En el calamitoso panorama político y social que caracteriza a México desde hace ocho años, el gobierno de Morena se enfrenta a uno de sus mayores retos: la administración de Donald Trump. Lo que comenzó como una relación diplomática marcada por la prudencia y la estrategia, hoy se revela como un descalabro evidente: un gobierno que no solo carece de un plan A, sino que tampoco parece tener un plan B ni C para enfrentar las medidas impuestas por el presidente estadounidense y hacer frente a sus reiteradas acusaciones de vínculos de Morena con el crimen organizado.

Desde el inicio de su mandato, la presidenta Sheinbaum ha intentado navegar las aguas turbulentas de la política internacional con una estrategia de apaciguamiento. Creyó que la indiferencia y llamados al diálogo podrían ser suficientes para mitigar las amenazas emanadas de la Casa Blanca. Sin embargo, la realidad ha demostrado que este enfoque ha fracasado estrepitosamente. Las medidas adoptadas por el gobierno de Trump, que van desde la imposición de aranceles hasta la acusación directa de nexos criminales de Morena, no solo continúan, sino que se intensifican.

La falta de una respuesta firme y coherente por parte del gobierno mexicano nos ha llevado a una situación alarmante. En vez de defender los intereses nacionales, la administración de Morena parece conformarse con recibir concesiones mínimas a cambio de grandes sacrificios por parte de la sociedad mexicana. Una de las decisiones más críticas ha sido el despliegue de miles de tropas en la frontera sur para controlar la migración, una medida que desvía recursos y atención del verdadero problema: el combate a la violencia y al crimen organizado que azota al país.

Este enfoque reactivo y la falta de una estrategia clara han dejado a México en una posición vulnerable. La percepción de que el país no tiene un gobierno capaz de enfrentar los desafíos internacionales se ha arraigado en la opinión pública. En lugar de un liderazgo que inspire confianza y seguridad, lo que se observa es una bola de vividores que parecen más preocupados por mantener sus privilegios y posiciones que por el bienestar de la nación.

El dilema se intensifica cuando la ciudadanía se da cuenta de que la administración de Sheinbaum está más enfocada en la simulación y propaganda interna de popularidad que en la acción concreta. Las promesas de una nueva forma de gobernar se han desvanecido ante la cruda realidad de la falta de planificación y ejecución. No se trata solo de un problema de política exterior, pues la falta de un plan robusto también afecta la economía, seguridad y tejido social del país.

Es hora de que el gobierno de Morena reconozca que las amenazas de Trump no son meras palabras vacías, sino acciones concretas que requieren respuestas efectivas. La nación no puede permitirse un liderazgo que se aferre a la inacción. La falta de visión y estrategia no solo pone en riesgo la estabilidad de México, sino que también socava la confianza en las instituciones democráticas.

El país se encuentra en un momento crítico. La ausencia de un plan claro y efectivo para enfrentar las inminentes amenazas del gobierno estadounidense revela una falta alarmante de dirección y compromiso por parte de quienes ocupan los cargos de poder. La ciudadanía merece más que promesas vacías, merece un gobierno que actúe con determinación y que defienda con firmeza los intereses de la nación. Sin un cambio de rumbo, la situación solo puede empeorar, y la esperanza de un México fuerte y soberano se desvanecerá aún más.

Presidente Nacional del PRI

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