Por Roberto Benes

México no es para mí un país distante ni ajeno. Tuve el privilegio de vivir y trabajar aquí hace más de quince años, y desde entonces he regresado en distintas etapas de mi vida profesional. Conozco de cerca su profunda belleza, su enorme diversidad, sus contrastes y también su capacidad de transformación. Volver ahora, como Director Regional de UNICEF, no solo moviliza emociones personales: renueva una convicción profunda sobre el potencial de México cuando decide poner a su niñez en el centro.

La visita de la semana pasada ha sido una oportunidad para dialogar con autoridades del gobierno federal, con gobiernos estatales, con representantes del sector privado y de la filantropía, con organizaciones de la sociedad civil y, de manera especialmente significativa, con jóvenes y adolescentes. Escuchar sus voces —sus aspiraciones, pero también sus preocupaciones— confirma que el futuro del país se está definiendo hoy, en las condiciones en las que crecen millones de niñas, niños y adolescentes. Esta visita ha sido finalmente una oportunidad de atestiguar el compromiso político del Gobierno de Mexico, a su nivel más alto, hacia la infancia, y hacia un desarrollo del país que empieza desde la más temprana edad.

México ha demostrado que el cambio es posible. En los últimos años, el país ha logrado avances relevantes en reducción de la pobreza y en inversión social. Existen políticas públicas que hoy colocan a la niñez con claridad en el centro de la agenda nacional. Sin embargo, la pobreza sigue afectando de manera desproporcionada a la niñez, lo que limita su acceso efectivo a derechos básicos. Combatir la pobreza infantil no es solo una obligación ética; es una decisión estratégica para el desarrollo económico y social del país.

La evidencia es clara: invertir en la niñez, especialmente en la primera infancia, genera los mayores retornos sociales y económicos. Cada peso invertido en salud, nutrición, educación temprana y protección reduce costos futuros en salud, seguridad y protección social. México cuenta hoy con capacidades institucionales sólidas; el desafío es invertir más y mejor, con un enfoque territorial y de equidad que priorice a quienes enfrentan mayores desigualdades.

En educación, el país ha logrado un avance fundamental: el acceso está prácticamente universalizado. La gran mayoría de niñas y niños entra a la escuela, y ese es un logro que merece reconocimiento. El reto hoy es garantizar trayectorias educativas completas y aprendizajes de calidad. Persisten tasas elevadas de abandono en la adolescencia y brechas importantes en lectura y matemáticas. Mejorar la calidad del aprendizaje no es solo una meta educativa: es una condición para la movilidad social, la cohesión social y la productividad.

En salud y nutrición, México enfrenta desafíos complejos, pero también ha impulsado decisiones valientes e innovadoras. El fortalecimiento de entornos escolares más saludables, la promoción de mejores hábitos alimenticios, los apoyos para la permanencia escolar y los avances hacia sistemas de cuidado más integrales muestran la dirección a seguir.

Y no podemos hablar del bienestar de la niñez sin hablar de violencia. La normalización de la violencia como forma de relación —en el hogar, en la escuela, en la comunidad o en el entorno digital— sigue siendo una de las mayores amenazas al desarrollo del país. Muchas niñas y niños crecen con miedo: miedo a la violencia, al abuso, a la desaparición o al reclutamiento por grupos criminales. Proteger a la niñez implica construir entornos seguros y romper de raíz los ciclos de violencia.

Frente a estos desafíos, México construye sobre una base de políticas públicas sólidas, capacidades técnicas y aprendizajes acumulados. Avanzar de manera sostenida en la centralidad de la niñez en las decisiones públicas es clave para consolidar este enfoque.

El nuevo Programa de Cooperación entre México y UNICEF para 2026–2031 se construye sobre esta visión y busca acompañar al país para cerrar brechas, fortalecer sistemas y ampliar soluciones probadas, siempre priorizando a quienes más lo necesitan.

Me fui de México con una convicción clara. En estos días escuché a mexicanas y mexicanos que desde distintos espacios comparten una misma convicción: la situación de la niñez puede mejorar y estamos en condiciones de lograrlo. Y cuando mejora la vida de niñas y niños, gana toda la sociedad. Invertir en la niñez es la inversión con el mayor retorno social y económico que un país puede hacer.

Me voy también con el compromiso de llevar estas ideas, experiencias e iniciativas a toda la región, para inspirar a otros países latinoamericanos y caribeños a la luz del esfuerzo de México.

Eso no es un sueño inalcanzable. Es una meta posible y concreta, y es mi compromiso con México, con su niñez y con América Latina.

Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe

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