Vivimos una disputa hegemónica global, entre dos modelos de capitalismo: uno financiarizado y desregulado, con el dólar como moneda de reserva internacional (grupo en que aparecen estrechamente coaligados EU, GB e Israel más el resto del G7); y otro, estatalmente controlado y productivista (que sigue amalgamando a China con Rusia, Corea del Norte, Irán y los ahora llamados BRICS-plus), que impulsan intercambios directos entre monedas nacionales.
Hay un entorno global de acelerado cambio climático, al que hay que sumar al menos una guerra arancelaria de la potencia imperial, el recrudecimiento de la competencia monetario-financiera para sostener la hegemonía del dólar, guerras híbridas regionales, revolución tecnológica, reagrupamiento de bloques económicos y economías nacionales y crisis política del entorno institucional global y nacional de EU.
Estructuralmente, estamos y seguiremos al borde de situaciones extremadamente peligrosas y complejas: globales, regionales, nacionales. Hay un gran peligro de guerra mundial con armas nucleares y, en la coyuntura, nos movemos en el filo de la navaja por la grave crisis político-social dentro de EU.
Donald Trump asumió su segunda presidencia montado en una política de “ambigüedad estratégica” (que le permite hacer de todo y amenazar a todos con aranceles y acciones militares, sin que se puedan predecir con certeza sus alcances), y ha explicitado que se inspira en la doble fórmula “paz a través de la fuerza” más el regreso a la Doctrina Monroe “América para los americanos”. (National Security Strategy of the United States of America, nov. 2025, USA).
Cuenta con un presupuesto militar de 900 mmd para 2026. Pero tiene problemas con el financiamiento de su déficit fiscal, lo que limita su acción en otro esfuerzo de guerra prolongada, aunque sí puede impulsar acciones violentas, espectaculares, propias y de sus aliados, para moldear la situación política dentro y fuera de EU. Eso coloca periódicamente a México en condiciones que no puede remontar sin saldos muy negativos.
Trump afinó y está aplicando un sofisticado mecanismo de largo plazo contra lo que llama “marxismo cultural”, en el que incluye: la “izquierda radical”, la teoría crítica de las razas, el ambientalismo, la justicia social, las preferencias de género, las acciones contra el cambio climático, las fronteras abiertas y la migración, la salud pública universal, la educación pública con libertad de cátedra y de investigación, las energías verdes y la gobernanza internacional.
Pese a todo, las resistencias internacionales y domésticas son tremendas en algunos aspectos: la promoción de una comisión de paz que sustituya las mediaciones de la ONU en la Franja de Gaza no cuenta con legitimidad y dentro de EU no sólo se han multiplicado las protestas masivas contra el accionar violento y peligroso del ICE, sino que la Suprema Corte dictaminó ilegales los aranceles.
Para México, el ataque a los migrantes, el combate violento al narco, el asedio sobre Venezuela, Cuba y Colombia, son un paquete de asalto a sus nacionales y a sus aliados en asuntos internacionales y domésticos claves. Por eso el nacionalismo no basta: hay que configurar una resistencia antiimperialista de masas, un frente que combata con éxito estas nuevas versiones de fascismo corriente.
Estudioso de los Procesos de Integración en la Economía Internacional e integrante del Centro de Análisis de la Coyuntura Económica, Política y Social (CACEPS), caceps@gmail.com

