consentimiento que dio al crimen organizado para matar sin límites.

La maldad que hizo “nunca se vio”. Fue “aceptada” colectivamente. Por la forma como se la comunicó. Por eso le fascinaba el desempeño de Ramírez como su Coordinador de Comunicación. Igual que Goebbels con Hitler en el ministerio para la Ilustración y la Propaganda del Tercer Reich, cumplió eficazmente la misma función.

Convertir la mentira, el robo y la traición, en verdad, honestidad y lealtad, no fue obra de un improvisado. Fue el impecable trabajo de un genio maléfico. Perverso. Inmoral. Al desplegar para AMLO esas capacidades, siendo de su misma calaña, pudo brillar.

Del hombrecillo tabasqueño que tuvo sueños históricos de grandeza, acariciando siempre un lugar al lado de los próceres nacionales, se pueden decir muchas cosas. Hizo las peores canalladas. Traicionó a México. Pero hoy se ve que, al parecer, Ramírez Cuevas resultó más audaz que él.

Aconsejar. Sugerir. Manejar. Controlar a un hombre como López Obrador, para nadie fue posible. Pero su ex vocero, aparentemente, sí pudo hacerlo. Uno títere, el otro titiritero, el país se hundió en un pozo. Ellos también caerán.

Reconocido como artífice de las conferencias de cada mañana, que siguen con Sheinbaum sin ningún atractivo. Son realmente lamentables. Lastimosas, Ramírez decidía los temas que abordaría su jefe. Escogía, dádivas de por medio, a los seudoperiodistas que habrían de formularle preguntas. Todas a modo.

Disponía la reproducción de todas las peroratas del presidente en los medios afines. Incondicionales. Entregados. A los informadores de la Prensa formal. Reconocida. Profesional, los marginaba. Para ellos, la posibilidad de preguntar algo importante, muy pocas veces se dio.

Antes no se podía. Ahora tampoco se puede exponer a quien ocupa la titularidad del Poder Ejecutivo a una pregunta incómoda. Que le disguste. Le haga enojar. Equivocarse. Quedar mal.

Para AMLO en su sexenio, hoy para Sheinbaum, todo debe ser terso. Amable. Fácil. Para que, con el micrófono soldado en la boca, pueda explayarse. Excederse. Extraviarse en todos los temas habidos y por haber. Sin importar su nivel de importancia. Les incumban o no. Que los asuntos del Estado esperen.

Con ese modelo de comunicación, que los farsantes youtuberos llaman “circular” porque se daba y se da sólo entre un personaje y ellos como sus epígonos, la verdad presidencial fue única. Indudable. Incuestionable. Doctrinaria. De aceptación inmediata. Plena. Total. O había que atenerse a las consecuencias.

Está ampliamente documentado que el vocero presidencial hostigó a muchos verdaderos periodistas. Presionó a sus jefes, dueños de los Medios, para que los expulsaran.

La escandalosa escalada de asesinatos que se registró en el ámbito periodístico puede no ser atribuida al gobierno morenista. Pero nadie pondría en duda que el dueño en el sexenio pasado– de la banda presidencia. Las cámaras. Los tiempos, habría instigado algunos con sus sistemáticos ataques.

Apelar a todos los medios. Inclusos ilegales, fue norma. Regularidad. Constante. Ahogada la crítica, Ramírez hizo que los elogios. El respaldo. El “amor” al presihuachicol, se instalara en la conciencia social. Con los medios de comunicación, más que por cualquier otro, reafirmó su sueño de líder. Redentor. Caudillo. Dios. Y su proclividad a ser un despiadado tirano.

Las encuestas daban cuenta de grado de aceptación que tenía. Eran ordenadas “a la carta”. Pagadas a cualquier precio para que fueran altas y favorables. Vulgar. Descaradamente manipuladas a fin de colocar a un nefasto personaje entre los gobernantes más populares del mundo.

Maravillado por el manejo –mediante esos y otros recursos de la agenda nacional a placer con cualquier hecho “basura”. Difundido a nivel nacional como importante. A satisfacción total, López Obrador se entregó a Ramírez.

Aquél concibió el asesinato de la democracia. Con su verborrea mental. Su incontinencia oratoria. Su arbitrariedad, la concretó. Este hizo tragar el democraticidio a la inmensa mayoría de mexicanos por medio de la comunicación.

Con una disponibilidad de dinero a raudales, que supuestamente repartió entre allegados y socios, Ramírez Cuevas se habría enriquecido personalmente de manera obscena. Grotesca. Hoy, sin taxativas, Julio Scherrer Ibarra le formula graves acusaciones.

Empero, el caudal que habría recogido no debe ser para él lo más preocupante, a sabiendas de que el obradorismo no castiga la prevaricación, pero la premia.

Lo delicado está en los señalamientos que circulan profusamente en el libro Ni Venganza ni Perdón, que escribió Scherer Ibarra en coautoría con Jorge Fernández Menéndez.

En la afirmación del ex consejero jurídico de la Presidencia que encabezó Andrés Manuel López Obrador, sostiene que Jesús Ramírez, ¡jefe de asesores de la presidenta Sheinbaum!, estuvo relacionado con Sergio Carmona, conocido como “El Rey del Huachicol”.

Más grave aún: la revelación de que habría presentado a ese oscuro personaje, asesinado en Nuevo León, al mismísimo presidente Andrés Manuel López Obrador y con el actual titular de Educación, Mario Delgado Carrillo, refleja nítidamente su capacidad de titiritero. Con AMLO, una hazaña.

Eso, eventualmente, habría derivado en que Carmona, por petición y/o anuencia de AMLO, se convirtiera en el abastecedor de recursos económicos destinado a las campañas de gobernadores.

No es de dudar. De investigarse esa denuncia, se comprobaría que el poder de Morena descansa sobre la relación de sus líderes –empezando por López Obrador y Mario Delgado–, con los jefes de los cárteles. El reiterado señalamiento de Estados Unidos de que estos gobiernan México, sería probado.

Haber prohijado una enorme casta de aliados. Incondicionales. Cómplices. Al grado de que en Morena casi nadie estaría exento de haberse vinculado y beneficiado de algún vínculo con el crimen organizado, lo sabemos, en México no habrá consecuencias. Prevalecerán la corrupción y la impunidad.

Pero no por eso los narcopolíticos podrán estar tranquilos. No están a salvo. Lo saben. Deben tenerlo muy presente. Porque ahí está Donald Trump. Anda de cacería… y los tiene en la mira.

Línea de Fuego

Satisfacción nacional, porque el mequetrefe Marx Arriaga haya sido echado después de tanto daño que hizo a la educación. Reservas, en la llegada de Nadia López García. Empero, merece un voto de confianza… ¡Seremos estúpidos! si elegimos a Mariana Rodríguez como gobernadora de Nevo León, dicen ciudadanos de esa entidad. La posibilidad de que Samuel García le deje el cargo, ya se conoce como un intento de “transición genital”… Rosaura Martínez Ruiz es integrante de la Junta de Gobierno de la UNAM por méritos propios. La solidez de su formación, conocimientos, experiencia y obra están fuera de toda duda. Sus apellidos son motivo de orgullo por el abolengo académico de sus padres, no instrumento de influencia… David Colmenares Páramo cumplirá ochos años como titular de la Auditoria Superior de la Federación (ASF). Y quiere otro periodo. ¿Por qué, para que satisfaga sus ansias y ambiciones de poder, mejor no se escritura a su nombre esa institución? La oposición a que continúe, deriva de su despotismo y nepotismo, que practica con maltratos frecuentes a sus subordinados, según denuncian algunos de ellos… ¿“¡El sapo!” (como lo apodan hasta sus más cercanos colaboradores), Mario Delgado, de regreso a su partido como “operador”? Su financista Sergio Carmona ya no existe. No contaría con dinero para hacer ganar a candidatos rufianes. Además, tendría los ojos de todos encima para detectar sus arreglos narcopolíticos, le han advertido… Hagan lo que hagan, pero hasta ahora, “El Buitre” Gallardo, “El Cachorro” Monreal y “El Toro” Salgado, se van a salir con la suya. El primero, heredándole la gubernatura a su esposa en San Luis Potosí; el segundo recibiendo la de Zacatecas de manos de su hermano, y el tercero haciendo lo propio de parte de su hija. Falta saber qué quiere “El Chango” León. ¡Vaya zoológico político! apuntado para gobernar. Lo que eso significa para los tomboleros y acordeoneros.

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