Por EDUARDO SAUCEDO

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Las Sociedades Financieras Populares (SOFIPOS) nacieron en 2001 con la misión de promover la inclusión financiera, especialmente entre sectores de la población o regiones geográficas que habían quedado fuera del sistema bancario. La Ley de Ahorro y Crédito Popular (LACP) creó estas entidades como una alternativa regulada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), autorizándolas a ofrecer servicios similares a los de un banco –como cuentas de depósito a distintos plazos y otorgamiento de crédito—, aunque bajo un marco regulatorio distinto y menos exigente que el de los bancos comerciales.

Desde su creación, el número de SOFIPOS en México ha cambiado de forma constante. Los datos de la CNBV comienzan en 2009, cuando existían 31 sociedades. El máximo se alcanzó en 2015, con 45 entidades registradas. Actualmente, operan 36 SOFIPOS en el país. En los últimos años, estas entidades han impulsado una estrategia nacional de captación de clientes a través de servicios digitales, sin necesidad de una red extensa de sucursales físicas. Este enfoque les ha permitido posicionarse como un actor relevante del sistema financiero mexicano y, al mismo tiempo, como un canal importante para fomentar el ahorro y ampliar el acceso al crédito.

El número de clientes de las SOFIPOS ha crecido de manera sostenida y acelerada en los últimos años. En 2009, el sector tenía 1.62 millones de usuarios; para 2019 la cifra ascendió a 4.87 millones (tasa de crecimiento anual promedio de 11.6%). No obstante, el verdadero salto se ha dado desde 2020 y hasta la actualidad, pasando de 4.4 millones de clientes en ese año a superar los 32 millones en 2025 (tasa de crecimiento anual promedio de 48%). La llegada de Nu al mercado mexicano explica gran parte de este aumento.

En 2021, Nu desplegó una estrategia agresiva de atracción de usuarios al ofrecer rendimientos significativamente superiores a los del resto del sistema financiero. Esa estrategia, combinada con otros incentivos comerciales, le permitió captar cerca de 2.8 millones de nuevos clientes en un solo año. Su participación de mercado pasó del 0.1% en 2021 a alrededor del 33% en 2022. El crecimiento continuó y, para septiembre de 2025, Nu México registraba poco más de 13 millones de clientes, lo que la convierte en la SOFIPO más grande del país, con más del 40% del total del sector.

Tabla 1: Distribución del total de clientes de las SOFIPOS en México

Datos a Septiembre de 2025

SOFIPOSNu MéxicoKlarStoriLibertadCrediclubOtras 31 SOFIPOS
Participación40.8%18.1%17.2%7.5%5.6%10.8%

Fuente: Elaboración propia con datos de la CNBV.

Con base en los datos más recientes disponibles, la Tabla 1 muestra la concentración actual del mercado: después de Nu México (40.8%), Klar se ubica como la segunda SOFIPO más importante del país (18.1%), seguida por Stori (17.2%), Libertad (7.5%) y Crediclub (5.6%). Estas cinco instituciones concentran aproximadamente el 89% del total del mercado, mientras que el 11% restante se encuentra pulverizado entre las otras 31 entidades.

Nu México, tras consolidar una participación dominante dentro del sector, obtuvo en abril de 2025 la autorización para convertirse en banco comercial. Klar ha seguido una ruta similar y también solicitó autorización para transformarse en banco. No sería sorprendente que otras entidades, como Stori, busquen lo mismo en el futuro. Todo indica que algunas SOFIPOS adoptan estrategias particularmente agresivas para captar clientes y así fortalecer su escala operativa antes de migrar al modelo bancario tradicional.

Aquí surge un punto central del debate. Uno de los objetivos originales de las SOFIPOS era atender a población históricamente excluida del sistema financiero. Sin embargo, los datos actuales sugieren que este propósito podría estarse cumpliendo de manera parcial. Parte importante de su crecimiento parece provenir de clientes que ya formaban parte del sistema bancario tradicional y que cambian de institución por rendimientos atractivos u otros incentivos comerciales.

Si ese es el caso, sectores históricamente desatendidos por la banca tradicional no estarían siendo incorporados por las SOFIPOS, lo que cuestiona el alcance real de su objetivo de inclusión financiera. Cabe preguntarse si los incentivos establecidos en la Ley de Ahorro y Crédito Popular siguen alineados con su propósito original. La figura de SOFIPO no debería ser un paso temporal hacia un modelo bancario tradicional, donde el negocio resulta más rentable.

Tal vez sea momento de revisar el marco regulatorio para fortalecer a las SOFIPOS como entidades permanentes, incentivando su crecimiento bajo este modelo y no sólo como antesala de la banca tradicional. El éxito del sector no debería medirse únicamente por el número de clientes, sino por el cumplimiento efectivo del propósito de inclusión financiera que México requiere.

Director del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey

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