Durante seis años, Andrés Manuel López Obrador fue el blanco de prácticamente todas las críticas de la oposición. Inseguridad, corrupción, militarización, polarización, debilitamiento institucional. Todos los señalamientos apuntaban a Palacio Nacional y terminaban en el mismo nombre.
El martes, durante los posicionamientos en el Congreso por el Segundo Informe de Gobierno, algo cambió: lejos de centrar el reclamo en la presidenta Claudia Sheinbaum, esta vez la oposición apuntó directamente hacia Morena. Y ya era hora, pues después de casi dos años de sexenio, la herencia “del pasado” deja de funcionar como antes, y ya suena mucho a pretexto.
Movimiento Ciudadano puso el dedo en la llaga. En uno de los pocos señalamientos hacia Sheinbaum, el senador Luis Donaldo Colosio Riojas le recordó que ella tiene todavía la oportunidad de marcar un antes y un después, pero le reprochó haber elegido —hasta ahora— “administrar la herencia en lugar de corregirla”.
El PAN fue más agresivo, pero el destinatario cambió. El senador Ricardo Anaya utilizó contra Morena los tres mandamientos con los que López Obrador construyó su superioridad moral: “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, acusando al oficialismo de haber incumplido los tres y de proteger a personajes de Morena señalados por presuntos vínculos con el crimen organizado.
El PRI tampoco escatimó adjetivos. El senador y líder del partido, Alejandro Moreno, describió un gobierno sin proyecto, respuestas, oficio ni rumbo. Habló de un México dividido, endeudado, estancado y sumido en la violencia, y aprovechó —nuevamente— para convocar a un gran frente opositor rumbo a 2027.
Por supuesto hay una enorme paradoja: PAN y PRI reclaman corrupción, impunidad y violencia como si México hubiera comenzado en 2018, pero no fue así. Ambos partidos tienen demasiados cadáveres políticos en el clóset —por lo que perdieron el poder— como para presentarse ahora como guardianes de la honestidad pública. Por ello se dice que para tener la lengua larga, hay que tener la cola corta.
Pero que la oposición tenga poca autoridad moral no significa que sus preguntas dejen de ser válidas.
Claudia Sheinbaum cumple dos años con un poder que pocos presidentes mexicanos podrían haber imaginado: mayoría en el Poder Legislativo y el Judicial, predominancia en el Tribunal Electoral y en el INE, además de gobernar 24 de 32 entidades federativas. Sin embargo carga con los morenistas que llegaron hambrientos al poder y se sirvieron de todo y sin límite.
López Obrador le dejó un país, un movimiento, una estructura de poder y también numerosos problemas. Le toca a la Presidenta decidir qué conservar, qué profundizar, qué corregir y, sobre todo, qué tocar. Y sin dejar de defender el legado y la “continuidad” del proyecto, hay algo que ya no puede evadir: la responsabilidad.
Porque a poco menos de la mitad de su encargo, la factura ya le está saliendo demasiado alta.
@azucenau
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