Cuando fue electa Claudia Sheinbaum, sabíamos que era de izquierda, pero no que tenía mano izquierda, lo cual ella ha mostrado repetidamente en la relación con Donald Trump. Hasta ahora ha logrado sobrevivir varios momentos de peligro en la relación con la nueva administración en Washington, pero no terminan las pruebas aún, y es difícil saber a dónde irán a parar las negociaciones entre ambos gobiernos.
Es muy claro que para Trump los aranceles son medio y fin al mismo tiempo. Por un lado, los usa para presionar en temas que considera importante, como son lo de la migración y el fentanilo, pero también cree que son una forma de proteger y robustecer a la industria nacional en Estados Unidos. Esta combinación de propósitos hace difícil saber cuál es su propósito en las negociaciones especificas con el gobierno mexicano.
Hasta ahora, Sheinbaum ha logrado dejar una muy buena impresión con Trump, según sus comentarios públicos (y lo bueno y malo de Trump es que siempre dice exactamente lo que está pensando en el momento). En sus intervenciones está dado a insultar a Canadá y Europa, entre los aliados más cercanos, mas no a México, y ha enfocado sus baterías principalmente contra los migrantes venezolanos, y no los mexicanos, hasta ahora, en sus discursos y primeras acciones.
El respecto hacia Sheinbaum es, sin duda, parte de la explicación. Ella ha sabido ser dura y flexible al mismo tiempo, que es justo lo que respeta Trump. Y también es cierto que Trump necesita la colaboración del gobierno mexicano en el tema del fentanilo y de migración. El fentanilo es un tema sensible, porque se ha vuelto una de las causas de muerte más comunes entre la clase trabajadora blanca en Estados Unidos, quienes son justamente la base más firme de la coalición de Trump, y la migración es el otro tema sensible para esos votantes.
Pero no es seguro que la relación entre los mandatarios ni los intereses reales de cooperación sean suficientes para evitar aranceles. Al final, Trump cree que su gobierno debería imponer aranceles a otros países para fomentar la industria estadounidense, y todo parece indicar que lo hará el 2 de abril. Sería mucho pensar que México va a quedar exento de estas medidas, como el socio número uno de Estados Unidos en comercio, aun si gran parte de este intercambio es, en realidad, producción compartida que se muestra en las cadenas de suministro que unen las industrias de los dos países.
Quizás lo mejor que se pueda esperar no es que no se impongan aranceles, sino que sean mucho menor en valor de lo esperado y con excepciones que busquen no dañar las cadenas de producción compartidas. Aún no es claro por dónde se están inclinando los tomadores de decisión en Washington en este tema. Y, a final de cuentas, el único tomador de decisión que importa podría terminar siendo Trump, a pesar de lo que recomiendan sus asesores. Pero la fluidez de la relación en otros temas hasta ahora por lo menos da cierta esperanza de que se puedan evitar los escenarios peores, si bien probablemente no llegar a los escenarios más óptimos.
Presidente del Instituto de Políticas Migratorias. @seleeandrew