El país podría perder su mayor fuente de empleos bien pagados, sus exportaciones más fuertes y su principal vínculo económico con el mundo, y no parece que estemos conscientes de ello. Mientras unos se concentran en debates ideológicos, pleitos políticos o repartir culpas, nuestro presente se resquebraja. El golpe ya llegó. La pregunta es: ¿vamos a reaccionar, o nos vamos a quedar mirando cómo se apaga el motor que mueve nuestra economía?

La industria automotriz no es cualquier cosa. Es el corazón de nuestras exportaciones, el músculo que nos mantiene conectados con el mundo. De cada tres dólares que México exporta, uno viene de coches o autopartes. Así de importante. Representa el 4.7% del Producto Interno Bruto y da trabajo a más de un millón de personas. Pero no cualquier trabajo: son empleos que pagan, en promedio, el triple del salario nacional. Y a pesar de todo esto, hoy está bajo amenaza.

¿Qué pasó? Estados Unidos está cambiando las reglas del juego. Donald Trump quiere "reindustrializar" su país. ¿Cómo? Imponiendo aranceles, es decir, cobrando impuestos a lo que se produzca fuera. Aún no nos han impuesto aranceles a los productos mexicanos protegidos por el T-MEC, pero porque lo que producimos está muy integrado, pasa varias veces la frontera de un lado a otro para ir produciendo un mismo producto por partes. Están descubriendo cómo poner un arancel a las partes que vengan de México y dejar libre de arancel a las estadounidenses, no es tarea fácil pero están trabajando en ello.

Muchos mexicanos parece que ya no creen en el cuento de los aranceles por tantas veces que EE.UU. los ha pospuesto, pero en Canadá saben que son una realidad y por ello ya tomaron medidas. Creo que está bien que México no caiga en el juego de buscar una guerra comercial con nuestro mayor socio, pero está muy mal que debilitemos nuestra economía en lugar de fortalecerla, que no hagamos lo que nos toca.

Antes, el famoso T-MEC —el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá— nos protegía. Era como tener un pase VIP para vender sin broncas en el mercado más grande del mundo. Pero ahora, ese T-MEC ya no es lo que era. Le quitaron los dientes. Le dicen "descafeinado" porque ya no garantiza estabilidad, ni certidumbre, ni trato justo. Nadie puede garantizar que no habrán nuevos aranceles en los próximos meses. Sin ese seguro, México dejó de ser tan atractivo para los inversionistas.

Y los números lo confirman. De 2007 a 2022, México recibió en promedio 13 mil millones de dólares al año en inversión extranjera por proyectos NUEVOS, inéditos negocios que crearon nuevos empleos. Gente de otros países confiaba en nosotros. En casi todos esos años, llegaban más de 10 mil millones anuales. Pero en 2024, apenas llegaron 3 mil millones. ¿Cuándo recibimos tan poca inversión extranjera en proyectos nuevos? En 1993, cuando éramos 40 millones de mexicanos menos. Una regresión de tres décadas. Como si México hubiera viajado al pasado, pero sin nostalgia, sin Walkman y sin esperanza.

Y ojo, este golpe no es culpa de Trump. Esto viene de antes. México lleva cinco meses seguidos con decrecimiento económico. Desde octubre del año pasado ya veníamos en picada y Trump asumió el cargo hasta enero de 2025. La verdad incómoda es que los errores son nuestros. Nos ganó la ideología. Antepusimos discursos políticos emocionales a decisiones necesarias y basadas en conocimiento. Y eso alejó la generación de empleos.

Hoy no hay energía limpia suficiente para sostener nuevas industrias. No hay seguridad jurídica. Las carreteras están deterioradas. No estamos capacitando a los jóvenes para las habilidades digitales que el mundo exige. Y encima, reformamos mal el sistema de justicia. El caso de Cuauhtémoc Blanco lo dejó claro: el expediente en su contra estaba mal armado de acuerdo con el gobierno, pues el problema entonces no son los jueces, el problema viene desde antes, desde las fiscalías, desde la falta de recursos e incentivos para hacer una investigación adecuada, pero ¿quién pagó los platos rotos? Los jueces y la certidumbre en México, pues nadie sabe en qué acabará la reforma judicial y a las inversiones que crean empleos no les gusta para nada la incertidumbre; no saber si habrá quien defienda a los mexicanos y las empresas de abusos de la autoridad.

Como país, ya perdimos la gran oportunidad del nearshoring, esa relocalización de fábricas que buscaban salir de China para acercarse a Estados Unidos. México tenía la mesa servida: ubicación geográfica, experiencia manufacturera, tratado comercial. Y la dejó pasar. Ahora no sólo ya no llegan fábricas nuevas. Ahora está en riesgo el comercio que ya tenemos con Estados Unidos, que es nuestro mayor motor económico. El golpe está dado. Y no hay plan B.

Algunos dirán que podemos “diversificarnos”. Que hay que voltear a Asia, a Sudamérica, a otros mercados. Suena bonito. Pero la realidad es otra. No hay modelo económico alternativo que nos salve si perdemos a Estados Unidos como socio principal. El mercado interno mexicano tiene 130 millones de personas, el mundo tiene más de 8 mil millones, es 62 veces más grande.

El poder de compra de Estados Unidos es brutal: su economía vale 28 billones de dólares, mientras que la de México apenas llega a 1.8 billones. Y solo en importaciones, Estados Unidos compra más de 4 billones de dólares al año, o sea, más del doble del valor total de toda la economía mexicana. No tenemos con qué sustituir eso. Y no hemos hecho nada serio para preparar una alternativa.

Trump puede soñar con revivir fábricas en Detroit, pero lo cierto es que a base de aranceles no lo va a poder lograr, porque los aranceles en el pasado nunca han hecho florecer a la industria del país que los impone, lo único que ocasionará es un golpe a toda Norteamérica, incluyendo a México, que es el país más vulnerable de los tres porque no se ha fortalecido en otras áreas.

Esta es la última llamada. No hay más margen de error. Si los mexicanos no reaccionamos ahora, esta generación podría perder su futuro. No podemos darnos el lujo de seguir cometiendo los mismos errores. No podemos seguir culpando al pasado mientras dejamos pasar el presente. México necesita ponerse las pilas, recuperar la confianza, volverse competitivo, atractivo, confiable.

Porque el motor automotriz y exportador ya está fallando. Y si no lo reparamos, nos vamos a quedar varados en el camino.

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Google News

TEMAS RELACIONADOS