La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito publicó recientemente el Informe Mundial sobre las Drogas 2026, en el que desafortunadamente confirma la hipótesis que ha sostenido el presidente Donald Trump en diversas declaraciones: los cárteles de México se han consolidado como los principales traficantes de droga hacia los Estados Unidos de América.
En el citado informe se afirma lo siguiente: “En Norteamérica, el mercado de metanfetaminas se ha estabilizado en niveles altos, mientras que sigue siendo abastecido principalmente por grupos criminales organizados con base en México, según las autoridades de Estados Unidos. La metanfetamina sigue contribuyendo de manera significativa a los daños relacionados con las drogas y aparece de manera desproporcionada entre los tipos de drogas asociados con los trastornos por consumo de drogas… El potencial de daño se extiende a otras regiones donde el mercado aún se está desarrollando, incluidos los países de tránsito y producción, como ya se ha experimentado en países como México, donde la provisión de tratamiento para los trastornos por consumo de metanfetamina aumentó 25 veces durante el periodo 2015-2023, reflejando un daño creciente a nivel nacional”.
El grave problema de salud pública de ambos países (México-EUA) está vinculado a la constante lucha por el poder. Desde hace muchos años, se mantiene la tensión entre quienes electoralmente apoyan el prohibicionismo de las drogas y los grupos que abogan por la legalización y el control terapéutico de las adicciones. Marcos Kaplan, en su libro El Estado Latinoamericano y el Narcotráfico, explica que “desde principios del siglo XX, gobierno y sociedad de los Estados Unidos inicia la estrategia y la política de represión prioritaria como respuesta al consumo y al tráfico de droga, ella presupone y proyecta los estereotipos del adicto como personalidad perversa intrínsecamente corrupta y corruptora, de la adicción como tentación irresistible y síndrome de acostumbramiento instantáneo y como foco de contaminación generalizada, a estos fenómenos se busca responder con la condena, la represión y el castigo, más que por la prevención y la rehabilitación. Aplicada desde 1914, esta estrategia y política signará una fase de continuo incremento de la fascinación por la droga y de la masificación del adicto del consumo y de la demanda”. Esta obra, que se publicó desde 1991, adelantó lo que se reafirma en Informe Mundial sobre las Drogas 2026: hay cada vez más tipos de drogas ilícitas y mayor consumo.
El problema es que no ha cambiado el guion en la política norteamericana. En uno de sus discursos, el presidente Trump señaló: “Ya no permitimos que los cárteles y las bandas que han envenenado a millones de estadounidenses actúen libremente en nuestra región ni introduzcan de contrabando en nuestro país drogas, armas o mujeres y niños víctimas de la trata”. Asimismo, en su estrategia antiterrorista anunciada este año se estableció la eliminación de los cárteles como prioridad.
Para rematar políticamente a nuestro país, en este diario se informó esta semana que el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia acusó a Ucrania de cooperar con los principales cárteles de la droga en México al estar “facilitando deliberadamente el aumento del tránsito de droga desde Latinoamérica a Europa”. Sin duda, lo anterior complica el escenario internacional al identificar a México como un problema para la política prohibicionista del consumo de drogas no solo en la región de América del Norte, sino del mundo.
Académico de la UNAM
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