La identidad es una prisión.

Nadie se libra de ella.

Rico, pobre, éxito o fracaso.

Construimos la prisión, nos encerramos y luego tiramos la llave .

White Lotus, Temporada 3

En el budismo, la flor de loto simboliza el despertar de Buda. La mítica flor es un recordatorio de que todos los seres humanos tendríamos el mismo potencial para alcanzar la iluminación. De esta manera, el ser humano también puede desarrollar las virtudes de un Buda y superar el deseo y el apego para revelar su verdadera naturaleza.

La flor de loto blanca, la White Lotus, representa el corazón de Buda y la pureza de cuerpo, mente y espíritu. El loto crece en el lodo y emerge a la superficie del agua para florecer con belleza y pureza.

Era cuestión de tiempo para que el creador y escritor de esta serie, Mike White, se acercara a los simbolismos budistas que rodean a la mítica flor de loto.

Estrenada en 2021, White Lotus es en la superficie un whodunit que ocurre (y ocurrirá siempre) en alguno de los lujosos hoteles de la cadena (ficticia) White Lotus. Se trata de ese tipo de resorts all inclusive de vistas increíbles, albercas infinity, servicio de primera con buffet gourmet y bebidas al por mayor.

Se trata pues, de estos lugares en apariencia paradisíacos, pero que en el fondo son un reflejo de la decadencia misma de quienes los visitan: en su mayoría blancos, ricos, privilegiados, que acuden a estos lugares no solo a descansar, sino a codearse con otros de su clase y juntos ejercer la práctica que más les gusta: tratar a medio mundo como sus lacayos.

Cada temporada de White Lotus, inicia con el final: alguna escena que rompe con la calidad paradisiaca del hotel para mostrar -de una u otra forma- que alguien (visitante o parte del staff) está muerto. Así, la serie nos presenta a este grupo de ricos, en su mayoría detestables, haciendo día a día lo decadente de sus vidas, quedando en el espectador la tarea de resolver el misterio: ¿quién de estos impresentables morirá en el último episodio?

Si en las dos primeras temporadas Mike White centró sus baterías en mostrar lo decadente que son en el fondo estos resorts de lujo, donde se reproducen las peores prácticas de amo y esclavo entre los visitantes y los empleados, para esta tercera temporada cambia el enfoque a uno más existencialista.

Tailandia es el escenario de este tercer acto, y ello no es producto del azar. Los destinos orientales se han convertido en el cliché de los viajeros de occidente, quienes buscan el exotismo de aquellos lugares como escape de los ya choteados (y populares) destinos europeos como Francia, España e Inglaterra.

White aprovecha también para poner en perspectiva los destinos “wellness”, aquellos que no solo son para descansar sino que ofrecen todo tipo de experiencias y tratamientos enfocados a una idea casi mística de bienestar e incluso espiritualidad. Budismo de fast-food al alcance de las carteras más abultadas del planeta.

Los personajes que nutrirán nuestro morbo (nos encanta ver a los ricos sucumbir en sus propia podredumbre moral) son, en primera instancia, los Ratliff, interpretados por el empresario y padre de familia (Jason Issacs), la mamá siempre empastillada y deliciosamente arrogante (Parker Posey) y tres hijos: el petulante y de físico envidiable Saxxon (impresionante Patrick Schwarzenegger), la en apariencia profunda y apacible Piper (Catherine Hook), y finalmente el ñango y apacible Lochlan (Sam Nivola).

La familia no podría ser más disfuncional. Saxxon es el típico patán de gimnasio que solo piensa en sexo y que cree que ninguna mujer se le resistiría dado su trabajado cuerpo. Piper es el pretexto por el que la familia está en tailandia: está acabando su tesis sobre budismo y necesita entrevistar a un famoso monje. Lochlan es el menor de los hermanos, aún no contaminado por ninguno de ellos. La mamá es la típica señora snob y el papá es un empresario que justamente al llegar se acaba de enterar que su empresa está siendo investigada por fraude. Toda la vacación el pobre hombre estará muerto de miedo y sin saber qué hacer ante la posibilidad de perderlo todo.

Por otro lado, tenemos al muy interesante grupo de tres amigas (Michelle Monaghan, Leslie Bib y Carrie Con) donde una de ellas (Monaghan) es actriz y es quien ha invitado a las otras dos al viaje. Aquí los conflictos son varios: desde el no aceptar la inminente vejez (y sus implicaciones en cuanto a la belleza física se refiere), hasta la complicada posición de vivir a la sombra de su amiga famosa y mucho más rica que las otras dos.

Otro grupo interesante es una pareja dispareja, donde él (Walton Goggins) claramente le lleva muchos años a ella (Aimee Lou Wood), pero ello no impide la devoción que le tiene a su anciano novio, con quien aceptó ir a Tailandia sin saber que los motivos del hombre son muy oscuros.

Por parte del staff solo importan tres personajes: el tímido guardia de seguridad (Tayme Thapthimthong), su imposible interés amoroso (lo tienen super en la friend zone y él ni en cuenta), la guapa (y tengo entendido famosísima) Lalisa Manobal, y Natasha Rothwell, en su papel de Belinda, la masajista que ahora llega al White Lotus de Tailandia para aprender nuevas técnicas. Ella no es la única del cast anterior que regresa, ahí anda (Jon Gries), quien ahora con otro nombre parece que está huyendo de su pasado.

En general todos están huyendo o eventualmente lo harán: el papá no sabe cómo decirle a sus hijos que lo ha perdido todo y que probablemente termine en la cárcel. La posibilidad de quitarse la vida, e incluso llevarse de corbata a alguien más, parece cada vez más cercana.

El personaje de Walton Goggins está huyendo pero hacia su pasado: llega a Tailandia para buscar al asesino de su padre, un trauma que por muchos años no lo ha dejado vivir en paz. Greg ha logrado escapar de su pasado, pero ello peligra con la presencia de Belinda.

Piper ha engañado a su familia: no está en Tailandia para entrevistar a nadie, ella quiere huir a ese sitio, volverse monje, estarse al menos un año meditando. “Muchos jóvenes de su país vienen aquí buscando refugio”, le dice un monje al papá de Piper, quien le revira una pregunta clave pero ominosa: “¿Qué se siente al morir?”

En cuanto actuaciones, esta tercera temporada de White Lotus, no queda a deber: todos están fantásticos, principalmente Parker Posey, Jason Isaacs, Carrie Coon, Walton Goggins, Aimee Loi Good y Patrick Schwarzenegger.

Muchas de las críticas (y al inicio de la serie yo me uní a ellas) apuntaban que la serie iba demasiado lento. Esto es verdad, pero justo al borde del final de la serie me queda claro que Mike White no quería entregar la misma serie una tercera vez, intenta algo diferente que de hecho va ligado al budismo: el proceso en efecto va más lento, y las circunstancias están dadas desde los primeros dos episodios, pero lo interesante no será lo que les pasa a los personajes, sino cómo lo van a resolver.

Y ahí está la trampa que el guionista tiende a sus personajes: a pesar de que todos en algún momento se enfrentarán a sus problemas y cuestionarán su propia existencia, esto es White Lotus, aquí los ricos lo único que tienen en abundancia es dinero, por lo que no creo que todos puedan salvarse del castigo de tener un alma atormentada.

Algunos cambiarán, se transformarán (apuesto que Saxon saldrá liberado del lugar, y en una de esas el papá acepta ir a la cárcel), pero la mayoría afrontará las consecuencias de sus acciones con la tersura que les otorga tener tantísimo dinero.

No es, claro, la mejor edición de White Lotus, pero si es una donde el guionista y creador cambia el juego, dejando a los espectadores la tarea de atar cabos y ver a sus personajes en otra dimensión: una donde el deseo y la angustia se conectan con enorme fatalismo.

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