En las últimas tres décadas, las mujeres latinoamericanas lograron avances significativos en múltiples frentes: educación, participación laboral y oportunidades financieras. Su progreso ha sido desigual y constantemente desafiado por barreras socioeconómicas y brechas persistentes.
A principios de los años 90, muchas mujeres en la región tenían una participación limitada en la economía formal, un acceso restringido a la educación y una fuerte carga de trabajo no remunerado en el hogar. Con apenas un 42% de ocupación femenina en el mercado laboral (CEPAL), la pobreza y la desigualdad eran dos caras de la misma moneda, restringiendo su autonomía y desarrollo.
Gracias a reformas educativas y diversas iniciativas, en las últimas décadas ha habido una mayor conciencia sobre la importancia de la igualdad de género. Esto ha permitido que millones de mujeres accedan a la educación superior y al mercado laboral. Sin embargo, las desigualdades estructurales persisten.
Uno de los mayores retos es la dificultad para acceder a servicios de salud esenciales. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, alrededor de 47 millones de mujeres en América Latina carecen de acceso a atención médica primaria. Esta brecha es aún mayor entre mujeres rurales y de bajos ingresos. Estas disparidades reflejan que todavía queda un largo camino por recorrer, porque no se puede concebirse una mujer productiva sin que esté sana.
Si miramos al pasado, es fácil reconocer cuánto han cambiado las necesidades de las mujeres. Hace 35 años, su acceso a la educación, al empleo formal y a la independencia financiera era aún más limitado. Hoy, con la digitalización de los servicios financieros, el avance tecnológico y su creciente participación en sectores estratégicos, las herramientas para cerrar la brecha de género han evolucionado. Este cambio nos obliga a replantearnos cómo seguir acompañando a las mujeres en cada etapa de sus vidas y asegurarnos de que ninguna se quede atrás.
Pro Mujer entiende esta evolución y, por ello, también debe transformarse para seguir acompañándolas en todas las etapas de su vida. Desde su fundación, venimos evolucionado para enfrentar juntas los desafíos de cada época.
A lo largo de estos años, aprendimos que la cercanía con las comunidades —en los barrios, los negocios y los hogares— es lo que nos permite entender de manera directa sus necesidades y adaptar nuestros servicios.
Nuestro impacto ha sido notable: en 35 años, transformamos la vida de 2.5 millones de mujeres, brindamos 10 millones de servicios de salud y desembolsamos 4,400 millones de dólares en créditos. También innovamos con herramientas como Emprende Pro Mujer, una plataforma digital de capacitación que ya ha alcanzado a más de 100,000 mujeres en América Latina y Estados Unidos.
Hoy, en un mundo cada vez más interconectado y lleno de desafíos globales, Pro Mujer se renueva con un objetivo claro: impactar a más de 5 millones de mujeres de América Latina para 2030.
Para lograrlo, continuaremos brindando servicios de salud, educación e inclusión financiera, pero ahora impulsados por más tecnología, más innovación y nuevas alianzas. Apostamos por un enfoque basado en la digitalización para expandir nuestro alcance y conectar con las nuevas generaciones nativas digitales. Al mismo tiempo, seguiremos desarrollando programas híbridos para garantizar que ninguna mujer se quede atrás.
Todo esto con una convicción clara: cuando las mujeres avanzan, la sociedad entera progresa. Solo asegurando su acceso a oportunidades reales podremos construir un futuro más equitativo y próspero para todos.
CEO de Pro Mujer