El verano está por terminar. Desde hace al menos un lustro, se han venido rompiendo los máximos de calor alcanzados durante esta estación. Los desastres naturales igualmente siguen creciendo, desde la ausencia de huracanes en el Océano Atlántico hasta la tragedia de Nepal, muestran que el cambio climático es una realidad y que cada vez es más intenso. Conviene traer a colación el número de decesos en algunos lugares del mundo para darnos una mejor idea del efecto de este fenómeno en términos de vidas humanas.

En México, según algunos medios de comunicación las defunciones, asociadas a altas temperaturas, habría sido de 121 personas a nivel nacional. No son cifras oficiales y deberemos esperar al cierre del año que el sector salud y el INEGI otorguen los datos finales, pero es un indicador del posible costo en términos de vidas humanas asociadas al calor.

En Europa no corrieron con mejor suerte: un dato preliminar y que, igualmente, debe ser tomado con reserva, es que se han registrado 35,000 defunciones atribuidas a las altas temperaturas registradas durante el verano del 2026. Alemania, Francia y España lideran la lista sumando entre los tres cerca de 25 mil casos.

Los datos de Estados Unidos son mucho menos alarmantes que los de Europa: 25 decesos asociados al calor en el Estado de Nueva Jersey. No son evidentes las noticias sobre este tema en otros estados de la Unión Americana, por lo que deberemos esperar al cierre de año para cuantificar el impacto global en este país.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Asia concentra aproximadamente el 45% de defunciones vinculadas con altas temperaturas en el mundo. El organismo reporta 489 mil defunciones en el orbe, siendo Asia y Europa los países más afectados.

De confirmarse la veracidad de dichos datos preliminares, podríamos decir que el costo en pérdidas de vidas humanas, asociados a altas temperaturas, ya se registran en múltiplos de cien mil. En 2026, probablemente estaremos rondando el medio millón. Una cifra nada despreciable pero que todavía no enciende las alarmas internacionales para actuar a favor del medio ambiente.

A este paso pronto estaremos hablando de millones. Mi pronóstico es que esto podría ocurrir entre el próximo año y el 2030. Tal vez entonces la cifra sea tan escandalosa que lleve a los países a tomar medidas drásticas que, ahora sí, mitiguen el cambio climático. No es necesario llegar a tal punto si actuamos ahora, pero eso no está ocurriendo.

Pronto tendrá lugar el evento internacional de la llamada conferencia de las partes COP 31, que tendrá lugar en Turquía en noviembre del presente año. Como en otras ocasiones lo más probable es que sólo se explicará porqué no se lograron las metas climáticas comprometidas y que, ahora sí, se tomarán medidas para remediar el estado del mundo. Puras promesas.

En el corto plazo difícilmente se tomarán medidas drásticas en el mundo, mucho menos si las medidas son voluntarias y no se crea un marco coercitivo que obligue a países, empresas y ciudadanos a proteger el medio ambiente. Mientras esto no se haga el número de decesos asociados a las altas temperaturas seguirá creciendo. Tal vez cuando se cuenten por millones, en lugar de cientos de miles, por fin haremos algo.

Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM

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