¿Y si dejamos de hacer lo mismo esperando resultados diferentes? Llevamos 30 COPs —treinta cumbres internacionales sobre el clima— y no logramos ni siquiera estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. La meta de limitar el calentamiento global a 1.5 grados ya quedó atrás, y ahora muchos solo aspiran a que no pasemos de los 2 °C. Pero si seguimos con la misma receta, ¿por qué esperamos un resultado distinto?

Tenemos que cambiar de estrategia. Como me dijo alguna vez el Dr. Mario Molina, mexicano y Premio Nobel por su trabajo sobre la capa de ozono, el cambio climático es la mayor amenaza que enfrenta la humanidad, pero por ello es la mayor oportunidad económica.

No sirve de nada quedarnos paralizados con la angustia climática: hay consecuencias graves y por ello hay que actuar, sí, pero también posibilidades reales de salir adelante. No se trata de salvar el planeta sólo por altruismo; se trata también de construir una nueva economía, una mejor forma de vida.

De esto platiqué con el Dr. Rodolfo Lacy para el podcast En Blanco y Negro (pueden escucharlo completo en este ). Lacy fue claro desde el inicio: el impacto del cambio climático no es parejo. Golpea con más fuerza a los que viven en ecosistemas vulnerables, sobre todo en zonas con petróleo, selvas o recursos naturales en riesgo. De acuerdo con Lacy, no importa qué tan cómodo esté hoy un país: si no se adapta, el futuro puede darle una amarga sorpresa.

¿Y si llegamos a los 2 °C de aumento? Lacy explicó que eso nos llevaría a calor constante, huracanes más intensos, lluvias impredecibles. Ya no hablamos de ciencia ficción. Hablamos de comunidades indígenas que hoy pierden su cultura y su hogar porque ya no pueden predecir el clima. De acuerdo con Lacy, si seguimos así, cientos de millones de personas no van a lograr sobrevivir: tendrán que migrar o morir.

El cambio climático destruye cosechas, altera lluvias, reseca regiones fértiles. La agricultura tradicional, la que sostiene a millones, ya no funcionará en muchas partes del mundo. De nuevo, como explicó Lacy, comunidades rurales e indígenas perderán su cultura, su sustento, sus redes sociales de apoyo. Y si no somos capaces de cambiar el rumbo, nuestra generación podría ser la primera en dejar un mundo peor que el que recibió.

Sí, la tecnología ayudará —es cierto. Paneles solares, autos eléctricos, agricultura regenerativa. Pero como también señaló Lacy, no hay tecnología que reemplace la voluntad. Necesitamos dejar de contaminar por convicción, no por obligación.

El problema es que no todos quieren cambiar. Algunas potencias, las industrias fósiles, la agroindustria... muchas de ellas frenan las políticas climáticas porque cambiar implica costos, claro, pero como también dijo Lacy: en el largo plazo, ser sustentables no es un costo, es un ahorro. Es más barato adaptarse ahora que reconstruir el desastre después.

Necesitamos dejar de ver esto como una amenaza y empezar a verlo como lo que también es: una enorme oportunidad. No basta con seguir haciendo cumbres, necesitamos poner manos a la obra. Impulsar la innovación, el emprendimiento, la economía verde. Crear empleos verdes, empresas que produzcan paneles solares, bicicletas eléctricas, biocombustibles. En vez de importar autos eléctricos, ¿por qué no fabricarlos aquí?

En Brasil, país petrolero, el 86 % de la electricidad es hidroeléctrica. Eso demuestra, como resaltó Lacy, que hay otros caminos. En México tenemos más sol, más viento, más geotermia que muchos países. ¿Por qué no aprovecharlo? En lugar de invertir en refinerías o termoeléctricas con combustóleo, deberíamos apostarle al sol que nos sobra. ¿Para qué llorar por el petróleo que no tenemos si tenemos todo para liderar la energía del futuro?

Como país tenemos el potencial de liderar una transformación energética. Pero necesitamos políticas públicas claras, inversión decidida, una ciudadanía que exija coherencia. No podemos seguir vendiendo combustibles fósiles mientras damos discursos verdes. No se trata solo de coherencia: se trata de legitimidad.

Ya no estamos en la etapa de “crear conciencia”. Ya todos sabemos que el cambio climático es real. Ahora toca actuar. Y como me dijo Lacy al cerrar la conversación, sí hay opciones, sí hay soluciones, sí podemos cambiar el rumbo. Pero no queda mucho tiempo. Si vamos a apretar tuercas, que sea ya. Que esta vez, la COP no se quede en palabras.

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