El aferrado, el terco que nunca fue capaz de reconocer sus propias equivocaciones, se encaprichó desde su campaña con construir una refinería. Eligió Dos Bocas, en Paraíso, Tabasco, su tierra natal. Ahí Diana Cecilia, Fernando, Ezequiel y dos personas más se convirtieron en las primeras víctimas mortales —y esperamos que las últimas— de la refinería “Olmeca”.

Voces expertas intentaron disuadirlo, pero terminó echando a andar el proyecto que costaría 8 mil millones de dólares. Incluso decidió que el Estado asumiera la construcción, pues aseguró que todas las ofertas superaban el costo y los plazos de entrega.

Terco, presumió Dos Bocas como una de sus obras insignia. Prometió que en 2023 seríamos autosuficientes en materia energética. La calificó como “un sueño convertido en realidad”.

Pero la realidad llegó aplastante: una fecha tras otra, un plazo tras otro. La refinería nunca fue refinería. Solo es un gran agujero de dispendio, corrupción y descaro, pues de los 8 mil millones que en un inicio costaría, terminó costando casi el triple: unos 22 mil millones de dólares… y sigue costando todos los días.

Más allá del dinero, hoy la refinería y la terquedad de su creador han costado la vida de cinco personas tras el incendio registrado el martes.

Recuerdo que durante meses denunciamos inundaciones en la zona: 80% bajo el agua. Y recuerdo también a la hoy gobernadora de Veracruz, antes encargada del proyecto como secretaria de Energía, Rocío Nahle, mintiendo en sus redes sociales con un video donde aseguraba que la obra lucía completamente seca. Así descalificó denuncia tras denuncia.

Hace cinco meses, en el espacio de radio que conduzco en Grupo Fórmula, retomamos el tema. En octubre, Juan Manuel Orozco nos relató cómo vivían en Paraíso: “Lo gravísimo, me parece, es que hay dos planteles escolares casi colindando con la refinería: niños y niñas de Paraíso están respirando todos los días no solamente humo negro, sino a veces humo amarillo”. Ninguna autoridad respondió.

Insistimos una y otra vez. Iniciamos el año prácticamente con este tema: 6, 9, 10 y 27 de febrero. Cindy Barajas, madre de familia, me dijo que escuchaban ruidos similares “a los de una olla de presión”. Reportó casos de niños con sangrado de nariz y otros desvaneciéndose. A ninguna autoridad le preocupó.

El preescolar y la primaria están ubicados a un lado de la refinería, separados solo por una barda, a pesar de que la ley marca que debe haber al menos 500 metros de distancia. Nada ha importado.

En nuestra más reciente conversación, el 9 de marzo, antes del incendio, Areanna Nava, vicepresidenta de la asociación de padres de familia, dijo que habían enviado un oficio al secretario de Educación, Mario Delgado, pero no obtuvieron respuesta.

“Ante una situación de riesgo —me dijo Areanna—, no es lo mismo responder a 4.5 metros de distancia que a 500 metros”.

Una semana después vino la tragedia. Afortunadamente, el día del incendio los niños no estaban en clases porque Paraíso estaba inundado por las lluvias.

Ya una de las obras faraónicas del tabasqueño, el Tren Interoceánico, había cobrado la vida de 14 personas en diciembre. A la negligencia criminal se suman cinco en su refinería.

En la que por cierto, ¿dónde está el plan de prevención? ¿Dónde las zonas clasificadas, los equipos a prueba de explosión, los sistemas de detección de gases y el mantenimiento constante? ¿Dónde los sensores de fuego y gas, los sistemas de monitoreo continuo en cuartos de control operando 24/7?

¿Dónde los sistemas contra incendios como redes de agua, espuma especializada y agentes químicos, además de diques de contención para derrames? ¿Las brigadas internas capacitadas, los simulacros periódicos y la coordinación con autoridades externas, incluida una estación de bomberos interna?

Lo dicho: negligente, terco, criminal y protegido

@azucenau

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