Las personas tenemos identificados los días en que se celebran o conmemoran diversas fechas, el calendario oficial de un país contempla ciertas fechas en las que se deben realizar eventos en torno a ellas con el objetivo de que no pasen desapercibidas, incluso se llegan a considerar como días inhábiles por la importancia y relevancia de las mismas; específicamente en marzo esperamos el 8 y el 21 porque son consideradas las más relevantes, pero sucede que entre esas fechas hay una particularmente especial y que debiera ser igualmente reconocida con todos los honores: el 20 de marzo, “Día Internacional de la felicidad”.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 20 de marzo del año 2012 como “Día Internacional del a felicidad”. Si bien la felicidad es un asunto personal, multifacético, subjetivo y que varía de acuerdo a cada individuo, abarca no solo al sujeto sino a la comunidad en la que se desarrolla y que esta se encuentre ausente de malestar emocional.
Diversas estrategias emprenden los gobiernos en el mundo con el fin de procurar bienestar en su población, el bienestar implica, entre otras cosas, que las personas logren la realización personal, resuelvan sus necesidades económicas, educativas, alimentarias, de salud o culturales. Al cumplir esos objetivos están naturalmente incidiendo en la felicidad de sus gobernados. En 2014, la UNESCO echó a andar el “Proyecto Escuelas Felices”, en Bangkok, modelo centrado en el bien-estar de las infancias y que prioriza la felicidad escolar.
Y es que la felicidad está íntimamente relacionada con múltiples beneficios, como son menor incidencia de enfermedades crónicas, mantiene el sistema inmunológico saludable, mejora la creatividad, reduce la probabilidad de conflictos, mejora la calidad de vida e incluso se ha relacionado con una mayor longevidad. Los budistas sostienen que “Todos los seres humanos somos iguales, buscamos la felicidad y tratamos de evitar el sufrimiento”. En Bután, país budista, una de las formas de medir la riqueza es con la medición del “FID” (Felicidad Interna Bruta), indicador que define la calidad de vida en términos más holísticos y psicológicos que el Producto Interno Bruto (PIB) basado en términos económicos.
Según el Informe Mundial sobre la Felicidad del 2023, los países con poblaciones más felices del mundo son, en orden de la primer a última posición: Finlandia, Dinamarca, Islandia, Suiza, Países Bajos, Luxemburgo, Suecia, Noruega, Israel, Nueva Zelanda y Austria; el común denominador de estos países es su fuerte y robusto sistema de bienestar social.
El próximo 20 de marzo, Naciones Unidas dará a conocer el Informe Mundial de la Felicidad 2025 y sabremos no solo qué tan felices somos en el mundo, sino la clasificación de países según su nivel promedio de satisfacción con la vida.
En México, los gobiernos progresistas ponen sus mayores esfuerzos en todo lo referente al bienestar social, tenemos un gobierno con vocación humanista convencido que el bienestar conlleva a la felicidad de su población. Quizá ni los más grandes filósofos se han atrevido a dar un único concepto de felicidad, lo que sí han sostenido es que la felicidad debería ser el objetivo humano fundamental o primordial, un propósito general y que debe ser reconocido como un derecho humano: el derecho a ser feliz.
Maestra en derecho constitucional y derechos humanos