Un importante estudio de Hollywood “enlata” una película de superhéroes que estaba ya casi terminada para así ahorrarse dinero de impuestos.
La protagonista de una cinta que fue un absoluto fracaso en taquilla, despotrica al respecto en redes. Medio planeta la “funa”.
Otro estudio da luz verde a una película de $350 millones de dólares, una cantidad que hoy día alcanzaría para hacer unas 40 cintas independientes. El filme fue un fracaso en crítica, pero por ser exhibida en una plataforma de streaming, no podemos saber si es también un fracaso de audiencia (todos suponen que sí).
En contraste, el director de una cinta nominada al Oscar a Mejor Película, declara que no ganó un solo peso por dirigir y promover dicho filme. No obstante las estatuillas ganadas, el hombre está en quiebra.
Todo lo anterior no es ficción, es apenas un catálogo del absurdo en que se ha convertido (o tal vez siempre lo ha sido) Hollywood. El dinero manda, los cines están al borde de desaparecer, las películas de superhéroes ya no funcionan, y lo último que importa en la industria es el cine y sus autores.
Ante esta absurda realidad, Evan Goldberg y Seth Rogen dirigen y escriben The Studio, una nueva serie de televisión (puede verse en Apple TV) que se burla con gran descaro -y mucho humor autorreferencial- de todo lo que sucede hoy día en Hollywood.
Rogen interpreta a Matt Remick, quien luego de hacerle ganar millones al estudio donde trabaja (Los Estudios Continental, que casi puedo apostar son una parodia de la Paramount) mediante una película de superhéroes, es apuntalado para convertirse en el nuevo jefe del estudio. Gran noticia para alguien como Remick, quien no obstante su currículum, es un auténtico cinéfilo cuya nueva posición le hace soñar con apoyar filmes importantes, cintas de autor, y todo ello que no precisamente se traduce en dinero en taquilla. “El cine es mi vida”
Pero la realidad no tarda en hacerse presente cuando el CEO del estudio (Brian Cranston) le hace una pregunta para antes de confirmarlo en el deseado puesto: “¿Es cierto que eres de esos que le gusta el cine pretencioso y que estás obsesionado con los actores y directores antes de estar obsesionado con hacer dinero?”
Remick no le queda de otra más que traicionarse a sí mismo, negar su gusto cinéfilo y rendirse ante la triste verdad: esto es un negocio.
The Studio es una comedia que señala una y otra vez no solo el absurdo cotidiano del Hollywood de hoy en día, sino la gran contradicción de esta industria: si te gusta el cine, si realmente te gusta el cine, el peor lugar en el que puedes estar es precisamente Hollywood. Ser ejecutivo de un gran estudio casi garantiza que no harás en tu vida una buena película, si tienes suerte harás una película millonaria.
Por supuesto, esta no es la primera vez que Hollywood se planta frente al espejo para verse y burlarse de sí mismos. Para no ir más lejos, el año pasado Sam Mendes estrenó la serie The Franchise (HBO), que pretendía burlarse de las franquicias de superhéroes en el cine. La cosa salió tan mal que la serie fue cancelada tras una sola temporada.
Rogen y Goldberg apuntan más alto. The Studio recuerda fuertemente al tono y a la pericia técnica de The Player (1992), cinta de Robert Altman donde Tim Robbins interpreta a un importante ejecutivo que empieza a recibir amenazas de algún guionista enojado al que no le aceptó el proyecto.
The Player presumía al inicio un lucidor plano secuencia de varios minutos. Rogen y Goldberg parece que le toman la palabra a Altman y repiten más de una vez la osadía. El primer episodio es básicamente una suma de varias tomas larguísimas filmadas sin cortes. En el segundo episodio, The Oner, Remick se apersona en el set de filmación de una cinta que está por rodar un complicado plano secuencia, algo que Remick siempre ha querido presenciar. Aunque sus intenciones son buenas, su presencia no ayuda en nada: “Yo amo las películas, pero ahora tengo miedo de que mi trabajo sea arruinarlas”. El chiste meta de todo esto es que este episodio se presenta como un plano secuencia de 25 minutos.
El músculo técnico no es todo lo que The Studio ofrece al público. El guión de Goldberg y Rogen es auténticamente mordaz e hilarante, donde la gran mayoría de las situaciones parecen anécdotas y no producto de la imaginación de los guionistas.
Pero lo que hace de The Studio una sátira tan efectiva es que casi todos los personajes de la misma son estrellas de Hollywood que se interpretan a sí mismo: Sarah Poley, Greta Lee, Charlize Theron, Paul Dano, Steve Buscemi, Nicholas Stoller, Ted Sarandos (el CEO de Netflix), Ron Howard…, la lista es interminable, y todos ellos aparecen (algunos con papeles extendidos, otros con cameos) sin temor a burlarse de sí mismos.
Rogen inicia la serie con la máxima de sus estrellas, un hilarante Martin Scorsese que se interpreta a sí mismo en una situación que él conoce bien y de la cual no tiene empacho en burlarse: aquel momento donde tiene que convencer al jefe del estudio para que le dé luz verde a su siguiente película.
Sagaz y en no pocas veces tan provocadora como divertida. The Studio es una crítica que apunta más al sistema que a la gente que lo opera. Rogen está consciente que hay algo mal en Hollywood: un lugar que le tiene aversión al riesgo y demasiado amor al dinero.