En los países democráticos los planes B no existen. La razón es simple, una vez que el Poder Legislativo rechaza una iniciativa presidencial, el Poder Ejecutivo, respetuoso de este otro poder que representa la pluralidad política de su nación, asume el resultado y jamás se pone a pensar cómo burlar con un Plan B a la mayoría del Congreso, o cómo hacerse de la mayoría comprando votos o extorsionando a los más corruptos legisladores.

En México, sin embargo, los planes B se han hecho ya un perverso procedimiento (instaurado por López Obrador), al que sigue recurriendo con la más profunda convicción autoritaria la presidenta Claudia Sheinbaum.

Como se recordará, López Obrador no se conformó con no tener mayoría en el Congreso ni tampoco con la resolución del todavía independiente Poder Judicial. Así que heredó a su sucesora el infame Plan B para acabar con la autonomía del Poder Judicial y para impulsar una reforma electoral a la medida de sus aspiraciones autocráticas.

Se los puede acusar de muchas cosas a los morenistas, pero nunca de no ser pacientes. Su jefe máximo lo fue año tras año, durante dos décadas, hasta que consiguió llegar al poder; y después, su gran enseñanza ha sido ir despacio, con un Plan B tras otro, hasta destrozar todo el andamiaje republicano para concentrar todo el poder en la presidencia.

Como el resto de organizaciones retrógradas que terminaron con la vida democrática en muchos lugares del mundo, en lo único que Morena ha sido gradualista es en los pasos que ha ido dando para acabar con todos los organismos y poderes autónomos, y para ir sentando las bases de un régimen de partido único sin “asustar” a la mayoría de los mexicanos.

Nada los ha detenido, ni siquiera en los momentos de mayor tensión (o temor) con Estados Unidos, han parado. La presidenta Sheinbaum encabeza esta forma de actuar que mezcla, con mucha suerte hasta ahora, la audacia con la infinita soberbia y la temeridad.

Lo acaba de demostrar con su intención de ponerse en la boleta electoral del 2027 y así contaminar y manipular el proceso electoral desde la Presidencia y cargar los dados a favor de su partido, inyectándole lo más que pueda de su popularidad y beneficiándolo con el enorme aparato clientelar-electoral construido hasta hoy (donde ilegalmente se funden la militancia, el servidor público y el “siervo de la nación”).

No obstante, la famosa revocación de mandato no deja de ser un ejercicio temario. Su arrogancia les hace creer a la presidenta y su partido que tienen todas consigo. Y puede ser así, sin duda. Pero en un contexto de incertidumbre económica mundial; ya sin Maduro en Venezuela, con la dictadura cubana en decadencia y un Petro atorado para imponer ganador en la cercana elección presidencial; con una dura renegociación del T-MEC; un vecino ansioso por obtener más trofeos (y esos trofeos pueden ser socios o intergrantes de Morena); una economía sumida en el estancamiento y con claras señales de crisis en diversos aspectos; una ciudadanía que tiene miedo de viajar por carretera, salir de noche o montar un negocio; con una ola de violencia y extorsión sin par, y un alud de escándalos de corrupción; en un contexto así, digo, 14 meses son muchos.

Y todo puede ocurrir. Incluso, cómo no, que ganen sin ningún problema el poder absoluto… mediante un fraude absoluto, como el que preparan ya desde la idea de poner a la presidenta en la boleta electoral.

Mientras tanto, si el PT y el PVEM aprueban este Plan B en sus términos actuales estarían demostrando que son más corruptos que calculadores, puesto que es evidente que con Sheinbaum en la boleta y haciendo abiertamente campaña por ella y Morena, las oportunidades de obtener votos directos para sus aliados serán más reducidas.

Si el primer Plan B los asustó por el tema del financiamiento y el recorte de las representaciones plurinominales, este segundo Plan B les debería parecer una trampa mortal, pues claramente el efecto distorsionador que tendría la aparición de Sheinbaum en la boleta operaría en contra no sólo de los partidos de oposición sino también contra ellos mismos. Si se equivocan y no lo saben ver a tiempo, el Verde y el PT pueden estar a punto de ingresar a un escenario donde la poderosa estructura de Morena se impondría por completo y ellos, sencillamente, ya no le harían falta.

Las trampas de la revocación son muchas. Sus riesgos también. Pero ese es el camino que ha elegido Morena y la apuesta autoritaria más fuerte que está haciendo Claudia Sheinbaum: impulsar una elección de Estado que abra paso al régimen de partido único. Veremos si lo consigue.

@ArielGonzlez

FB:Ariel González Jiménez

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