La fotografía de un grupo de pastores y líderes religiosos imponiendo sus manos sobre el presidente Donald Trump dio la vuelta al mundo, para muchos lectores poco habituados al tema les pareció algo sorpresivo y fue comentado en muchos medios como una prueba del carácter de las iglesias y su involucramiento en la guerra recientemente iniciada. En términos estrictos e históricos el asunto no sería novedoso para los expertos. Hasta en un país que hace galas de laicismo y separación entre estado e iglesia cómo México, tiene una congregación religiosa católica especializada en pastoral militar que trabaja en forma discreta, pero con suma eficacia en todas las zonas militares y navales, no tienen un status “visible” y formalmente sólo se dedican a la asistencia espiritual de las familias de los militares.

Los religiosos han acompañado a los ejércitos en marcha desde hace mucho tiempo y en el mundo cristiano se tiene registrada su presencia desde los tiempos del emperador Carlomagno (siglos VII y VIII) cuando comienza a ser sistemática la presencia de sacerdotes o diáconos soldados. Inicialmente estuvieron bajo la tutela de los obispos locales, pero en el siglo XVIII comienzan a independizarse y estarán dirigidos por obispos militares. En el caso particular de las Fuerzas Armadas de los diferentes países si bien cada cual tiene una legislación propia, podemos decir que existen criterios bastante uniformes a nivel internacional, definidos formalmente por los Convenios de Ginebra del 8 de junio de 1977 (art.43.2) donde se establece que los capellanes militares no son combatientes, ni tienen derecho a participar en las hostilidades, en el caso de ser capturados pueden ser devueltos o decidir permanecer para dar asistencia espiritual a los prisioneros de guerra.

En virtud de la complejidad de las creencias religiosas, hay ejércitos que además de incluir a los capellanes de las principales denominaciones religiosas presentes en su país crearon la categoría de capellanes “humanistas quienes dan asistencia espiritual a personas que no están vinculados con propuestas religiosas específicas. Los capellanes tienen un papel muy importante en el tratamiento de heridos graves o fallecidos que requieren un trato funerario adecuado a las creencias religiosas del personal.

La Iglesia Católica ha definido como estrategia organizacional la existencia del “Ordinariato Militar”, una jurisdicción funcional y no territorial, lo que lleva a la configuración de una diócesis especial dedicada a la asistencia espiritual de los miembros de instituciones militares, estructuras militarizadas e incluso organizaciones policiales, incluyendo en estos “espacios” a las familias de los militares, a personal civil de los institutos armados y en ciertos casos puede abarcar poblaciones civiles que habita poblaciones aledañas a bases militares.

El papa Juan Pablo II en 1986 emitió la , que otorgó a las instituciones religiosas castrenses el carácter de circunscripciones eclesiásticas especiales, con el mismo rango que una diócesis y con estatutos propios y el 15 de noviembre de 1997 dejó de asignarles a los obispos castrenses una “sede titular” y pasaron a ser designados como arzobispo u obispo castrense del país respectivo donde estuviera asignado, incardinándose el personal religioso a dicha sede episcopal.

Prácticamente todos los ejércitos del mundo de países de mayoría cristiana tienen capellanes militares incorporados a las fuerzas armadas con carácter no sólo oficial, sino que tienen rango militar y cobran un sueldo como integrantes de las fuerzas armadas, en su mayoría no portan armas ni son combatientes, pero si tienen un uniforme que los identifica como personal militar. En la mayoría de los países latinoamericanos en función del rol preferente que le otorgan a la Iglesia Católica los capellanes militares son exclusivamente católicos y prácticamente todo el personal debe participar de misas y otras ceremonias religiosas.

En los ejércitos de Estados Unidos, Canadá y países de la OTAN y aliados cercanos como Australia y Nueva Zelandia los capellanes militares reflejan la pluralidad y diversidad religiosa del personal reclutado y existen capellanes militares de diversas denominaciones protestantes, católicos, judíos y musulmanes. En el ejército inglés y en varios países de la Commonwealth (Comunidad británica de naciones) los capellanes militares con roles más significativos son los de la Iglesia de Inglaterra y de la Iglesia de Escocia de tradición anglicana y presbiteriana.

En los países socialistas con sistema de partido único, evidentemente no existen capellanes militares, pero el control ideológico de las fuerzas militares es ejercido por personal del partido comunista asignado a cada espacio militar con ese objetivo. Después de la Caída del Muro de Berlín y la descomposición de la Unión Soviética, el ejército de la Federación Rusa pasó a tener capellanes militares de la Iglesia Ortodoxa Rusa a quienes se les asigna un papel muy importante en el mantenimiento de la “moral de combate” del personal que participa en acciones militares efectivas, cómo es el caso del frente ucraniano. Según el Patriarca Kiril se organizó con enfoque militar el Seminario Teológico de Rostov para formar seminaristas con esta vocación de Servicio.

Estos datos son importantes para que entendamos que cada contrincante y combatiente piensa que “Dios está de su lado” en la construcción de una “moral de combate” y las guerras son “entre hombres” y “entre dioses” asignándole a los conflictos el carácter de “Cruzada medieval”.

Doctor en antropología, profesor investigador emérito ENAH-INAH

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