En 1982, en Unomásuno se publicó una entrevista realizada a Octavio Paz con motivo de la publicación de su libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. En dicha conversación, el escritor aseguraba que “Sor Juana era una intelectual orgánica, y al final de su vida fue destrozada por los mismos poderes a los que había servido”, haciendo referencia a su declive luego de escribir la “Carta Atenagórica”, pues durante esta etapa, dejó de dedicarse a la escritura y vendió sus libros, como si se retractara de todo lo que había producido. De tal forma que el final de la monja jerónima —decía Paz— “es el drama del escritor, del intelectual, en una sociedad dominada por una ortodoxia y regida por una autocracia”; no obstante, años más tarde, esta teoría y su obra serían debatidas luego del hallazgo de ciertos documentos que nos permiten darle mayor contexto al trabajo de la poeta.
De acuerdo con la tesis que Paz presentaba, el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, había pedido a la Décima musa escribir la “Carta Atenagórica” para incomodar al arzobispo de México, Francisco de Aguiar y Seijas. Paz mencionó que, en dicho escrito, Sor Juana criticaba un sermón de un célebre jesuita llamado Antonio de Vieyra. De este modo, la adhesión de Aguiar y Seijas por dicho jesuita, además de su pertenencia a la misma orden, significaban que el texto serviría como instrumento para humillar y atacar al arzobispo. Así, Fernández de Santa Cruz podía incomodar a su rival eclesiástico sin hacerlo personalmente y, una vez que lo logró, le retiró su apoyo a la jerónima. Para protegerse le pediría a la monja abandonar las letras seculares y, a partir de ahí, ella “desmiente toda su obra anterior”, demostrando así que fue condenada a cumplir lo que dictaran las autoridades eclesiásticas.

No obstante, en 2014, Alejandro Soriano Vallès publicó algunas misivas encontradas en la ciudad de Puebla donde se comprobaba que Sor Filotea era, en realidad, Fernández de Santa Cruz. De acuerdo con Soriano, las comunicaciones mencionadas demostraban la buena voluntad de Fernández de Santa Cruz y su desinteresada amistad con la poeta, pues uno de los documentos (titulado “Carta de Puebla”) es en realidad la respuesta a la autobiografía de Sor Juana: “Respuesta a Sor Filotea”. Así, el crítico literario concluye que Paz se cuenta entre “[los] ‘espíritus laicos’ a quienes las ‘explicaciones piadosas’ no ‘convencen’” y cuya “explicación alternativa, nutrida por el ofuscamiento ideológico, resultó desastrosa”. Pero también reconoce que “cuando el Premio Nobel escribió sus Trampas no pudo conocer la existencia de la ‘Carta de Puebla’”.
Por otro lado, años antes, Antonio Alatorre ya había realizado algunas observaciones sobre el mencionado libro de Paz. Según este autor, “el poema más importante de Sor Juana, “Primero sueño”, es uno de los que recibe el peor tratamiento a lo largo de todo el texto. Esto lo ejemplifica con una conclusión de Paz: “Dice que el Sueño es una especie de viaje espacial y habla de esferas siderales; pero esto no es cierto, no hay tal cosa”. De esta manera, aunque Paz había señalado acertadamente la necesidad de comprender la época de Sor Juana para entender mejor su obra, no había seguido del todo su propio consejo. Tal vez el error de Paz fue —como señalaba Alatorre— “que había querido engrandecer a Sor Juana”. Sin embargo, todo esto demostró que la jerónima no rozaba la herejía ni había sido perseguida por la Iglesia, a quien tanto sirvió.
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