Entre las muchas virtudes que tiene la Cuarta Transformación no se encuentra la de la tolerancia con los compañeros de lucha que tienen pensamiento propio.
Las voces que antes decían “no estás solo, no estás solo” callaron como momias. Aquellos que exigían pruebas de los presuntos vínculos del compañero Rubén Rocha Moya con el narcotráfico hoy analizan la posibilidad de que la justicia mexicana lo lleve a prisión. Los que decían que las acusaciones de Estados Unidos en contra del bonachón gobernador con licencia de Sinaloa eran una afrenta a la soberanía nacional y una estrategia del gobierno de Donald Trump para desestabilizar al gobierno de la 4T, hoy ya comienzan a creer que la derecha estadounidense no está tan equivocada.
Pero, qué demonios sucedió. Por qué el prócer Rocha pasó en unos cuantos días de hijo predilecto a hijo desobediente, se preguntará usted. Pues justo eso, desobedeció. Y si hay un pecado capital que la 4T no puede perdonar, es el de la desobediencia.
Lo grave no es que Estados Unidos te acuse de ser un gobernador al servicio de un cártel, o que tu campaña se haya financiado con dinero del narcotráfico, sino que ignores a los actuales líderes de tu movimiento y que le hagas caso a otra facción de la 4T que te alientan a recuperar lo tuyo.
Sí, lo tuyo. Me explico: el compañero Rocha Moya, haiga sido como haiga sido, ganó la gubernatura de Sinaloa. Que ganó con la bendición del líder máximo de la 4T y el generoso apoyo financiero de los compañeros jefes de la industria de la producción, comercialización y exportación de sustancias ilegales, eso nadie lo niega, pero, al final del día, es el gobernador constitucional y según las tablas del padre fundador de la 4T “el pueblo pone, y el pueblo quita”, y en este caso no fue el pueblo quien obligó al camarada Rocha a dejar la silla.
La injusticia, porque no se le puede llamar de otra manera, cometida contra Rubén Rocha, no es lo mas preocupante. Lo verdaderamente agobiante es qué este caso puede repetirse con varios de los más destacados representantes del gobierno de la transformación.

Si ya quitaron a un gobernador, qué se podría esperar el indefenso Andy López Beltrán, quien apenas busca ser un diputado. En cualquier momento, el gobierno podría creer las patrañas de la derecha internacional que lo acusan de corrupción, y ofrendar la cabeza de este político de la nueva ola. Así como Rubén Rocha fue castigado por regresar a la gubernatura sin decir agua va, qué se podría esperar Andy, quien, sin tocar base, mandó una carta al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la que le dijo cuatro verdades y le puso las peras a veinte.
Otra persona que podría estar comiéndose las uñas al ver el Rochagate es la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila. Si a su colega de Sinaloa le fue como le fue por no avisar de su regreso, Maripili podría esperar lo peor luego de que ella se fue por la libre y buscó una negociación con el FBI de los Estados Unidos, para entregarles información a cambio de que no la fueran a acusar de algún delito relacionado con el narcotráfico y de que le regresen su preciada visa.
Y en el caso del gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, que asegura que suda agua bendita, quizá la causa de tanta transpiración es que está consciente de que, si sigue el camino de su colega de Baja California y habla con el FBI, podría ser entregado a los Estados Unidos y acabar como uno de sus antecesores en el Secretaría de Seguridad Pública federal, el célebre Genaro García Luna. Si don Poncho el sudoroso se desvía del camino de la obediencia ciega que demanda la 4T, podría ser entregado sin miramientos por el propio movimiento que lo llevó al poder, y terminar sus días en una fría celda de los Estados Unidos cercana a la de su colega García.

Y quizá los mismos calambres de la Pilarica y Poncho los están sintiendo otros cuadros destacados de la 4T, como el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, a quien cualquier titubeo de su fe cuatroteísta, le podría costar su libertad, y pasar de ilustre gobernador a torvo capo del huachicol.
Pero quizá el que en mayor riesgo está, por ser un rebelde incorregible, es el compañero senador Gerardo Fernández Noroña. La rebeldía de Noroña es uno de sus principales atributos. Ser un insurgente le ha redituado en grandes beneficios, su muy exitosa carrera y su maratónico crecimiento político en gran medida se los debe a su indocilidad. Sin embargo, bajo los actuales estándares de la 4T, esa virtud, podría trasformase en defecto. Si Gerardo se atreve a decir que sí, cuando los altos mandos del movimiento le digan que tiene que decir no, eso podría ser desastroso. Los viajes, los vuelos, la residencia de Tepoztlán y otros lujillos pequeñoburgueses que suele darse, de inmediato serían insumo para que las autoridades hacendarias le cayeran encima. Y no es necesario que ese dinero haya provenido de fuentes inexplicables, solo la sospecha tiznaría su inmaculado paso por la política nacional. Para hombres honestos como él, la cárcel no es un castigo tan cruel como el de manchar su honorabilidad.
Todos estos casos dejan ver que no importa que hayas sido tocado por el dedo bendito del padre fundador del movimiento, si tu obediencia falla, si crees que te puedes mandar solo, muy solo te vas a quedar. Tan solitario como hoy está Rocha.
ME CANSO GANSO. – Faltan cuatro años. – ¿Será que ha llegado el momento de que se enteraran finalmente de quién manda? Nunca es tarde, si no se pudo un sexenio puede ser un cuatrienio de gobierno.
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