¿Te imaginas que tu paquete de Amazon ya no llegue mañana sino en diez días o más? ¿O que quieras viajar pronto a otros país y encuentres precios prohibitivos y pocas opciones? Parece exagerado, pero eso podría pasar si se rompe un acuerdo que hoy está en el centro de una discusión entre México y el gobierno estadounidense: el famoso acuerdo bilateral aéreo.
Este acuerdo —que suena técnico pero es más importante de lo que crees— permite que aerolíneas de México y Estados Unidos vuelen libremente entre ambos países sin tanta burocracia. Gracias a eso, miles de vuelos despegan cada semana, los productos que compras te llegan más rápido, los boletos cuestan menos y tú puedes comprar, viajar o trabajar obteniendo un precio más competitivo. Por ello, Yuriria Mascott le llama el T-MEC aéreo mexicano, y platiqué con ella de esto en mi podcast en Blanco y Negro: https://www.youtube.com/watch?v=yBdAv3-TsuM
Pero ahora ese acuerdo está en riesgo. Estados Unidos acusó al gobierno mexicano de romper las reglas del trato que ambos países firmaron en 2015. Según ellos, México no avisó, no justificó y no consultó decisiones clave que afectan a las aerolíneas estadounidenses. Y como toda pelea internacional, esta ya tiene amenazas sobre la mesa: sanciones, restricciones y una posible sacudida a la aviación comercial mexicana. ¿El resultado? Un golpe directo a tu bolsillo.
Para entender la importancia del tema hay que ver lo que se ha logrado. Antes del acuerdo bilateral, México y EE.UU. solo permitían que dos aerolíneas por país operaran entre cada par de ciudades. ¿Quieres volar de la Ciudad de México a Houston? Solo podían hacerlo dos empresas mexicanas y dos norteamericanas. Eso significaba menos opciones y precios más altos. En ese tiempo, había poco más de 1,100 rutas aéreas. Hoy, esa restricción ya no existe con el acuerdo en marcha, y gracias a ello hay más de 2,400 rutas. ¡Se duplicó la conectividad!
Esto no sólo beneficia a quienes viajan en avión, muchos de los productos que compras llegan por avión o alguno de sus componentes llegan por avión, nos afecta a casi todos.
Además, el acuerdo eliminó muchos trámites. Antes, cada nueva ruta requería pedir permiso al Departamento de Transporte de EE.UU., un proceso largo y costoso. Hoy, con el convenio vigente, las aerolíneas pueden volar libremente si cumplen con los requisitos de seguridad y operación. También permitió alianzas internacionales como la de Aeroméxico y Delta, que coordina vuelos, horarios y precios para hacer más eficiente el servicio. Eso beneficia tanto a las empresas como a los pasajeros.
Y eso no es todo. Este acuerdo también impulsó el comercio electrónico. Cuando en 2013 comenzó a despegar el e-commerce, representaba apenas 1.5 % del PIB mexicano. Pero gracias a la facilidad para mover carga por avión, ese número creció hasta alcanzar el 6.4 % del PIB en 2023. Eso significa que más productos, como iPads, microchips o electrónicos, llegaron más rápido, más barato y más seguros. Hoy, muchos de esos artículos viajan por avión en cuestión de horas desde Estados Unidos, China o Europa hasta tu casa.
Aquí entra el punto clave: sin este acuerdo, todo eso se pone en riesgo. Las rutas podrían reducirse, los costos de viajes y de envío de paquetes subirían, y la velocidad de entrega se desplomaría. ¿Te suena grave? Pues el problema ya empezó.
En 2022, el gobierno mexicano decidió reducir los llamados “slots” (espacios para despegar o aterrizar en un espacio del aeropuerto determinado a una hora determinada) en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Pasaron de 52 a 43 aterrizajes y despegues por hora, según el propio gobierno, por motivos de “seguridad y saturación”. Con esto forzó a las empresas a que toda la carga aérea y algunos vuelos se mudaran al Aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA) para darle vuelos a este aeropuerto porque casi nadie lo quería utilizar; esta medida obligó a muchas empresas a duplicar gastos, contratar más personal y cambiar su logística sin tiempo para adaptarse. Este incremento de costos lo estamos pagando los consumidores.
¿Dónde está el problema? En que esas decisiones se tomaron sin consultar a Estados Unidos, lo cual viola el acuerdo bilateral. Según las reglas del tratado, México debe avisar con tiempo, justificar con estudios técnicos y sentarse a dialogar con sus contrapartes antes de hacer cambios que afecten a aerolíneas extranjeras.
El Departamento de Transporte de EE.UU. (DOT, por sus siglas en inglés) acusó formalmente a México de romper ese compromiso. Y no es un reclamo menor. Ya advirtieron que podrían obligar a las aerolíneas mexicanas a solicitar permisos uno por uno para operar en Estados Unidos (como antes del 2015), prohibir vuelos chárter, o incluso revocar la protección antimonopolio de la alianza entre Aeroméxico y Delta, lo cual afectaría mucho a la aerolínea mexicana y a sus usuarios.
El gobierno mexicano, por su parte, asegura que las decisiones se tomaron por razones técnicas. Argumenta que el AICM está saturado, que el AIFA tiene más espacio, y que todo esto busca mejorar la seguridad. Esto es sólo parcialmente cierto y se resolvería fácilmente con otras soluciones más prácticas que descartó el gobierno. Pero el reclamo estadounidense no es sobre si México puede cambiar su política aérea —claro que puede—, sino sobre cómo lo hizo: sin avisar, sin justificar y sin consensuar, como lo exige el artículo 13 del propio acuerdo. México nunca envió un estudio que pudiera justificarlo.
¿Y si todo esto estalla? Bueno, si el acuerdo se rompe, lo primero que verás es que los vuelos a EE.UU. serán más caros y habría menos vuelos a México, lo que afectaría gravemente a sectores como el turismo, del cual viven millones de familias mexicanas.
Las aerolíneas mexicanas perderían competitividad frente a las estadounidenses. La entrega de productos tardaría más y costaría más. Las inversiones extranjeras podrían dudar en llegar. Y muchos empleos relacionados con turismo, comercio y logística podrían verse afectados.
Porque esto no va solo de aeropuertos, aviones o slots. Va del tipo de país que queremos ser. Uno cerrado, lento, caro y aislado... o uno conectado, competitivo, atractivo y moderno. Si México quiere atraer inversión, exportar microchips, promover turismo y reducir desigualdad, necesita estar conectado. Y eso empieza por cuidar acuerdos como este.
Hay tiempo para salvarlo. Ya se instalaron mesas de diálogo con Estados Unidos y se espera que ambas partes negocien una solución. Pero esto no es solo un tema de técnicos o diplomáticos. Nos afecta a todos. Y si no lo cuidamos, la próxima vez que compres algo en línea o intentes volar a Estados Unidos, te vas a acordar de este acuerdo... cuando ya sea demasiado tarde.






