Por Nadav Peldman

¿Puede la desalinización ayudar a garantizar el acceso al agua? En el marco del Día Mundial del Agua, se plantea esta importante discusión. Países como España, Australia, Chile y México, están recurriendo a esta tecnología. Sin embargo, enfrentan desafíos como el costo, consumo de energía e impacto ambiental.

Israel logró superar estos obstáculos con éxito. Hace décadas, enfrentaba una grave escasez de agua y dependía de lluvias impredecibles. Hoy en día, gracias a la inversión, investigación y tecnología, la desalinización cubre más del 80% de las necesidades de agua, convirtiéndolo en uno de los países con mayor prosperidad hídrica. Se espera que su capacidad se duplique para 2030. Actualmente, Israel ocupa el cuarto lugar con los precios de agua más bajos entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), demostrando que la desalinización puede ser asequible y eficiente.

¿Cómo hacer que la desalinización sea más sostenible? México, como otros países, ya ha invertido en desalinización, con más de 400 plantas operando. No obstante, expandir esta tecnología de manera rentable sigue siendo un desafío; la experiencia de Israel demuestra que una planificación cuidadosa y la innovación conducen a mejores resultados; asegurando que otros países puedan adoptar este modelo.

Uno de los principales desafíos es el costo. El agua desalinizada puede ser cara, limitando su acceso. ¿Puede la tecnología reducirlo? Autoridades israelíes abordaron este problema asociándose con empresas privadas, pero manteniendo la supervisión pública para controlar los precios.

Otro reto es la eficiencia energética. La desalinización consume grandes cantidades de electricidad. Ante ello, Israel ha optimizado sus procesos, reduciendo el consumo de energía en comparación con métodos más antiguos, disminuyendo costos y el deterioro ambiental.

El impacto ambiental es otro factor crucial. La desalinización produce salmuera, un subproducto con alta concentración de sal que, si no se maneja adecuadamente, puede dañar los ecosistemas marinos. Para minimizar este daño, profesionales israelíes han desarrollado técnicas que contrarrestan la afectación.

Por supuesto, la desalinización es una herramienta potencial cuando se implementa con la tecnología y el conocimiento adecuados, aunque no es la única respuesta. Cada país debe considerar su geografía, clima, políticas gubernamentales y factores culturales al diseñar sus estrategias hídricas, siendo la conservación del agua, la mejora de la infraestructura y tecnologías alternativas fundamentales.

Entonces, ¿es la desalinización la clave para la prosperidad hídrica o deberían los países priorizar otras opciones? La conversación sigue abierta, y aprender de diferentes experiencias puede ayudar a construir un futuro más sostenible. A medida que las naciones exploran el futuro de la desalinización, Israel mantiene su disposición para compartir su experiencia y colaborar en soluciones que hagan que esta técnica sea más viable.

Los desafíos son claros, pero Israel y sus empresas han desarrollado soluciones que podrían ayudar a hacer el agua más accesible para el mundo.

Jefe de Misión Adjunto de la Embajada de Israel en México

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