Treinta y seis influencers han sido asesinados en México durante los últimos diez años. Veintidós de esos homicidios ocurrieron entre 2024 y lo que va de 2026. Doce, una tercera parte, tuvieron lugar en Culiacán.
Los números llaman la atención y no existe solamente una explicación. Detrás de esos homicidios hay circunstancias y motivaciones distintas. Pretender meterlas todas en el mismo cajón sería tan cómodo como irresponsable.
Pero tampoco parece razonable ignorar que alrededor de muchos de estos casos aparecen ciertos factores que se repiten: relaciones peligrosas, una exposición extraordinaria de la vida privada, la percepción de cercanía con determinados grupos y, en algunos casos, vínculos más directos con personajes del narco.
El primero quizá sea el más elemental: hay relaciones que transfieren riesgo.
Ser pareja sentimental de alguien relacionado con una organización criminal te coloca dentro de un entorno donde las reglas son otras y las consecuencias también. En determinados ambientes, el desamor y los celos se resuelven mediante las balas y no con una separación.
El segundo factor resulta paradójico porque forma parte de la esencia misma del negocio: un influencer necesita ser visto, contar dónde está, qué hace, qué come, con quién sale, etc.
Mientras más acceso ofrece a su vida, mayor cercanía siente su audiencia. Y mientras mayor es esa cercanía, mayores pueden ser sus seguidores, sus interacciones y sus ingresos.
El algoritmo premia la exposición. La seguridad recomienda exactamente lo contrario.
Y entonces aparece una pregunta incómoda que describe el tercer factor: ¿Se nos olvidó dónde vivimos?
Instagram no distingue demasiado entre una fotografía subida desde Lisboa y otra publicada desde una ciudad donde dos organizaciones criminales se disputan territorio.
El algoritmo no entiende de zonas de riesgo. Quien publica sí debería entenderlas. Eso no significa que una persona sea responsable de su propio asesinato por haber subido una publicación. El responsable sigue siendo quien dispara, pero reconocerlo no obliga a ignorar los riesgos de la exposición.
También existe un cuarto factor particularmente peligroso. No siempre importa con quién estás. A veces importa con quién creen que estás.
En territorios donde existen organizaciones enfrentadas, la neutralidad puede convertirse en una categoría extremadamente frágil. Un creador puede no pertenecer a ningún grupo ni recibir dinero de nadie, pero si reproduce ciertos mensajes, utiliza determinados símbolos o ataca sistemáticamente a una facción, alguien puede decidir que ya tomó partido.
Y una vez tomada esa decisión, difícilmente habrá oportunidad de explicar el malentendido.
Por último, están los casos donde la cercanía ya no parece accidental.
Influencers que comienzan a orbitar alrededor de personajes vinculados con el crimen organizado. Fiestas, regalos, amistades, negocios o una fascinación abierta por determinado estilo de vida.
No necesariamente existe una incorporación formal a una organización. Incluso hablar de una “alianza” puede resultar excesivo. Pero la proximidad existe. Y en el México criminal, la proximidad tiene significado.
El crimen organizado entendió hace tiempo que las redes sirven para comunicar, intimidar, reclutar, construir reputaciones e identificar enemigos. Y un creador con miles y miles de seguidores posee algo valioso: audiencia.
Puede legitimar personas, amplificar mensajes y convertir desconocidos en referentes aspiracionales.
Ahí se encuentra quizá la parte más inquietante de estos 36 homicidios. El número obliga a mirar algo que con frecuencia preferimos ignorar.
Durante años aprendimos que las redes sociales eran un lugar en donde podíamos exagerar, provocar, presumir, insultar o divertirnos con nuestra propia identidad porque, después de todo, aquello ocurría dentro de una pantalla.
Nunca fue cierto. Detrás de cada cuenta hay una persona y detrás de cada persona hay una ubicación, unas relaciones y un entorno.
Los likes son virtuales.
Las consecuencias no.
POSTDATA – El Índice de Democracia Liberal 2025 coloca a Dinamarca en 1er lugar. México se ubica en lugar 110. https://ourworldindata.org/grapher/liberal-democracy-index
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