“La historia no se repite pero a veces rima”

-Mark Twain

Llegó el Día de la Liberación en el que deben entrar en vigor desde el primer minuto de hoy aranceles que buscan que EU se libere de su dependencia a productos hechos en el extranjero.

Para México las acciones de Trump nos colocan en terreno desconocido y peligroso. Cuando Trump llegó a La Casa Blanca la primera vez en 2016, el escenario era, comparado con el actual, maravilloso. Trump anunció una guerra comercial con China y eso hacía de nuestro país el mercado más atractivo del mundo porque somos como China un país manufacturero, por nuestra ubicación geográfica y nuestro acuerdo de libre comercio.

Sí, había la amenaza de destruir el TLCAN, pero esto pronto cambió a una renegociación que finalmente funcionó bien y se transformó en el TMEC. Pero ahora la situación es distinta. Estos aranceles por el Día de la Liberación no tienen nada que ver con si México detiene los flujos migratorios, o si logramos un mejor combate al tráfico de fentanilo. Estos aranceles tienen que ver con un Donald Trump que está empeñado en cambiar la lógica del comercio global para regresar a EU a una gloria del pasado.

Increíble que con una economía en bonanza, con desempleo en su punto más bajo y con una inflación controlada, Trump hable de que llevará a EU a una época dorada. Como dicen los americanos: “Cuidado con lo que deseas”. Y es que no hay nada que indique que la medicina que le está dando Trump a la economía vaya a mejorar a un paciente que está en este momento sumamente saludable. Es como querer aplicarle quimioterapia a alguien que no tiene cáncer.

Si volteamos a ver al pasado, ha habido seis momentos desde 1776 en los que EU ha iniciado guerras arancelarias. Los resultados no fueron buenos y por ello es fácil anticipar que las cosas no pintarán bien ahora tampoco. Las tarifas históricamente han resultado en aranceles retaliatorios, aumento en los precios a los consumidores, daño a varios sectores en especial el agrícola y al final un castigo político para el partido que implementó las tarifas.

Le pasó a John Quincy Adams que perdió frente a Andrew Jackson tras la firma de la ley arancelaria en 1828. Luego le ocurrió al representante William McKinley que tras aprobar la ley que lleva su nombre en 1890, perdió su escaño y su partido, el Republicano, se fue de tener una mayoría de 7 escaños a perder y darle a los demócratas mayoría de 147 asientos en la Cámara de Representantes. McKinley, como dato, es el político al que Trump tanto le gusta referir y en su admiración lo llevó a cambiar el nombre de la montaña más alta de EU de Denali a Mount McKinley.

También le ocurrió a Herbert Hoover en la elección de 1932 tras haber respaldado la Tarifa Smoot-Hawley de 1930. Perdió frente a Franklin D. Roosevelt que logró arrasar en esas elecciones.

Y si nos acercamos más al presente, en 2018, la guerra comercial de Trump les costó varios escaños a los republicanos en las elecciones intermedias de 2018. Ahora la calificadora Moody’s ha hecho un ejercicio de simulación usando una tarifa universal del 20 por ciento con respuesta retaliatoria de otros países a productos estadounidenses. Esto, de acuerdo con Moody’s, acabaría con 5.5 millones de empleos para llevar el desempleo a 7 por ciento y causaría una caída en el PIB de EU de 1.7 por ciento.

Ante ese escenario habría sí que hacer algo radical para curar una economía que entonces sí estaría enferma. Por alguna razón estos liderazgos populistas gustan de crear problemas en donde no los hay. En el caso de Donald Trump que está queriendo coquetear, pese a la prohibición constitucional, con un tercer mandato, si se empeña en estas tarifas, el Día de la Liberación puede ser el principio de la liberación, en efecto, pero de él para EU.

Al tiempo.

@AnaPOrdorica

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