El 6 de noviembre de 1984, en lo que se llamó “el operativo antidrogas más grande de la historia de México”, el Ejército intervino el rancho El Búfalo, en el municipio de Allende, en Chihuahua. En una superficie de más de 500 hectáreas (algunos calcularon ochocientas) trabajaban entre 5 mil y 10 mil personas en el cultivo de mariguana; ninguna autoridad conocía de su existencia, era un rancho invisible. Resentido por el golpe, su propietario, Rafael Caro Quintero, preparó una venganza terrible para quienes descubrieron la plantación.
El 8 de febrero de 1985, el agente de la DEA Enrique Camarena y el piloto Alfredo Zavala fueron secuestrados en Guadalajara, sometidos a una tortura brutal y asesinados. Las presiones del gobierno de Estados Unidos llevaron a descubrir la protección que la Dirección Federal de Seguridad (DFS) le daba al Cártel de Guadalajara, que encabezaba Miguel Ángel Félix Gallardo. El presidente Miguel de la Madrid ordenó la desaparición de la DFS.
Durante el periodo del alcalde José Luis Abarca, Iguala se había convertido en un narco-municipio, la banda Guerreros Unidos se dedicaba al secuestro, la extorsión y el narcotráfico y cada trece días desaparecía una persona; allí estaba asentado el 27 batallón de infantería, pero su comandante, el coronel José Rodríguez Pérez, ignoraba lo que ocurría.
Como pasó hace unos meses con el desmantelamiento del laboratorio clandestino de drogas en la Sierra Tarahumara y como ha ocurrido en tantas otras operaciones, no hubo detenidos.
La refinería invisible en Reynosa, Tamaulipas, se ubica a un kilómetro y medio de un cuartel de la Guardia Nacional; no hay manera de explicar cómo se construyó y cómo operaba sin el conocimiento de la Guardia Nacional, de las autoridades municipales, federales y del estado. Unos días más tarde se descubrió muy cerca, otra mini-refinería.
Son varias las instancias federales que tendrían que haber conocido la instalación y la operación de estas refinerías clandestinas (SEMAR, la CFE, Pemex) y todo esto ocurre en Tamaulipas, un estado convertido en la capital del “rey del huachicol”, Sergio Carmona, y cuyo gobernador, Américo Villarreal, fue el delegado de Morena durante las elecciones de 2021 en Sinaloa, cuando el partido oficial pactó con Los Chapitos. Asesinatos al estilo de las mafias y extraños accidentes en los que pierden la vida algunos de los involucrados enrarecen estos hechos.
Lo que revela esta trama es que en la nueva clase gobernante hay una fracción que investiga al crimen organizado, pero otra que decidió arreglarse con ellos. No son todos, pero a todos salpica, por eso llamar a Morena narco-partido empieza a ser algo más que un mote.
En los años ochenta, la DFS se había puesto al servicio del Cártel de Guadalajara; cuarenta años después la colusión involucra a otros instancias de gobierno, lo mismo municipal que estatal y federal, constituyendo un riesgo, quizás el mayor, a nuestra seguridad nacional. Una de las formas más execrables de la delincuencia: la complicidad de la autoridad, ¿hasta dónde llega?
Presidente de Grupo Consultor interdisciplinario @alfonsozarate
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