“Señora del universo”. Esta sería la traducción más aproximada del nombre con el que el pueblo maya reconoce a uno de sus seres más sagrados: la abeja melipona. Esta especie es endémica de Yucatán –en donde se le conoce como xunán kaab–, aunque también se encuentra en estados como Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas.

Para las comunidades mayas, las abejas son mucho más que simples insectos: representan el alma de la región, pues mantienen una profunda conexión cultural, ancestral y espiritual con sus habitantes. A ello, debemos sumar su trabajo polinizador, gracias al cual dichas comunidades obtienen mayores cantidades de café, calabaza, sandía y chile habanero, entre otros.

Esta concepción de la naturaleza recuerda a la Constitución ecuatoriana de 2008, que reconoció a la Pacha Mama como una “parte vital para nuestra existencia” y le otorgó los derechos a ser respetada, preservada y regenerada.

Sin embargo, pese a su relevancia, las meliponas se encuentran en riesgo. El uso de plaguicidas en regiones como Hopelchén ha provocado que su población disminuya, pues, aunque estos productos se emplean para controlar organismos dañinos para los cultivos o la salud humana, sus efectos suelen extenderse más allá de su objetivo original.

Este caso llegó recientemente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación mediante la Solicitud de Ejercicio de la Facultad de Atracción 225/2026: diversas personas integrantes de comunidades mayas de Hopelchén promovieron un juicio de amparo al considerar que las autoridades incumplieron su obligación de garantizar el derecho a un medio ambiente sano.

Entre los actos reclamados destacaron la falta de respuesta a solicitudes para implementar medidas de protección para las abejas, así como la omisión de diseñar y aplicar una política ambiental eficaz frente a las fumigaciones aéreas y el uso de plaguicidas que, según los promoventes, han ocasionado la muerte masiva de estos polinizadores y generado afectaciones a la salud, apicultura, economía y patrimonio biocultural maya en 56 sitios de la región.

El asunto adquiere, además, una dimensión particularmente relevante porque entre las personas promoventes se encuentran niñas y niños, lo que obligará a analizar cuestiones relacionadas con el interés legítimo de las infancias, así como la aplicación de una perspectiva de niñez e interculturalidad, en consonancia con el artículo 12.2 de la Convención sobre los Derechos del Niño (sic).

Junto a este desarrollo jurisdiccional, desde el plano académico se han formulado propuestas orientadas a fortalecer la protección jurídica de la naturaleza a partir de una perspectiva global. En este contexto destaca Por una Constitución de la Tierra. La humanidad en la encrucijada, de Luigi Ferrajoli, quien propone la creación de una constitución mundial que limite al poder y haga frente a desafíos como el cambio climático, guerras, armas nucleares, pobreza, pandemias y migraciones. En relación con la protección de los animales –lo que sería aplicable a las meliponas– señala que forman parte, junto con flora y humanidad, de una familia que tiene origen en común y que son interdependientes.

Tanto los avances jurisdiccionales como las propuestas teóricas consideran que ciertos bienes y procesos naturales poseen una relevancia que trasciende el ámbito estrictamente local y cuyos efectos repercuten en amplios sectores de la sociedad. Esta reflexión resulta pertinente para comprender casos como el de las abejas meliponas, pues, aunque el conflicto surge en comunidades específicas, las consecuencias podrían extenderse a miles de personas. Tan grande ha sido la amenaza hacia las abejas, que incluso algunos institutos y centros de investigación –como el Wyss Institute at Harvard– han desarrollado robobees: robots miniatura que realizan algunas funciones de dichos animales, como la polinización.

Frente a ello, algunas ciudades o países han comenzado a legislar para su protección. El ejemplo más cercano es el de la Ciudad de México, que cuenta con una Ley para el Fomento Apícola y la Conservación de Polinizadores de la Ciudad de México, publicada en julio de 2026, en la cual se declara a las abejas como especies de protección prioritaria, al reconocer su importancia ecológica, su contribución a la conservación de la biodiversidad, su papel en la polinización y su interacción con los sistemas agrícolas, forestales y urbanos.

Por último, y sin adelantar postura, la resolución que en su momento emita la Corte no solo resolverá un caso en concreto, sino que mostrará hasta dónde puede llegar el derecho cuando se enfrenta a realidades que desafían sus categorías tradicionales. Y, como suele ocurrir con las decisiones más relevantes, su importancia no dependerá únicamente de la respuesta que ofrezca, sino de las nuevas preguntas que dejará abiertas para el futuro.

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación

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