Nota: El siguiente texto revela una parte importante de la trama de la cinta. Si aún no la han visto, recomiendo no leer este texto.

“¿Podemos empezar de nuevo?”

El inicio de The Drama (E.U., 2026) -el cuarto largometraje del realizador noruego Kristoffer Borgli (notable segunda cinta, Enferma de Mí, 2022)- es una típica historia de boy meets girl: en un café de Boston, Charlie (Robert Pattinson) ve a lo lejos a Emma (Zendaya) quien lee algún libro. Tan temeroso como inepto, Charlie se acerca a hacerle plática, pero nada de lo que ha dicho lo escucha Emma, quien es sorda del oído derecho.

Al darse cuenta que Charlie le habla, Emma lo detiene en su torpe intento de ligue, le explica su situación y le propone: “¿Podemos empezar de nuevo?”

En una relación, ¿se puede empezar de nuevo?

Este es apenas el punto de partida en The Drama, una cinta que, tras la fachada de una comedia romántica, encuentra la forma de hablar de muchísimos temas, muchos de ellos bastante incómodos.

La historia rosa entre Emma y Charlie empieza a resquebrajarse una noche en la que prueban vinos junto con sus amigos (ya casados) Rachel (Alana Haim) y Mike (Mamoudou Athie). Entre copa y copa, Mike recuerda alguna vez que jugaron un juego que ya de entrada suena peligrosísimo: se trata de confesar qué es la peor cosa que has hecho en tu vida.

Reticentes, pero aún en la felicidad que da el vino, todos empiezan a confesar sus peores acciones en esta vida. Todas son historias divertidas, chistosas, incluso alguna inocente… hasta que es el turno de Emma.

En medio de la intoxicación y la felicidad colectiva que provoca el alcohol, la confesión de Emma es una auténtica bomba: cuando ella era adolescente planeó, con detalle, realizar un tiroteo masivo en su escuela.

Por supuesto esto nunca se llevó a cabo, y hoy día que es una adulta, no sería capaz siquiera de pensar algo así. Pero es demasiado tarde, aquello no es consuelo para su pareja, ni para sus amigos quienes están impactados. Pero quien pasa de la sorpresa a la furia es Rachel: su hermana fue víctima en un tiroteo, por lo que en una ráfaga de moralina e indignación condena de inmediato a Emma, aún cuando ella en realidad no cometió ninguna de las acciones que tenía planeadas en su adolescencia.

¿Se puede condenar a alguien por un delito que planeó pero nunca ejecutó?

Quién queda más aturdido con todo el asunto es Charlie, quien si bien nunca condena a Emma, si entra en un torbellino de emociones y ansiedad que lo perturban constantemente y, por supuesto, arruinan todo el ánimo rumbo a su boda que está a días de celebrarse.

A partir de este momento la cinta toma diversos caminos: desde las escenas francamente hilarantes donde Charlie ya no sabe qué creer, no sabe cómo actuar, no sabe si debería casarse (esa secuencia con la fotógrafa, el tema de la taza, las conversaciones con su compañera de trabajo), hasta el juego moral de cierta subtrama que involucra a la DJ de la boda quien -supuestamente- es sorprendida de reojo por Charlie y Emma quienes juran haberla visto fumando crack en la calle y por lo cual quieren despedirla.

Claro, porque drogarse en la calle es peor que planear un asesinato en masa.

Si la incomodidad fuera un género cinematográfico, el director Kristoffer Borgli sería uno de sus mayores exponentes.

Mediante una serie de flashbacks extendidos, explica las razones y los motivos de la Emma adolescente (interpretada por Jordyn Curet), pero aún cuando el cineasta muestra estas secuencias para provocar empatía, el público muy probablemente se divida en dos: quienes como Charlie le perdonen la vida a Emma por un crimen que al final no cometió, o quienes como Rachel (increíble Alana Haim en papel de bitch total) la condenan a la hoguera moral por algo que al final no hizo.

La mano de Borgli no se limita a dirigir y escribir, sino que también edita la cinta, y en ese terreno también lo aprovecha para contrariar aún más al público, usando flashbacks constantes de cosas que podrían o no suceder.

Todo en esta película está manufacturado para incomodar, para plantear dudas, para sembrar críticas: a la cultura de la cancelación, a la moralina woke, al culto por las armas, y en general a una Norteamérica que se debate entre la violencia y la hipocresía moral.

Zendaya, Alana Haim y Robert Pattinson están perfectos en sus papeles. Alana destaca por su papel de moralina indignada que resuelve con una furia que resulta graciosa. Zendaya en contraste es menos hilarante pero construye bien su papel de mujer conflictuada con su pasado. Pero quien brilla ante la encrucijada de su condición es Pattinson, quien se vuelve una nube de ansiedad, dudas, y temor ante la posibilidad de estarse casando con una asesina en potencia.

La duda final es clara: ¿sabemos quién es realmente nuestra pareja?, ¿sabemos con quien nos acostamos todas las noches y despertamos todos los días?

Brogli cierra este viaje de humor, horror e incomodidad con una nota que podría sonar esperanzadora: después de toda la secuencia de la boda (una nota altísima en la película), la pareja se reencuentra en un diner y Emma, de nueva cuenta, presiona el botón de reset.

La pregunta sigue en el aire: ¿Podemos empezar de nuevo?, ¿realmente es posible?

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