Evidenciada y aceptada la anomalía en los resultados del examen de admisión de la UNAM, nuestra casa de estudios tenía esencialmente ante sí dos opciones: minimizar el problema y simular que no pasaba nada grave, o enfrentarlo y resolverlo desde la raíz misma.
La primera alternativa, desde luego, no era válida para una institución que históricamente ha forjado y defendido un prestigio académico que simplemente no podía admitir cuestionamientos como los que se le imputaban a partir de los resultados de este examen.
Sin embargo, eso no le importó a ciertos sectores que plantean, todavía hoy, que los resultados de esta prueba virtual deben “respetarse”. En esa postura se encuentran muchos alumnos que pasaron este examen y a quienes no parece importar que pese sobre ellos la sospecha de que hicieron trampa.
La segunda opción sólo podía consistir en lo que finalmente decidió la Comisión Técnica creada por la Rectoría: hacer un examen de control de forma presencial. Junto con esta resolución, el rector Leonardo Lomelí ha dado por terminado el contrato con Territorium Life responsable de este embrollo –mayúsculo, inédito en la historia de la UNAM– y, adelantándose a cualquier iniciativa externa, ha solicitado que se audite el contrato con esta empresa a la Auditoría Superior de la Federación.
Estas decisiones, especialmente la primera, obviamente no son –no lo buscaban ser–, populares, pero todos sabemos que la buena reputación de una universidad no puede depender de este tipo de medidas, necesariamente demagógicas.
Repetir el examen afecta a quienes lo aprobaron honestamente como a quienes lo hicieron por medios ilegítimos. ¿Pagan justos por pecadores? En cierto sentido sí, pero los justos pueden demostrar siempre que lo son, mientras que los pecadores quedarán en evidencia.
No obstante, están en marcha los primeros amparos de algunos “justos” que no desean probar ni aprobar nada de nuevo. Su argumento, legalmente, parece incontestable: ya hicieron el examen una vez y los resultados les son favorables.
Pero esos “justos” deben tener plena conciencia de que entre ellos hay muchos otros que con malas artes aprobaron. Por eso el asunto, como bien dice el jurista Javier Martín Reyes, es “mucho más complejo de lo que aparenta. Lo que está en juego no son solo los derechos de ese grupo. También está en juego la integridad del proceso de admisión y, sobre todo, los derechos de otros aspirantes que tampoco hicieron trampa y que, en condiciones normales, habrían sido admitidos, pero que no alcanzaron el puntaje mínimo precisamente porque la trampa desplazó los umbrales hacia arriba” (El Universal, 6-VIII-26).
Hacer un examen de control no es la solución más popular, pero sí la más correcta y lógica si se quiere establecer con absoluta certidumbre quién tiene derecho a un lugar en las aulas universitarias y quién no.
El tema por supuesto, ha sido aprovechado por quienes ven en la universidad, un muy apetecible botín político, sobre todo en medio de la enorme erosión institucional que ha experimentado el país en los últimos años. Son aquellos que han aprovechado esta crisis para descalificar y denostar a las autoridades universitarias y, de paso, intentar minar una de las garantías más importantes de nivel académico que tiene la UNAM: el examen de admisión.
Los demagogos que han salido a vociferar contra el examen de admisión, aduciendo incluso mentiras como esa de que en las principales universidades del mundo no se hace examen para ingresar, anhelan una Universidad Nacional con el bajísimo nivel de las que con criterios “populares” han sido creadas en los últimos años, haciendo a un lado la noción misma de Universidad.
La sensatez debe imponerse entre los estudiantes que aprobaron honestamente el examen. Lo volverán a aprobar. Tomadas las medidas institucionales adecuadas, este episodio quedará atrás no sin las lecciones correspondientes para el futuro. Es un momento crítico, pero nuestra Universidad sabrá salir adelante protegiendo su autonomía, su vocación crítica y el nivel académico que la sustenta.
Ariel@Gonzalez
FB: Ariel González Jiménez
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